Tras un primer período iconoclasta, derivado en parte de la actitud anti-imagen de la religión judía, el primer cristianismo comenzó a utilizar la imagen como medio pedagógico y propagandístico. Los primeros recelos fueron superados, primero por la utilización de símbolos y, más tarde, dando paso a formas narrativas bíblicas o neotestamentarias con un claro cambio de estética. La imagen adquirió valor siempre y cuando no generase idolatría, es decir, cuando no se adorase por sí misma. Para ello, fue necesario cambiar la actitud del espectador, quien ya no vería el arte como una fuente de deleite, sino como algo puramente educativo. Según Argullol, esta es una de las consecuencias del neoplatonismo imperante en la Alta Edad Media, que tendría su cénit en San Agustín. De esta manera, la imagen se convirtió en puro soporte de un concepto, perdiendo en esta transformación sus cualidades visuales naturalistas (perspectiva, armonía, volumetría, realismo). Solo quedó aquello que transmitía información (jerarquía, simbología) o sentimientos religiosos (hieratismo como forma de lejanía de la divinidad).
Por otra parte, y dada la ausencia de tradición propia, el primer cristianismo recurrió a los préstamos de otras culturas. De Grecia y Roma recogió imágenes, cambiándoles el sentido, y de Egipto recuperó ciertas características estéticas típicas del teocentrismo.

Símbolos Fundamentales del Arte Paleocristiano
El arte paleocristiano se caracteriza por un rico simbolismo, a menudo adaptado de tradiciones preexistentes, que servía para comunicar los principios de la fe cristiana en un contexto a menudo de persecución.
El Crismón
Realizado con la unión de las dos primeras letras de Cristo en griego (Chi y Rho), a menudo rodeadas por un clípeo (círculo), el Crismón es uno de los símbolos más reconocibles del cristianismo primitivo. Representa la figura de Jesucristo.

El Alfa y Omega
Basado en un pasaje del Apocalipsis ("Yo soy el principio y el fin de todas las cosas"), el Alfa y Omega representa la divinidad como forma infinita, abarcando el principio y el fin de todo.

El Pez (Ichthys)
Identificado con Cristo, ya que en griego las letras de la palabra "pez" (IXΘΥΣ - Ichthys) forman un acrónimo: Iesous Christos Theou Yios Soter (Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador). Fue un símbolo perfecto para marcar lo cristiano en épocas de persecución, siendo un secreto compartido entre los creyentes.

La Paloma
Identificada con el alma, que a menudo bebe de una crátera, símbolo de la Eucaristía. También puede representar al Espíritu Santo.

La Crátera
En algunos contextos, la crátera se interpreta como un símbolo de Cristo, especialmente cuando aparece asociada a otros símbolos cristianos.
El Pavo Real
Dado que se creía que su carne era incorruptible, el pavo real se asociaba con la resurrección. Es un préstamo del Egipto tardío, una reconversión de la leyenda del Ave Fénix.
El Ciervo
Asociado a la imagen del creyente que bebe agua, simbolizando la salvación que ofrece la Iglesia. También puede representar la sed espiritual del alma.
Los Strigiles
En numerosos sarcófagos se encuentran estas formas. Originalmente derivan del strigiles griego (una pieza utilizada por los atletas para limpiarse). Podrían significar pureza o limpieza, aunque otros autores los relacionan con la idea de infinito. Se recogieron de los sarcófagos paganos.
El Cordero
Imagen de Cristo como ser sacrificado. Se relaciona con la Eucaristía, pero también con los creyentes que forman un rebaño en torno al pastor (Cristo). En el arte, el cordero central puede representar a Cristo, del que parten los cuatro ríos del paraíso, y a ambos lados corderos que simbolizan a la Iglesia.

El Orante
Figura de un creyente en actitud de oración. No siempre es clara su interpretación; tal vez representa al creyente que ya se encuentra en el Cielo (aparece en contextos funerarios) o al creyente que asiente ante la voluntad divina. Se trata de un préstamo de la pietas romana.

Evolución Arquitectónica y Simbólica
El desarrollo del arte paleocristiano se dio primordialmente entre los siglos II y V d.C., diferenciándose dos etapas marcadas por las condiciones de culto y expresión de la fe.
Periodo de Clandestinidad y Persecuciones (Siglos II-III)
Durante los dos primeros siglos, los cristianos celebraban sus reuniones y liturgias en casas particulares (domus ecclesiae). Estas iglesias clandestinas no tenían símbolos que las identificaran, sino que eran casas típicas. Si la casa era donada por su propietario a la iglesia, se le llamaba Títulus. El desarrollo arquitectónico más típico de esta primera etapa fueron las catacumbas. Estas consistían en pasillos estrechos llamados Ambulacrum, que contenían muchos nichos en las paredes, los Loculi, destinados al enterramiento. En las catacumbas había zonas más espaciosas, como los cubicula, para la realización de algunas liturgias. Poco a poco, surgiría un mundo simbólico nuevo, destacando la figura de El Buen Pastor, una de las primeras representaciones de Cristo en escultura.

El símbolo del pez se hizo famoso, o ichtus (ichthys), que se asociaba secretamente a Cristo. También la vid, que dejó de representar a Baco para convertirse en un símbolo de la sangre de Cristo, e incluso la paloma, que simbolizaría la resurrección.
Periodo de Libertad de Culto y Apoyo Oficial (Siglo IV en adelante)
Tras casi 300 años de persecución, el arte paleocristiano pudo expresarse con mayor libertad gracias a edictos como el de Tesalónica, lo que generó su evolución. Las basílicas se convirtieron en las construcciones religiosas principales. Estas constaban de tres a cinco naves separadas por columnas, donde los devotos escuchaban la misa de pie. El ábside semicircular era la parte de mayor importancia, albergando el altar. Sobre las naves laterales se encontraban galerías llamadas matroneum, destinadas a las mujeres.

Otras construcciones típicas del período fueron los baptisterios, generalmente edificios octogonales ubicados junto a las basílicas, que albergaban una pila bautismal para la inmersión. Entre los mausoleos paleocristianos destacan el Mausoleo de Santa Constanza y el Mausoleo de Gala Placidia en Rávena.
Transformación Estética y Temática
El supermaterialismo de la sociedad romana y su antropocentrismo radical, que habían adoptado la forma griega del helenismo clásico, comenzaron a transformarse. Con los conceptos espirituales establecidos por los cristianos, como el amor de Dios, la bondad y el más allá, la estética del arte romano se destinó a cambiar. La estética comenzó a disminuir en protagonismo, elevándose el espacio y el tiempo, y poniendo la mayor atención sobre la materia y lo espiritual. En el caso de los retratos, no se olvidó la historia de los pasajes bíblicos, pero nació el arte simbólico, pues lo básico era pensar en personajes que fueran más allá del ámbito espiritual, llegando a trascender.
Además de la arquitectura, el arte paleocristiano tuvo dos expresiones artísticas más importantes: los mosaicos de tumbas y las esculturas funerarias. La técnica del mosaico paleocristiano fue la misma que en el período anterior, pero la iconografía cambió significativamente.

Iconografía y Simbolismo en Sarcófagos y Mosaicos
Los relieves de los sarcófagos constituyen un importante soporte para la iconografía paleocristiana. Los más antiguos utilizaban la misma iconografía de los sarcófagos "paganos", lo que a veces dificulta su distinción. Tras la conversión de Constantino, se inició una nueva etapa, con cambios en el estilo y la iconografía, y un aumento espectacular en su número, lo que prueba el arraigo del cristianismo entre las clases altas romanas.
En cuanto a la iconografía, Cristo aparece con frecuencia, a menudo representado con modelos romanos y helenísticos, como la figura del héroe o del filósofo (joven, sin barba). También son representados Pedro y Pablo, frecuentemente acompañando a Cristo.
El interior de las basílicas estaba decorado con mosaicos y pinturas al fresco, especialmente en la bóveda del ábside, donde se solía representar la Majestad de Cristo o Cristo acompañado de los Apóstoles, de Pedro y Pablo, o de arcángeles o santos. Los muros y bóvedas de los baptisterios también se decoraban con mosaicos o pinturas que hacían referencia al acto litúrgico, con frecuentes cielos estrellados, el crismón, la cruz, el alfa y omega, y representaciones simbólicas como el pavo real o el ave fénix, alusivas a la resurrección de Jesús.

La técnica del mosaico paleocristiano, heredera de la tradición anterior, se aplicó a la decoración de tumbas y baptisterios, dotando a estos espacios de una rica iconografía que reforzaba los mensajes de fe, esperanza y resurrección.
Historia del ARTE PALEOCRISTIANO y BIZANTINO - El Primer Arte Cristiano - 🎨 HISTORIA DEL ARTE 3 🎨
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