La Cetrería en la Edad Media: Tradición, Estatus y Técnica

La cetrería, el arte de cazar con aves rapaces entrenadas, fue una actividad intrínsecamente ligada al estilo de vida de la nobleza en la Edad Media. Más allá de ser una mera técnica de caza, la cetrería representaba un símbolo de estatus social, requería un profundo conocimiento del comportamiento aviar y un dominio de sofisticados métodos de entrenamiento.

El Papel de las Aves Rapaces en la Sociedad Medieval

En la compleja estructura social de la Edad Media, la elección del ave rapaz para la cetrería no era arbitraria; estaba directamente relacionada con el rango y el poder del cetrero. Un emperador poseía el privilegio de cazar con un águila, símbolo de su máxima autoridad. Los príncipes, por su parte, se asociaban con el majestuoso halcón peregrino, mientras que un caballero de menor rango utilizaba el halcón sacre. Aunque las interpretaciones modernas a veces sugieren rigurosas normas de género en la práctica de la cetrería, la realidad medieval era más flexible, con ejemplos documentados de cetreras activas en la época.

Durante las cacerías, los caballeros a menudo lucían camisas medievales de alta calidad que, además de su valor estético, servían como una ostentosa representación de su rango social. Las aves rapaces eran objeto de un comercio internacional considerable; algunas especies exóticas eran importadas de los Países Bajos, mientras que otras, como las más accesibles en el Reino Unido, eran más comunes. La cetrería se consolidó como una ocupación de gran prestigio, y ciertas aves se convirtieron en emblemas indiscutibles de las altas esferas de la sociedad.

Ilustración de un caballero medieval con un halcón en el puño, rodeado de escenas cortesanas.

Técnicas de Cetrería y Características de las Aves

Los halcones, en particular el halcón peregrino, eran célebres por su excepcional velocidad y agilidad. Estas aves poseían la asombrosa capacidad de cazar presas considerablemente más grandes que ellas. El halcón peregrino, famoso por sus vertiginosos picados verticales que pueden alcanzar velocidades de hasta 300 km/h, ha sido observado capturando presas que quintuplican su propio tamaño, como el pelícano pardo.

La cetrería ofrecía a los caballeros una vía para exhibir sus habilidades y destrezas, y las capacidades de sus aves eran un reflejo directo de su propio estatus y pericia. La práctica de la cetrería trascendía la mera obtención de presas; fomentaba un vínculo profundo entre el caballero y sus aves, basado en el respeto mutuo y la asociación.

Cetrería para la Caza Medieval

La selección de las aves rapaces para la cetrería medieval se basaba en una cuidadosa consideración del tipo de presa a cazar y las características del terreno. Para la caza en áreas boscosas, el azor resultaba ser la elección idónea, mientras que la caza en terrenos abiertos requería la destreza del halcón peregrino. Los caballeros, con un entendimiento sofisticado de las técnicas de cetrería y el comportamiento de las aves, elegían especies específicas para cada expedición de caza, demostrando su conocimiento y maestría.

Diagrama comparativo de aves rapaces utilizadas en cetrería (halcón peregrino, azor, águila) con sus presas y terrenos de caza.

Cría en Cautividad y Conservación

En la Edad Media, la totalidad de las aves rapaces utilizadas en cetrería eran capturadas en estado salvaje. Sin embargo, a partir de la década de 1970, la cría en cautividad se generalizó como un método crucial para la conservación de las poblaciones silvestres. Esta práctica no solo evitó el agotamiento de las poblaciones de aves silvestres, sino que también permitió un control reproductivo para mantener la diversidad genética de las especies.

Para asegurar que ciertas aves, como el Chaos, mantuvieran sus instintos y comportamientos salvajes a pesar de ser criadas en cautividad, se implementaron métodos de cría parcialmente a mano. Este enfoque garantizaba que las aves conservaran su esencia natural, preparándolas para una vida en libertad o para su uso en la cetrería.

Cuidado Diario de las Aves Rapaces

En la Edad Media, el cuidado diario de las aves rapaces era una tarea meticulosa. Se realizaba un pesaje diario para evaluar su condición física y determinar si estaban en óptimas condiciones para la caza. El estado del ave era de suma importancia; un esternón excesivamente afilado, comparable a un filo de navaja, era un claro indicativo de un ave en mala condición física. El alojamiento y cuidado de estas aves requerían un campamento medieval bien equipado, provisto de instalaciones especializadas.

Las aves en excelente estado físico recibían una alimentación adecuada. Por el contrario, aquellas con sobrepeso eran sometidas a raciones controladas para gestionar su peso. El mantenimiento de la condición óptima de las aves era una tarea costosa que exigía la dedicación de personal especializado, cuya labor era asegurar que las aves estuvieran en las mejores condiciones posibles para la caza.

Entrenamiento de Aves para la Caza

El entrenamiento de un ave rapaz joven para la caza era un proceso que comenzaba con la ganancia de confianza del ave y su adaptación a la proximidad humana. Este proceso, conocido como "amansamiento", se basaba en la construcción de una relación de confianza, alimentando al ave directamente de la mano hasta que se sintiera completamente segura. Durante esta fase, los cetreros utilizaban guantes de cetrero de cuero especiales para protegerse de las afiladas garras de las aves.

Si bien en la Edad Media se empleaban técnicas como el "Waking" (mantener despiertas a las aves para domesticarlas rápidamente), los métodos de entrenamiento modernos priorizan un enfoque más humano y gradual. Las aves responden de manera óptima a la paciencia y al refuerzo positivo, mientras que la impaciencia puede obstaculizar significativamente el progreso del entrenamiento. La voz y el tacto son herramientas esenciales en este proceso, permitiendo que las aves se acostumbren a la presencia y los sonidos humanos.

Progreso en el Entrenamiento

El entrenamiento avanzaba progresivamente, comenzando por atar al ave a una percha y aumentando gradualmente la distancia a la que el ave debía acudir al entrenador. Se utilizaba una cuerda de entrenamiento llamada "fiador" para guiar los movimientos del ave, incrementando la distancia diariamente. Una vez que el ave se sentía cómoda acercándose al entrenador desde una distancia considerable, el siguiente paso consistía en permitirle volar libremente, lo que representaba un hito crucial en su adiestramiento.

Infografía detallando las etapas del entrenamiento de un halcón, desde el amansamiento hasta el vuelo libre.

Comportamiento y Hábitos de Posarse

Las aves rapaces exhiben una notable calma y serenidad cuando están posadas, un comportamiento que refleja sus hábitos naturales en la vida salvaje. La caza con aves de presa adiestradas fue una modalidad venatoria que se difundió y desarrolló a lo largo del Mediterráneo durante la Edad Media. Se trataba de una actividad altamente especializada que requería el desarrollo de conocimientos técnicos precisos, tanto teóricos como prácticos, y de instrumentos específicos para su ejecución exitosa.

Determinar y comprender adecuadamente estos aspectos en la actualidad no es una tarea sencilla. El gran número de tratados medievales sobre la materia, que constituyen fuentes invaluables para la investigación, a menudo omiten detalles importantes, asumiendo que eran de conocimiento común. Esta omisión dificulta el estudio de los instrumentos de cetrería medievales, los objetos que cazadores y halconeros requerían para la captura, manejo, adiestramiento y cuidado de sus aves, así como para la propia caza.

Con frecuencia, los tratados de cetrería apenas mencionan estos instrumentos o proporcionan información escasa sobre ellos. Esto obliga a consultar diversas fuentes para reconstruir esta faceta de la cultura material medieval. A continuación, se presenta una descripción general de los instrumentos más importantes relacionados con la cetrería medieval, basándose en fuentes catalanas, lo que permite, además, ofrecer parte del vocabulario técnico de la caza con aves en esta lengua.

Instrumentos Clave en la Cetrería Medieval

Para organizar la exposición, los instrumentos se agrupan en varias categorías, aunque es importante señalar que esta clasificación es didáctica y no responde a una categorización propia de los cazadores medievales. Las fuentes consultadas abarcan un amplio periodo de tiempo y territorios diversos, por lo que la presentación es una construcción artificial. No se debe asumir que todos los cazadores de habla catalana empleaban todos los instrumentos ni los denominaban de la misma manera a lo largo de los siglos.

La caza con aves evolucionó con el tiempo, y los instrumentos no fueron una excepción. Se incorporaron gradualmente y sufrieron modificaciones para adaptarse a las necesidades de los cazadores. En un mismo momento y lugar, podía existir una diversidad de instrumentos, desde objetos de lujo elaborados con materiales preciosos para la realeza y la alta nobleza, hasta otros fabricados con materiales más corrientes para el uso cotidiano o para cazadores de menor rango.

Instrumentos que portaba el ave

Entre los instrumentos que se colocaban en el ave, el más conocido es el capell (capirote en castellano), una pequeña capucha de cuero que cubría la cabeza del ave, privándola de la visión. Esta capucha se ajustaba al pico del halcón. Los cazadores sabían que al privar al ave de la vista se lograba mantenerla tranquila, ya que la visión era el principal estímulo que provocaba temor y reacciones de huida. Las aves salvajes recién capturadas a menudo tenían los párpados cosidos durante la fase inicial de amansamiento.

Las fuentes sugieren que el capell, adoptado de los cazadores árabes, se difundió por Europa en el siglo XIII. A pesar de la introducción del capell, la práctica de coser los párpados continuó durante siglos, ya que el capell permitía privar de la visión al ave de manera rápida y controlada, incluso después de completado el adiestramiento.

Otro objeto fundamental era el par de pequeñas correas de cuero, los gits (pihuelas en castellano), que se ataban a los tarsos del ave y que esta portaba permanentemente. El cazador sujetaba estas correas mientras portaba el ave sobre el puño; al soltarlas, decidía cuándo liberarla. Si el ave intentaba volar, el cazador podía impedirlo sujetando los gits, haciendo que el ave volviera a posarse sobre el puño sin riesgo de lastimarse.

Cuando el ave no estaba sobre el puño del cazador, se ataba al posadero mediante los gits. Los tratados apenas detallan estas correas, insistiendo en que debían ser blandas para evitar enfermedades. Los gits tenían en su extremo unas pequeñas anillas de metal (anells en catalán) por las que se deslizaba la longa para atar las aves al posadero. Este sistema, descrito e ilustrado en la obra de Federico II, debió ser de uso habitual en la Corona de Aragón.

Entre los gits y la longa se colocaba una pieza metálica, el tornet (tornillo en castellano), que evitaba que las correas se enredaran cuando el ave giraba sobre su posadero. Las fuentes catalanas mencionan esmalts y escuts, diminutos colgantes metálicos con el escudo de armas del propietario, que se colocaban en el ave para su identificación en caso de pérdida. Posiblemente se ataban a los gits.

Los pequeños cascavells (cascabeles en castellano) se colocaban en las patas del ave para poder localizarla por el sonido cuando se perdía de vista. El sonido continuo de los cascavelles también alertaba al cetrero si el ave estaba inquieta o se debatía, lo que podía indicar piojos u otras dolencias.

El bragaletto, un tipo de arnés que se colocaba al gavilán, permitía que se mantuviera firmemente sobre el puño del cazador sin desequilibrarse. Se hipotetiza que este instrumento pudo ser adoptado de los cazadores persas y turcos.

Instrumentos del Cazador

El instrumento más importante que portaba el cazador era el guant (guante o lúa en castellano), utilizado para portar el ave sin que sus garras lastimaran la mano. Durante la fase de amansamiento, el cazador acariciaba al ave con un bastonet.

Para el adiestramiento, se utilizaba el picador o roedero, un miembro de animal con huesos, nervios y piel, pero con poca carne, que se ofrecía al halcón o azor hambriento. El ave pasaba tiempo "picando" o "royendo" sobre el puño del cazador para intentar arrancar pequeños trozos de carne.

En las primeras sesiones de vuelo, se ataba al ave una fina y larga cuerda, la tralla (fiador en castellano), que le permitía volar una distancia limitada pero impedía que huyera. El lloure (señuelo en castellano), un pequeño cojín de cuero con alas de ave cosidas, se utilizaba para llamar a los halcones. Se ataba un trozo de carne al lloure y se movía en el aire, haciendo que el halcón acudiera a atraparlo.

Para transportar carne y las presas capturadas, el cazador utilizaba una bolsa llamada carner. En el carner también se podían llevar aves vivas, como gallinas o palomas, para alimentar al ave rapaz o como recompensa por un buen comportamiento durante la caza.

Vida Medieval - La Cetrería

Orígenes y Evolución Histórica de la Cetrería

La cetrería es una actividad ancestral que se remonta a más de 4000 años, con orígenes probables en las vastas estepas de Asia Central. Tribus nómadas entrenaban halcones y águilas para cazar liebres y aves pequeñas, lo que era esencial para su supervivencia. Más allá de ser una herramienta de caza, representaba una profunda conexión con el entorno natural.

En civilizaciones como Mesopotamia y Persia, las aves rapaces no solo eran aliadas en la caza, sino también símbolos de poder y prestigio. La cetrería alcanzó su máxima expresión en la Europa medieval, convirtiéndose en un emblema de estatus entre reyes y nobles. El tratado "De arte venandi cum avibus", escrito por Federico II de Hohenstaufen, es un testimonio de esta época dorada, recopilando conocimientos técnicos y marcando el inicio de un enfoque científico hacia el estudio de las aves rapaces.

Con la llegada de las armas de fuego, la cetrería perdió protagonismo. Sin embargo, en el siglo XX, esta práctica encontró un nuevo propósito: la conservación. Lo que antes era una herramienta de caza se transformó en un método para proteger y preservar especies en peligro de extinción, como el halcón peregrino.

En 2010, la UNESCO reconoció la cetrería como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En el siglo XXI, la cetrería sigue viva y adaptándose a los desafíos actuales. Eventos internacionales y exhibiciones celebran esta tradición, educando sobre la importancia de las aves rapaces y su conservación. Además, la cetrería ha encontrado un nuevo propósito en el control biológico.

La cetrería es mucho más que una tradición; es un arte vivo que conecta a las personas con el mundo natural, inspirándonos a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza.

La Cetrería en la Península Ibérica

En la península ibérica, la cetrería tuvo un desarrollo significativo, especialmente a partir del siglo X, durante el periodo andalusí. Se consolidó como un recurso habitual en el imaginario regio para la decoración de producciones suntuarias y construcciones monumentales. La representación de la cetrería continuó en los reinos cristianos, manteniendo el sentido de señorío y poder, aunque en algunos casos, como en San Baudelio de Berlanga, pudo tener implicaciones religiosas, interpretándose metafóricamente como un cazador de almas.

Durante el periodo plenomedieval, se evidencia el contacto con las cortes musulmanas, tanto a nivel plástico como técnico. La práctica de la cetrería evolucionó, perdiendo gradualmente su connotación de autoridad regia para enfatizar la exclusividad y la condición social.

Textos de Cetrería Medievales

La historia de los textos de cetrería es extensa. Comenzó en el siglo IX con el Anónimo de Vercelli. Le siguieron obras de Dancus Rex, Guillelmus falconarius y Gerardus falconarius, centradas en el cuidado de aves enfermas. El De arte venandi cum avibus del emperador Federico II es una obra cumbre, que incluye un tratado de ornitología, entrenamiento y caza, y que fue una traducción de un tratado árabe de Moamín.

En la península ibérica, además de textos latinos y árabes, destaca el Libro de la caza escrito por Don Juan Manuel hacia 1325, que se creía original pero que se ha demostrado que se basa en la obra de Federico II. El Libro de la caza de las aves de Pedro López de Ayala, con más de 30 manuscritos, se convirtió en la obra básica de la cetrería hispánica, influyendo incluso en tratados posteriores como El arte de la cetrería de Félix Rodríguez de la Fuente.

tags: #ceteria #donde #se #guardaban #las #aves