La obesidad es una condición médica compleja y una enfermedad crónica que se caracteriza por la acumulación excesiva de tejido adiposo en el cuerpo. Cuando la reserva natural de energía, almacenada en forma de grasa corporal, se incrementa hasta un punto que pone en riesgo la salud o la vida, se considera obesidad. Esta condición ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, siendo el quinto factor principal de riesgo de muerte humana.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el sobrepeso como un Índice de Masa Corporal (IMC) igual o superior a 25, y la obesidad como un IMC igual o superior a 30. En niños y adolescentes, estas definiciones se ajustan según la edad y el sexo, utilizando como referencia los patrones de crecimiento de la OMS.

Prevalencia de la Obesidad: Datos Globales y por Sexo
A nivel mundial, la prevalencia de la obesidad ha aumentado significativamente. En 2022, 2500 millones de adultos (18 años o más) tenían sobrepeso, de los cuales 890 millones eran obesos. Esto significa que el 43 % de los adultos tenían sobrepeso y el 16 % eran obesos. La prevalencia del sobrepeso se ha duplicado con creces entre 1990 y 2022.
En cuanto a la población infantil y adolescente, en 2022, más de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso, y 160 millones eran obesos. En menores de 5 años, se estima que 35 millones tenían sobrepeso en 2024.
Los datos recopilados, como los de la encuesta ENE-COVID en España, señalan que, en términos generales, la prevalencia del exceso de peso y la obesidad es mayor en hombres en la mayoría de los segmentos de edad. Sin embargo, existen matices importantes:
- Población adulta: En España, el estudio ENE-COVID de 2020 indicó que el 55,8% de la población mayor de 18 años presentaba exceso de peso, con un 18,7% de obesidad y un 37,1% de sobrepeso. La prevalencia de exceso de peso y obesidad fue mayor en hombres (+15,3% y +1,3% respectivamente). No obstante, la obesidad severa fue ligeramente más prevalente en mujeres (+0,8%).
- Población infantil y juvenil: Los resultados para este grupo en España mostraron una mayor prevalencia de exceso de peso (33,7% frente a 26%), obesidad (13,4% frente a 7,9%) y obesidad severa (2,9% frente a 1,2%) en niños en comparación con niñas.
Cómo la obesidad se convirtió en una epidemia en América Latina
Diferencias en la Composición Corporal y su Impacto en el IMC
Aunque el cálculo del Índice de Masa Corporal (IMC) se realiza de la misma manera para hombres y mujeres, su interpretación puede variar debido a diferencias inherentes en la composición corporal entre sexos.
- Mayor porcentaje de grasa en mujeres: Las mujeres tienden a tener un porcentaje de grasa corporal más alto que los hombres, incluso con el mismo IMC. Esto se debe a factores hormonales y a la distribución natural de la grasa en el cuerpo femenino, que cumple funciones reproductivas y de protección.
- Más masa muscular en hombres: Los hombres, por lo general, poseen mayor masa muscular y un menor porcentaje de grasa en comparación con las mujeres con un IMC similar. Esto puede explicar por qué algunos deportistas masculinos con alta musculatura pueden presentar un IMC elevado sin que esto signifique un exceso de grasa corporal.
El IMC, si bien es una herramienta útil para clasificar el estado nutricional y evaluar riesgos para la salud, no distingue entre masa muscular y grasa. Por lo tanto, en personas con alta musculatura o en aquellas donde la grasa se distribuye de manera particular, el IMC puede no reflejar con total precisión la cantidad de grasa corporal.
Factores Asociados a la Obesidad
La obesidad es una enfermedad multifactorial, resultado de una compleja interacción entre factores genéticos, fisiológicos, ambientales y conductuales. La hipótesis del gen ahorrador sugiere que ciertos grupos étnicos pueden ser más propensos a la obesidad debido a una mayor capacidad para almacenar energía eficientemente.
Los principales factores ambientales que influyen en la prevalencia de sobrepeso y obesidad incluyen:
- Limitación de la disponibilidad de alimentos saludables, sostenibles y asequibles.
- Escasez de espacios para la actividad física.
- Ausencia de entornos jurídicos y reglamentarios adecuados.
- Falta de una respuesta eficaz del sistema de salud para la detección temprana del aumento de peso.
- Estilos de vida cada vez más sedentarios, influenciados por el desarrollo socioeconómico, la globalización y los sistemas alimentarios industrializados.
Otros factores de riesgo identificados incluyen:
- Un menor nivel educativo.
- Un menor nivel de renta.
- Padecer una discapacidad.
- La presencia de personas con obesidad en el hogar.
- El consumo de alimentos ultraprocesados y ricos en calorías, junto con un bajo consumo de frutas y verduras.
- Factores socioeconómicos, como residir en municipios pequeños o en secciones censales con menores niveles de renta.

Consecuencias para la Salud y Estrategias de Prevención
El sobrepeso y la obesidad conllevan un aumento significativo del riesgo de desarrollar diversas enfermedades no transmisibles (ENT), como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, ciertos tipos de cáncer, trastornos neurológicos y respiratorios.
Las consecuencias económicas de la epidemia de obesidad son también considerables, estimándose costos globales billonarios en las próximas décadas si no se toman medidas efectivas.
La prevención y el manejo del sobrepeso y la obesidad son fundamentales y requieren un enfoque multifactorial:
- A nivel individual: Adoptar una alimentación balanceada y rica en nutrientes, practicar ejercicio físico regular (combinando actividad cardiovascular y de fuerza), mantener hábitos de sueño saludables, evitar el tabaco y el alcohol, y gestionar el estrés.
- A nivel de sistemas de salud: Los profesionales sanitarios deben evaluar el peso, brindar asesoramiento sobre estilos de vida saludables, y ofrecer tratamientos adecuados, incluyendo apoyo farmacológico y, en casos seleccionados, quirúrgico. Es crucial vigilar otros factores de riesgo de ENT y abordar las comorbilidades.
- A nivel social y político: Crear entornos y comunidades que promuevan la alimentación saludable y la actividad física, implementar políticas estructurales, fiscales y normativas que favorezcan opciones saludables, y regular la comercialización de alimentos poco saludables, especialmente hacia niños y adolescentes.
Es importante destacar que, si bien el IMC es una herramienta útil, no debe ser el único factor para evaluar la salud. La composición corporal, la distribución de la grasa y otros marcadores de salud deben ser considerados en una evaluación integral.