La pregunta de si el queso engorda es una de las más comunes entre quienes buscan mantener un estilo de vida saludable. A menudo, existe la creencia generalizada de que todos los quesos son altos en calorías y grasas, lo que lleva a muchas personas a eliminarlos por completo de su dieta. Sin embargo, esta afirmación no es del todo precisa. Es fundamental comprender que no todos los quesos son iguales, y existen variedades que pueden disfrutarse sin remordimientos, formando parte de una dieta equilibrada. El queso de Burgos, en particular, se destaca como una opción saludable y versátil.
Desmontando mitos sobre el queso y la alimentación
Antes de adentrarnos en las propiedades específicas del queso de Burgos, es importante aclarar algunos mitos extendidos sobre el consumo de queso:
Mito 1: “Todo el queso engorda mucho”
No todos los quesos tienen un alto contenido calórico. Algunas variedades, como el queso cottage y el ricotta bajo en grasa, son opciones relativamente bajas en calorías y ricas en proteínas. Una de las mejores opciones en este sentido es el queso de Burgos. Este queso fresco tiene aproximadamente 200 calorías por cada 100 gramos, lo que lo hace ideal para quienes buscan mantener un balance calórico sin renunciar al placer de disfrutar un buen queso. Su sabor suave y su textura lo hacen muy versátil para combinar con frutas, ensaladas o simplemente disfrutarlo solo.
Mito 2: “El queso es malo porque tiene mucha grasa”
Es cierto que algunos quesos contienen grasas saturadas, pero no todas las grasas son malas. Las grasas del queso, además de aportar energía, facilitan la absorción de vitaminas liposolubles como la vitamina A y la vitamina D, esenciales para la salud de la piel, la vista y el sistema inmunológico. De hecho, un estudio reciente sugiere que consumir queso diariamente puede tener efectos positivos en la salud cerebral. La clave está en elegir variedades de queso que se adapten a tus necesidades y mantener un consumo moderado.

Mito 3: “El queso provoca colesterol alto y aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas”
Este mito ha estado presente durante mucho tiempo, pero investigaciones recientes muestran que no todos los productos lácteos tienen el mismo impacto en la salud cardiovascular. Los quesos fermentados, por ejemplo, parecen tener un efecto neutro o incluso beneficioso para la salud del corazón cuando se consumen en cantidades adecuadas. Para aquellos que buscan un queso saludable y fácilmente combinable en recetas, se recomienda la mozzarella fresca Bocconcini light. Este queso ligero y suave es perfecto para ensaladas, pastas y otros platos, proporcionando un toque fresco y delicioso sin aportar un exceso de calorías.
¿Qué es el queso fresco y cuáles son sus aportes?
El queso, lejos de ser un enemigo de la salud, puede formar parte de una dieta equilibrada si se eligen las variedades adecuadas y se consume con moderación. El queso fresco, que también conocemos como queso blanco, es uno de los tipos de queso más blandos que conocemos. No tiene proceso de maduración ni curado como otros, por lo que retiene gran parte del suero de su fabricación. Esta producción es muy sencilla y dura apenas unas 24 horas de forma habitual. El sabor inicial del queso fresco suele tener repuntes amargos, pues la pasteurización de la leche y la nata es necesaria para la alimentación de gérmenes patógenos.
Qué aporta el queso fresco a nuestro cuerpo
El queso en general tiene fama de hacerte engordar o no ser especialmente bueno cuando queremos perder peso, pero esto no ocurre con el queso fresco. De hecho, es uno de los tipos de queso que menos cantidad de grasa tiene, apenas un 7% de su peso (tanto si es de oveja como si es de cabra). A diferencia de otros tipos de queso, quizás más fuertes y curados, el queso blanco es ligero, apetecible y combina a la perfección con multitud de alimentos. Además, debemos tener en cuenta que tiene un alto aporte proteínico y contiene CLA (ácidos linoleicos conjugados), una familia de ácidos que promueven la quema de grasas.
También encontramos presentes en el queso fresco una importante cantidad de Vitaminas A, B y D; ayudándonos a mantener nuestro tejido muscular fuerte y en buen estado. Estas vitaminas, junto a la aportación de calcio, magnesio y fósforo, nos protegen de la aparición de enfermedades como la osteoporosis. Tenemos un par de datos más: por un lado, no podemos olvidar las propiedades probióticas del queso, que promueve el correcto funcionamiento de nuestro aparato digestivo. Por otro, destacar que casi el 80% de su composición es líquido, por lo que conseguiremos que nuestro cuerpo esté perfectamente hidratado.

El queso de Burgos: un aliado en la dieta
Como habrás podido comprobar, la idea de que el queso engorda no puede, por lo menos, aplicarse al queso fresco. Aporta energía y nutrientes sin un exceso calórico (solo 100 Kcal por cada 100 gramos), por lo que es un complemento ideal para dietas de todo tipo: desde deportistas hasta pérdida de peso, el queso fresco siempre funciona.
Para incluirlo en nuestras comidas diarias tenemos una enorme variedad de recetas que seguir y muchas formas de consumirlo. Su sabor único y con diferentes matices hace que combinarlo con otros alimentos sea tremendamente sencillo.
Como habrás podido comprobar, el queso fresco es un elemento indispensable en cualquier cocina. Recomendado prácticamente para cualquier persona, es un alimento que podremos consumir casi a diario. Si hablamos de alimentación saludable, algunos productos destacan por combinar valor nutricional y versatilidad en la cocina. Entre ellos, el queso fresco de Burgos ocupa un lugar especial. Este alimento tradicional que se ha popularizado hasta el punto de ser una parte esencial de la gastronomía española, se ha convertido en un aliado para quienes buscan perder peso o mantener una dieta equilibrada. Su bajo contenido en grasa y su riqueza en proteínas lo hacen imprescindible en cualquier plan de alimentación saludable.
Un queso ligero y nutritivo
El queso fresco de Burgos es un alimento de alto valor nutricional, ideal para quienes buscan cuidar su alimentación sin renunciar al placer de un buen queso.
¿Quiénes deberían evitarlo?
Aunque el queso fresco de Burgos es un alimento saludable, no es adecuado para todos:
- Personas con intolerancia a la lactosa: Este queso puede causar molestias digestivas en quienes no digieren bien este azúcar presente en los lácteos.
- Personas con alergia a la proteína de la leche: Quienes padecen esta alergia deben evitar cualquier tipo de queso, incluido el fresco de Burgos.
- Personas con dietas muy bajas en sodio: Algunos quesos frescos pueden contener niveles moderados de sal, por lo que quienes siguen dietas estrictas en sodio deben revisar la etiqueta antes de consumirlo.
Comparativa: Queso Cottage vs. Queso Fresco
El queso es uno de los productos lácteos más consumidos en todo el mundo. Este es un gran alimento por muchos motivos, entre los que están su aporte proteico y que es una gran fuente de calcio. Entre todas las variedades que existen, hay dos que se han popularizado este año: el queso cottage y el queso fresco. Estos dos ofrecen numerosos beneficios; sin embargo, mucha gente se pregunta cuál de los dos es mejor.
Beneficios del queso cottage
El queso cottage se ha consolidado como uno de los productos lácteos más populares por su alto contenido proteico y su bajo aporte calórico, características apreciadas entre personas que buscan cuidar su dieta. Este queso de textura grumosa se obtiene a partir de leche de vaca cuajada, presentando aproximadamente 12 gramos de proteínas por cada 100 gramos de producto. Este aporte resulta relevante para quienes practican actividad física intensa o buscan aumentar masa muscular, porque la caseína que contiene favorece una absorción lenta de las proteínas y prolonga la sensación de saciedad.
Contiene entre 1% y 4% de grasa, lo que equivale a unas 80 calorías por cada 100 gramos, muy por debajo de otros tipos de queso. Además, aporta calcio, potasio, fósforo, sodio y magnesio; este último mineral resulta esencial para la recuperación muscular, por lo que los deportistas suelen incluirlo en su alimentación. Aporta también omega 3 y 6, componentes que complementan la dieta diaria, así como vitaminas A y B12. También se considera una gran alternativa en etapas de definición y ganancia de masa muscular.
Beneficios del queso fresco
El queso fresco se caracteriza por su alto contenido en agua y consistencia blanda, ya que no pasa por un proceso de curado y conserva buena parte del suero de la leche. Esto se traduce en un producto con bajo porcentaje de grasa y un interesante perfil de micronutrientes. Por cada 100 gramos ofrece normalmente entre 120 y 200 calorías, muy bajo en carbohidratos (1 a 3 gramos) y un contenido notable de proteínas que puede llegar a 15 gramos. Entre los minerales destacables está el potasio, el cual regula el contenido de agua, apoya a los riñones y favorece el tránsito intestinal. Además, el aporte de calcio es esencial para el fortalecimiento de los huesos, mientras que el fósforo contribuye a funciones neuromusculares y la reparación celular.
También proporciona vitamina A, que fortalece el sistema inmunitario, y vitaminas B9 y B12, que promueven el buen funcionamiento del sistema nervioso. Por otra parte, es un probiótico natural.
¿Cuál de los dos es mejor?
Tanto el queso cottage como el queso fresco comparten beneficios asociados al aporte de proteínas, bajo contenido graso y riqueza en micronutrientes vitales. La elección entre ambos depende del perfil nutricional buscado y las preferencias personales. En aportación de proteínas, el queso fresco puede alcanzar hasta 15 gramos por cada 100 gramos, superando ligeramente al queso cottage. Sin embargo, depende de la variedad. Desde el punto de vista calórico, el queso cottage suele situarse en el entorno de las 80 calorías por 100 gramos, mientras que el queso fresco varía y puede duplicar esa cifra dependiendo del fabricante y el método de elaboración. Ambas opciones se distinguen por su bajo nivel de grasa saturada en comparación con quesos curados. Respecto a los beneficios generales, los dos productos aportan minerales esenciales y vitaminas propias de los lácteos no madurados, pero el queso fresco suma el valor de los probióticos para la salud digestiva.

¿El queso engorda? La clave está en la moderación y la elección
Siempre se ha dicho según el refranero popular que lo que no mata, engorda, por eso no es de extrañar que hayamos oído hasta la saciedad eso de que el queso engorda. Como sabemos, el queso es un alimento rico tanto en grasas como en proteínas. Que va desde un queso fresco, pasando por un semicurado hasta un curado. En cuanto a los tipos de queso que más grasas tienen, moderar su consumo, además de hacerlo en pequeñas dosis, nos permitirá darnos un caprichito de vez en cuando sin arrepentimientos. No todo en el queso son grasas y calorías. Cada vez que comemos queso estamos dándole a nuestro organismo este mineral tan importante para el cuerpo humano. Cuando somos pequeños, es fundamental para el correcto desarrollo y formación de los dientes y huesos en la etapa de crecimiento. Es una vitamina del grupo B que ayuda en la formación de las células y que previene la anemia, entre otras propiedades.
¿Cuál es el queso con menos grasa?
Muchos de nuestros clientes nos dicen con resignación cada día que les encanta el queso curado pero prefieren comprar uno un poco más tierno porque creen que engorda menos, pero…¿Es esto cierto?, ¿el queso engorda?
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que lo que nos engorda no son los productos que consumimos, si no el exceso de calorías que al final del día hayamos consumido. Es decir, si lo que buscamos es adelgazar debemos terminar todos los días con un déficit calórico (consumir menos calorías de las que gastamos). Dicho esto y volviendo a los quesos vamos a suponer que tenemos dos quesos, uno fresco (tipo de Burgos) y otro muy curado. Los quesos curados llevan mayor cantidad de leche en su elaboración y por lo tanto más grasas y proteínas. A mayor cantidad de leche lógicamente también mayor número de calorías. Pongamos un ejemplo: Para conseguir un kilo de queso curado (debido al merma que experimenta con el tiempo) se necesitan aproximadamente 5 litros de oveja y para conseguir un kilo de queso fresco tan solo 2 litros (ya que no le da tiempo a mermar y presenta mayor suero en su composición).
Viéndolo de esta forma se puede decir que en un mismo trozo de ambos quesos. El más calórico sería el curado, pero…a nosotros se nos plantea otra duda ¿Se consume mayor cantidad de queso cuando éste es tierno? Es decir quizás un queso curado nos sacie más y acabemos tomando menos trozo que de un queso tierno y por consiguiente quizás menos calorías. Así es que… no hay queso que engorde más o menos, debemos tener en cuenta también las porciones. Además debemos recordar que la grasa de los productos lácteos no nos debe asustar. Es grasa natural y de buena calidad.
Preguntas frecuentes sobre el queso y la pérdida de peso
Pregunta: Estoy siguiendo una dieta de adelgazamiento, pero no quiero prescindir del queso. ¿Cuál es el que más engorda? ¿Debo evitarlo para conseguir mi objetivo? ¿O puedo comer un poquito?
Respuesta: Si bien es cierto que es un alimento que no ayuda mucho a una pérdida de peso saludable, esto se debe a que es poco saciante para la cantidad de energía que aporta. En el fondo se trata de un producto muy concentrado, en proteína y minerales, pero también en grasa, lo cual aumenta su aporte calórico sin que se perciba fácilmente. Por supuesto, puedes tomarlo en pequeñas cantidades, pero siempre teniendo en cuenta que esté presente en una ingesta más ligera y a poder ser rodeado de verduras que puedan ser saciantes. Por ejemplo, tiene mucho más sentido que añadas unos taquitos de queso a una ensalada, en lugar de tomarte de picoteo una tostada con queso entre horas que puede dejarte una sensación de hambre bastante intensa. Si hablamos de tipos de quesos habrá que considerar que cuanto más curado esté, más concentración de energía tendrá. Por el contrario, los quesos frescos tienen una mayor proporción de agua y por lo tanto menos concentración de nutrientes y también de energía. Puedes seleccionar el tipo que más te convenga teniendo esto en cuenta. Te recomendaría que no te obsesiones por un único alimento.
El queso de Burgos en la cocina: mil maneras de disfrutarlo
Gracias a su suavidad y equilibrio de sabor, el queso fresco de Burgos es un ingrediente muy socorrido en la cocina. Se puede disfrutar en su forma más sencilla, acompañado de miel y nueces, o integrado en recetas más elaboradas. Es una opción perfecta para preparar ensaladas frescas con tomate y orégano, o para combinar con espinacas y frutos secos en un plato nutritivo.
¿Cómo conservar el queso fresco de Burgos para mantener su sabor y textura?
El queso fresco de Burgos es un producto delicado que requiere ciertos cuidados para mantener su frescura, sabor y propiedades nutricionales. A diferencia de los quesos curados, tiene un alto contenido de agua y no pasa por un proceso de maduración, lo que lo hace más perecedero. Para disfrutarlo en las mejores condiciones, es fundamental seguir algunas recomendaciones de conservación:
- Mantenerlo siempre en refrigeración. El queso fresco de Burgos debe conservarse en la nevera a una temperatura entre 2°C y 6°C. Lo ideal es guardarlo en el compartimento de los lácteos o en la zona menos fría del frigorífico, evitando cambios bruscos de temperatura que puedan alterar su textura.
- Conservarlo en su envase original o en un recipiente hermético. Si viene en un envase con suero, es recomendable mantenerlo dentro del líquido hasta su consumo, ya que esto ayuda a preservar su humedad y evitar que se reseque. En caso de haberlo abierto, conviene trasladarlo a un recipiente hermético para evitar la absorción de olores de otros alimentos y prevenir su deshidratación.
- Evitar la exposición al aire. El contacto prolongado con el aire puede hacer que el queso pierda frescura y se endurezca. Para evitarlo, se recomienda cubrirlo bien con film transparente o guardarlo en un recipiente con tapa después de cada uso.
- Consumirlo en pocos días. Al tratarse de un queso fresco sin conservantes artificiales, su vida útil es corta. Una vez abierto, lo ideal es consumirlo en un plazo de 3 a 5 días para evitar su deterioro. Siempre es recomendable revisar el olor y la textura antes de ingerirlo.
- No congelarlo. Aunque algunos quesos pueden congelarse sin perder calidad, el queso fresco de Burgos no es uno de ellos. Debido a su alto contenido en agua, la congelación altera su estructura, volviéndolo granuloso y con pérdida de sabor.