El asma y la obesidad son dos trastornos crónicos de gran impacto en la salud pública, cuya prevalencia ha aumentado significativamente en los últimos años. Numerosos estudios han establecido una relación entre ambas condiciones, sugiriendo que la obesidad puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de asma y que la pérdida de peso podría mejorar su evolución.
Prevalencia y Asociación Epidemiológica
Se calcula que un porcentaje considerable de la población adulta mundial padece obesidad o sobrepeso, mientras que el asma, aunque afecta a una proporción menor, también ha visto un aumento en su prevalencia. Diversos estudios epidemiológicos, incluyendo meta-análisis, han demostrado una asociación positiva entre el índice de masa corporal (IMC) y el posterior desarrollo de asma. En adultos, el sobrepeso y la obesidad se han asociado con un aumento en el riesgo de diagnóstico de asma de novo. Sin embargo, esta relación no es tan concluyente cuando se estudia la asociación entre hiperreactividad bronquial y el IMC.
Los estudios realizados en la población pediátrica muestran una mayor heterogeneidad en la fuerza y dirección de la relación asma-obesidad. Se ha observado que un alto peso al nacer y un IMC elevado durante la niñez se asocian con un mayor riesgo de desarrollar asma en el futuro.

Factores que Explican la Asociación
Existen varios factores que podrían explicar la conexión entre obesidad y asma:
1. Alteraciones en la Fisiología Pulmonar
La obesidad puede afectar negativamente la función pulmonar. Se ha observado que reduce la compliance pulmonar, los volúmenes pulmonares y el diámetro de las vías respiratorias periféricas. Además, puede alterar los volúmenes sanguíneos pulmonares y la relación ventilación-perfusión. Estas alteraciones mecánicas pueden contribuir a una respiración superficial y a una reducción de los volúmenes pulmonares, lo que potencialmente podría aumentar la obstrucción y la hiperreactividad bronquial.
No obstante, algunos estudios recientes no apoyan completamente esta hipótesis, indicando que la obesidad podría no alterar directamente la hiperreactividad bronquial en todos los casos, aunque sí puede influir en la percepción de la disnea y en la hiperinsuflación dinámica durante el broncoespasmo.
2. Inflamación Sistémica Crónica
El tejido adiposo en sujetos obesos aumenta su funcionamiento, lo que conduce a un estado proinflamatorio sistémico. Esto se manifiesta en un aumento de las concentraciones séricas de diversas citoquinas, sus receptores solubles y quimiocinas. Muchas de estas moléculas, conocidas como adipocinas (incluyendo IL-6, IL-10, eotaxina, TNF-α, TGF-β1, PCR, leptina y adiponectina), son sintetizadas y secretadas por las células del tejido adiposo.
Se ha demostrado que el TNF-α, elevado en el asma, se relaciona con la grasa corporal y puede contribuir a la producción de citoquinas tipo Th2 en el epitelio bronquial. Los niveles séricos de IL-6 también se encuentran elevados en sujetos obesos y se han asociado con la gravedad del asma. La eotaxina, una quimiocina implicada en la inflamación de las vías respiratorias, también se ha observado aumentada de forma sistémica en individuos obesos, sugiriendo un papel de los adipocitos en su síntesis.

3. Factores Genéticos
Se han identificado regiones específicas del genoma humano que están relacionadas tanto con el asma como con la obesidad, lo que sugiere una predisposición genética compartida.
Impacto de la Obesidad en el Asma
La obesidad no solo se considera un factor de riesgo para el desarrollo de asma, sino que también puede influir en su gravedad. Los asmáticos obesos a menudo presentan más síntomas continuos, mayor absentismo laboral y escolar, un mayor uso de medicamentos de rescate y son diagnosticados con más frecuencia de asma persistente grave.
Tratamiento y Manejo
El manejo de los pacientes asmáticos obesos debe incluir un programa de control de peso. La pérdida de peso ha demostrado mejorar los síntomas del asma, la función pulmonar y reducir la necesidad de medicamentos antiasmáticos y las visitas a urgencias.
La obesidad puede afectar directamente el fenotipo del asma a través de varios mecanismos:
- Efectos mecánicos: Alteraciones en la mecánica respiratoria debido al exceso de peso.
- Reflujo gastroesofágico: Mayor incidencia en personas obesas, lo que puede exacerbar los síntomas del asma.
- Producción de citoquinas proinflamatorias: Liberadas por el tejido adiposo.
- Activación de genes comunes: Predisposición genética compartida.
- Aumento en la producción de estrógenos: Puede influir en la inflamación de las vías respiratorias.
Importancia del plan de acción contra el asma | Boston Children's Hospital
Función Pulmonar y Obesidad
La obesidad puede llevar a alteraciones en la función pulmonar, como una disminución de la distensibilidad pulmonar y de los volúmenes pulmonares, especialmente el volumen de reserva espiratorio. Esto puede resultar en una respiración superficial y un aumento del trabajo respiratorio, lo cual puede ser interpretado erróneamente como síntomas de asma. Las pruebas de función pulmonar, como la espirometría, son cruciales para evaluar la obstrucción y la reversibilidad de la vía aérea, y para diferenciar entre patrones obstructivos, restrictivos o mixtos, que pueden verse afectados por la obesidad.
Estudios han sugerido que un IMC fuera del rango normal (inferior a 18,5 kg/m² o superior a 25 kg/m²) se correlaciona con un mayor riesgo de declive de la función pulmonar. Por ello, las guías de práctica clínica actuales recomiendan incorporar hábitos nutricionales correctos y estrategias de estilo de vida que fomenten un peso saludable en el manejo de pacientes asmáticos.
Comorbilidades Asociadas
Tanto el asma como la obesidad pueden asociarse de forma independiente con otras comorbilidades, como la apnea del sueño, la enfermedad por reflujo gastroesofágico, dislipemias o diabetes tipo 2. Es importante considerar estas condiciones en la evaluación y el manejo integral de los pacientes.