La evaluación de la gravedad de las quemaduras es fundamental para determinar el tratamiento adecuado y el pronóstico del paciente. Tradicionalmente, se han utilizado diversos métodos para cuantificar la extensión del daño, entre los cuales destaca la Regla del 9, ideada por Pulaski y Tennison en 1947 y publicada por Wallace en 1951. Esta herramienta permite calcular la extensión cutánea dañada, dividiendo el cuerpo en áreas que corresponden a un 9% o múltiplos de este porcentaje.
Sin embargo, la complejidad de las quemaduras y la necesidad de una evaluación más precisa, especialmente en poblaciones vulnerables como los niños, llevaron al desarrollo de modificaciones y otros índices. El Índice de Gravedad, establecido por el Dr. Garcés, es un ejemplo de un sistema de puntuación que considera varios factores para determinar el pronóstico de la gravedad en el niño. La Regla de los 9 en quemaduras se utiliza para valorar la cantidad de líquidos que puede necesitar la persona que haya sufrido estas lesiones cutáneas, permitiendo clasificar las quemaduras en menores, moderadas y graves según el porcentaje de extensión.

La Evolución de la Evaluación de Quemaduras: De la Regla del 9 al Índice de Baux
La Regla de los 9 de Wallace, si bien es una herramienta útil, presenta limitaciones, particularmente en la población pediátrica. La proporción de las diferentes partes del cuerpo varía significativamente con la edad en los niños. Por ejemplo, la cabeza de un recién nacido es proporcionalmente mucho más grande que la de un adulto, y su porcentaje disminuye progresivamente con el crecimiento. Para abordar esta discrepancia, Lund y Browder modificaron la regla de los nueve, basándose en las diferencias de los segmentos corporales del niño.
Este enfoque más detallado para la evaluación pediátrica es crucial, ya que las quemaduras son una fuente importante de morbimortalidad accidental en edad pediátrica, llegando a ser la tercera causa de muerte accidental en niños. La juventud que sobrepase los 14 años de edad tiene la misma división del porcentaje que los adultos, sin embargo, para las personas menores de esa edad, se establece la tabla de Land y Browder.
El documento menciona el cálculo del Índice de Baux, el cual se usa para determinar la gravedad de quemaduras en pacientes. Este índice se calcula multiplicando el porcentaje de superficie corporal quemada (SCQ) por un factor de profundidad, y sumando puntos de corrección por edad. A mayor porcentaje de área afectada y profundidad de la quemadura, mayor será el índice y, por lo tanto, la gravedad de la lesión.
El cálculo del Índice de Baux puede ser descrito como:
- Índice de Baux = % SCQ + Edad del paciente (en años)
Aunque la fórmula básica del Índice de Baux original es simplemente la suma del porcentaje de superficie corporal quemada y la edad del paciente, existen modificaciones que incorporan la profundidad de la quemadura. En el contexto de la evaluación, se distinguen varias etapas o períodos:
- Período Intermedio
- Período de Recuperación
- Etapa de transición
- Etapa útil
- Etapa complementaria

Factores Clave en la Evaluación de la Gravedad de las Quemaduras
La evaluación de la gravedad de una quemadura se basa en tres criterios principales:
- Extensión: El porcentaje de la superficie corporal total (SCT) afectada. En niños, la extensión varía significativamente de acuerdo a la edad. Mientras el tronco y los miembros superiores no sufren alteraciones significativas en su porcentaje a lo largo del crecimiento, la cabeza y las extremidades inferiores sí presentan cambios proporcionales.
- Profundidad: El grado de afectación de las capas y tejidos adyacentes de la piel. Las quemaduras se clasifican en diferentes grados según la profundidad del daño.
- Edad: Las edades extremas, infancia y vejez, empeoran el pronóstico del paciente. Los pacientes mayores de 60 años parecen tener peor pronóstico.
Además de estos criterios, otros factores influyen en el pronóstico y manejo del paciente quemado:
- Daño en vías aéreas
- Situación sociocultural
- Localización de la quemadura (por ejemplo, áreas como la cara, zona genitoperineal y manos suelen ser de mayor preocupación).
Las quemaduras graves superan un determinado porcentaje del cuerpo, dependiendo de su grado:
- Quemaduras graves: Más del 25% del cuerpo (en quemaduras de segundo grado) o más del 10% (en quemaduras de tercer grado).
- Quemaduras moderadas: Se enmarcan aquellas lesiones que se extiendan entre un 15 y 25% del cuerpo (en el caso de ser una quemadura de segundo grado), y entre un 2 y 10% en el caso de tercer grado.
La piel, además de su función protectora, desempeña roles vitales como la excreción, reservorio y función sensitiva. El daño en este órgano tan importante y las capas adyacentes tiene consecuencias significativas.
Manejo y Pronóstico de Quemaduras Graves
La supervivencia de grandes quemados ha mejorado progresivamente gracias a los avances en la comprensión de la fisiopatología de la quemadura y tratamientos más agresivos. Para ello, se requiere un tratamiento hospitalario efectivo que incluya:
- Transporte adecuado del paciente.
- Reanimación inicial.
- Sostén de funciones vitales.
- Reparación especializada de la cubierta cutánea.
- Un equipo profesional de calidad.
El manejo inicial de un paciente quemado a menudo sigue el protocolo ABC:
- Ventilar (B): Verificar que el paciente se encuentre respirando adecuadamente y, si es necesario, auxiliar con una mascarilla.
- Fluidoterapia (F): La reposición de líquidos es crucial. Tras el evento, ocurren modificaciones en la permeabilidad capilar que provocan una pérdida indeseable y abundante de líquidos, llevando a un estado de hipovolemia.
La clasificación de la gravedad de las quemaduras puede llevar a diferentes niveles de atención médica:
- Quemaduras menores: Requieren atención médica ambulatoria.
- Quemaduras moderadas: Pueden requerir hospitalización.
- Quemaduras graves: Implican riesgo vital y requieren hospitalización en unidades especializadas de quemados.
Estas clasificaciones influyen directamente en las decisiones clínicas, como la necesidad de:
- Hospitalización.
- Considerar riesgo vital.
- Ingreso en unidad de quemados.
Quemaduras: Clasificación y Tratamiento
El objetivo en los niños es no solo la curación física, sino también facilitar su reinserción social para que puedan continuar con su crecimiento, desarrollo y las actividades interrumpidas por la quemadura. Las secuelas funcionales, aunque no sean de compromiso vital, pueden ser de suma gravedad y alejar al paciente de una vida normal.
La evaluación de la extensión de la superficie corporal quemada (SCQ) se detalla en tablas y protocolos, considerando áreas específicas y el porcentaje que representan. El cálculo preciso de la SCQ es fundamental para guiar la fluidoterapia y otras intervenciones terapéuticas. La supervivencia de grandes quemados ha mejorado progresivamente, gracias a los avances en la comprensión de la fisiopatología de la quemadura y el tratamiento más agresivo de esta.
tags: #indice #baux #modificado #superficie #por #profundidad