El hambre mundial alcanzó un nivel preocupante en 2020, afectando a una tercera parte de la población mundial, es decir, 2.3 mil millones de personas que no tuvieron acceso a una nutrición adecuada. Los conflictos, la pandemia del COVID-19 y el cambio climático agravaron la escasez de alimentos, dejando a entre 720 y 811 millones de personas sin suficiente comida el año pasado. Las proyecciones indican que, de mantenerse esta tendencia, 660 millones de personas podrían seguir padeciendo desnutrición en 2030.
Si bien la ayuda inmediata es crucial, existe una alternativa más sostenible para erradicar el hambre: el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Ellas son las principales responsables de la preparación de alimentos y de una parte significativa del cultivo. Brindarles las mismas oportunidades que a hombres y niños podría ser la clave para prevenir la hambruna.

El Hambre Mundial: Una Realidad Profunda
El hambre se define como la privación de alimento durante días debido a la falta de dinero, acceso a comida u otros recursos. En el mundo, las mujeres constituyen la mayoría de las personas que sufren hambre, a menudo debido a la discriminación de género. Por ello, el empoderamiento de mujeres y niñas se presenta como una de las estrategias más eficaces para proteger a las poblaciones vulnerables al riesgo de hambruna.
Datos Clave sobre el Hambre y el Rol Femenino
- De los 690 millones de personas que padecen inseguridad alimenticia a nivel mundial, el 60% son mujeres y niñas.
- En tiempos de crisis económica, las mujeres y las niñas son las primeras en sacrificar su propia alimentación, a pesar de ser quienes más trabajan para asegurar el sustento familiar.
- Otorgar a las agricultoras el mismo acceso a recursos productivos que a los hombres podría aumentar la producción agrícola en países en desarrollo hasta en un 4%, reduciendo la cifra de personas hambrientas entre un 12% y un 17%.
El Impacto del Empoderamiento Femenino en la Seguridad Alimentaria
La agricultura a pequeña escala es de dos a cuatro veces más eficaz para reducir el hambre y la pobreza que cualquier otra industria. Las agricultoras desempeñan un papel fundamental en este esfuerzo; con los recursos adecuados, podrían igualar o superar la producción de los hombres, contribuyendo a reducir en 100 millones la cifra de personas que padecen hambre.
Las agricultoras con mayores oportunidades no solo incrementan sus ingresos y cosechas, sino que también gestionan mejor los recursos naturales y mejoran la nutrición familiar, asegurando así el sustento. Las sociedades donde mujeres y niñas son apoyadas y empoderadas experimentan beneficios generalizados: familias más saludables, mayor asistencia escolar, mejora de la productividad agrícola y aumento de los ingresos.
Un estudio reveló que el incremento en la educación de las mujeres contribuyó en un 43% a la disminución de la desnutrición infantil a lo largo del tiempo, mientras que la disponibilidad de alimentos solo representó un 26%. Cuando las mujeres obtienen mayores ingresos, es más probable que los reinviertan en sus familias. De hecho, las mujeres reinvierten hasta el 90% de sus ganancias en sus hogares, destinándolas a nutrición, alimentación, atención médica, educación y actividades lucrativas, lo que ayuda a romper ciclos intergeneracionales de pobreza.

Grupos Más Afectados por el Hambre
El hambre afecta a personas en todo el mundo por diversas razones, desde el suministro limitado de alimentos hasta el aumento de sus precios. Países como Etiopía, Madagascar, Sudán del Sur y Yemen ya sufren condiciones cercanas a la hambruna, y aproximadamente tres docenas más de naciones corren el riesgo de padecerla, poniendo a otros 130 millones de personas en peligro de inanición.
De los 768 millones de personas desnutridas en 2020, 418 millones residían en Asia, 282 millones en África y 60 millones en América Latina y el Caribe. Los niños son uno de los grupos más vulnerables, ya que dependen de los adultos para obtener alimento. Cerca de 3.1 millones de niños mueren anualmente a causa de la malnutrición. Sus cuerpos en desarrollo son más susceptibles a problemas de salud derivados de la falta de alimento, lo que puede afectar su rendimiento escolar, sus oportunidades de empleo en la edad adulta y su capacidad para escapar de la pobreza.
Las mujeres y las niñas, a pesar de trabajar arduamente para asegurar la comida en sus hogares, suelen ser las primeras en sufrir el impacto del hambre. Las niñas jóvenes, a menudo encargadas del cuidado de otros familiares, son las últimas en comer o pueden ser dadas en matrimonio para reducir la carga familiar. Las mujeres sufren más deficiencias nutricionales, especialmente durante sus años reproductivos, lo que tiene un impacto negativo en el desarrollo transmitido a través de generaciones.
Estrategias para Empoderar a Mujeres y Niñas contra el Hambre
El acceso desigual a la educación y a las oportunidades económicas limita el poder de decisión de las mujeres en materia de alimentación familiar. Cuando las mujeres participan en las decisiones del hogar, la producción y los ingresos familiares pueden aumentar hasta en un 20%. Garantizar que las niñas asistan a la escuela y que las mujeres tengan la oportunidad de obtener un ingreso digno mejora su capacidad para tomar decisiones nutritivas para ellas y sus comunidades.
Financiar a las agricultoras, elegir líderes mujeres, fomentar una educación equitativa para las niñas, proporcionar acceso a servicios de salud materna e infantil, y erradicar prácticas nocivas como el matrimonio infantil son acciones clave para empoderar a mujeres y niñas en la lucha contra la pobreza y el hambre.
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Pobreza, Objetivos Globales y la Lucha contra el Hambre
La pobreza es el principal impulsor del hambre. Desde 2017, el 9.2% de la población mundial, es decir, 689 millones de personas, vivía en pobreza extrema (con menos de 1.90 dólares al día). Se estima que la pandemia de COVID-19 ha empujado a 100 millones de personas más a esta situación.
Las comunidades rurales son particularmente propensas a la pobreza y al hambre debido a oportunidades limitadas, aislamiento geográfico, infraestructura deficiente y falta de transporte. Millones de personas en países en desarrollo dependen de pequeñas granjas (menos de dos hectáreas) para su subsistencia. Las agricultoras en estas condiciones enfrentan desafíos como la producción insuficiente para sus familias, la dependencia de las condiciones climáticas y la dificultad para obtener alimentos nutritivos.
El Objetivo Global 2 de las Naciones Unidas busca erradicar el hambre para 2030 mediante la consecución de la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición y la promoción de la agricultura sostenible.
Actores Clave en el Empoderamiento y la Erradicación del Hambre
Los gobiernos tienen la responsabilidad de eliminar las barreras que impiden el progreso de las mujeres agrícolas, asegurando sus derechos sobre la tierra y proporcionándoles fondos y recursos para adaptarse al cambio climático. Las organizaciones sin fines de lucro y ONGs también son fundamentales. Organizaciones como Action Against Hunger capacitan a trabajadoras de salud comunitarias, en su mayoría mujeres, para educar a sus comunidades sobre nutrición y detección de desnutrición.
Las Naciones Unidas, a través de agencias como el Programa Mundial de Alimentos y ONU Mujeres, trabajan para empoderar a las mujeres mediante información, capacitación y acceso equitativo a recursos y servicios de salud, nutrición y agricultura. Promueven políticas de equidad de género y agricultura climáticamente inteligente como parte integral de la lucha contra el hambre.
Acciones Individuales y Colectivas para Combatir el Hambre
Para lograr la erradicación del hambre para 2030, es necesario incrementar la productividad agrícola y la producción sostenible de alimentos. El cambio climático y la sobreexplotación de recursos naturales afectan directamente la capacidad de las personas para generar alimentos. El descenso de la biodiversidad y los fenómenos meteorológicos extremos, como sequías e inundaciones, impactan la producción agrícola y ganadera.
Actualmente, se estima que 815 millones de personas en el mundo padecen hambre, una de cada nueve. Se prevé que esta cifra aumente a dos mil millones para 2050 debido al crecimiento de la población y la disminución de los recursos naturales. El 12.9% de la población mundial carece de recursos alimenticios mínimos. El ODS 2 aboga por poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible, reconociendo que el hambre y la malnutrición son obstáculos para el desarrollo sostenible.
Cada individuo puede contribuir de diversas maneras:
- Difundir información y generar conciencia sobre la lucha contra el hambre.
- Proporcionar alimentos a escuelas en países en desarrollo, apoyando la alimentación y la escolarización.
- Donar alimentos no perecederos a organizaciones benéficas locales.
- Ofrecer experiencia profesional y conocimientos para apoyar bancos de alimentos y organizaciones que luchan contra el hambre.
- Informarse profundamente sobre la problemática del hambre mundial.
- Comprar productos locales, apoyando a agricultores y productores de la zona y promoviendo una producción alimentaria global más sostenible.

Causas Profundas y Soluciones para el Hambre
La pobreza, los conflictos armados, las catástrofes naturales, la desigualdad de género, la falta de acceso a servicios básicos y la inestabilidad económica son barreras significativas para erradicar el hambre. Millones de niños viven en entornos donde su derecho a la alimentación no está garantizado, afectando su salud, educación y desarrollo.
En las tierras secas y degradadas de Honduras, mujeres como Ernestina lideran una transformación, revitalizando suelos infértiles con técnicas agroecológicas para cultivar alimentos nutritivos. Estos proyectos no solo mejoran la producción, sino también la nutrición y empoderan a las mujeres para asegurar el bienestar de sus familias, demostrando el poder de la agricultura sostenible.
La relación entre la alimentación y el agua es fundamental; garantizar el acceso a agua potable es crucial para el acceso a alimentos. La distribución equitativa de recursos es clave, ya que la producción agrícola mundial es suficiente para alimentar a todo el planeta. La educación, especialmente para niñas y niños, es vital para romper el ciclo de la pobreza y el hambre. El papel de la mujer es indispensable, no solo en la producción de alimentos, sino también en el conocimiento de una alimentación apropiada y prácticas nutricionales adecuadas.
La ayuda asistencial, si bien no soluciona el problema de raíz, mitiga sus consecuencias. Los tratamientos novedosos para la desnutrición aguda severa y crónica son un avance científico importante. Para erradicar el hambre, se requieren soluciones integrales a la pobreza que promuevan la autonomía de las personas.
Sembrando Recursos, Responsabilidad y Solidaridad
La agricultura es el sustento de 2.500 millones de personas en el mundo, quienes son particularmente vulnerables a desastres naturales y crisis humanitarias. La escasez de agua, la contaminación, la sobreexplotación de recursos, la especulación alimentaria y la desprotección jurídica amenazan la producción agrícola.
Es esencial sembrar responsabilidad y cooperación entre los Estados para defender los derechos humanos, especialmente el derecho a la alimentación, y adoptar medidas concretas para asegurar niveles mínimos de protección contra el hambre. Asimismo, se deben aplicar políticas que mejoren la capacidad de las personas para alimentarse por sí mismas o para recibir suministros en casos excepcionales.
La solidaridad es indispensable. La malnutrición se refiere a una nutrición inadecuada, ya sea por defecto o por exceso. La subalimentación es la falta de nutrición suficiente durante al menos un año, mientras que la desnutrición crónica se manifiesta como hambre. La Soberanía Alimentaria, la facultad de cada pueblo para decidir qué comer y definir sus propias políticas agrarias y alimentarias, es un concepto clave.
La lucha contra el hambre requiere una ética fundamentada en el valor de cada persona y sus derechos. Lograr un mundo justo, en paz y libre exige un diálogo creativo y el compromiso de todos para encontrar soluciones conjuntas.

Vías para Resolver el Hambre Mundial
A pesar de la capacidad de producir alimentos suficientes para todos, el hambre persiste debido a la existencia de grandes latifundios improductivos, la explotación de tierras por parte de extranjeros y la especulación en los mercados de materias primas. La producción de biocombustibles también puede afectar los precios de los alimentos, beneficiando a multinacionales.
La producción intensiva de carne consume recursos limitados y contribuye al calentamiento global. La ONU estima que la producción agrícola deberá aumentar un 60% para 2050 para alimentar a una población creciente.
Existe un consenso sobre el apoyo y la capacitación de los pequeños agricultores como la mejor solución. Una combinación de ayuda, educación en métodos de baja tecnología (riego por goteo, siembra sostenible), y la introducción de mejores semillas y fertilizantes naturales podría desencadenar una revolución verde.
La educación en técnicas de alimentación es crucial, aunque a veces pueda ir en contra de las costumbres. Los cultivos transgénicos generan controversia debido a riesgos aún no completamente medidos para la salud humana y la falta de sistemas de regulación adecuados.
El crecimiento económico, el comercio y la apertura de mercados se han considerado claves para reducir el hambre, pero la recesión económica en algunas regiones dificulta su implementación.