El almidón es un hidrato de carbono complejo (polisacárido) digerible que pertenece al grupo de los glucanos. Los alimentos que lo contienen, como la pasta, el arroz, el pan y las patatas, son nuestra principal fuente de carbohidratos y desempeñan un papel crucial en una dieta equilibrada. Además de aportar energía, estos alimentos proporcionan cantidades significativas de vitaminas del grupo B. Si optamos por variedades de grano entero, como el arroz, la pasta y el pan integrales, incrementamos la ingesta de fibra y micronutrientes.
Sin embargo, no todo el almidón actúa de la misma manera en nuestro organismo. Existe una categoría especial conocida como almidón resistente, que se comporta de forma diferente a los almidones convencionales.
¿Qué es el Almidón Resistente?
El almidón resistente es una clase de almidón que no se digiere por completo en nuestro organismo. Su funcionamiento es similar al de la fibra, ya que alimenta a las bacterias intestinales y ralentiza el proceso digestivo. Al ser consumido, el almidón resistente exige un mayor trabajo digestivo y promueve la salud intestinal al fomentar la evacuación y la proliferación de la flora colónica, lo cual beneficia al organismo.
Este tipo de almidón requiere un mayor esfuerzo metabólico por parte del cuerpo, pero su característica principal es que no se absorbe totalmente. Como resultado, las calorías que ingerimos son inferiores en comparación con las que provienen de un hidrato refinado o un almidón más fácilmente digerible.

Almidón Resistente y la Pérdida de Peso
Entre las propiedades del almidón resistente, destacan la fermentación que genera en el intestino y su escasa absorción, factores que pueden contribuir a la pérdida de peso. Un estudio reciente sugiere que la ingesta de almidón resistente puede favorecer la regulación del apetito, la sensación de hambre y el peso corporal.
La razón principal por la que tradicionalmente se asocia el pan blanco, la pasta o el arroz refinados con el aumento de peso es que el almidón que contienen se digiere rápidamente, convirtiéndose en glucosa. No obstante, es posible transformar este almidón en almidón resistente mediante un método sencillo.
El Secreto: Enfriar y Recalentar
El truco para convertir el almidón digerible en almidón resistente reside en el proceso de enfriamiento. Cuando alimentos ricos en carbohidratos como el arroz, la pasta o las patatas se cocinan y luego se enfrían en la nevera, su estructura molecular cambia. Las cadenas de amilosa se enrollan entre sí, un fenómeno conocido como retrogradación del almidón.
Este proceso hace que el almidón se vuelva resistente a la digestión enzimática. Las enzimas digestivas no son capaces de descomponerlo en sus unidades mínimas (glucosa). En su lugar, el almidón resistente llega al intestino grueso, donde las bacterias intestinales lo fermentan.
Jesús Sanchís, nutricionista e investigador de la Universidad de Valencia, explica: "Enfriando alimentos con hidratos de carbono, como la patata o el boniato, se modifica por completo su estructura, de forma que las cadenas de amilosa se enrollan entre sí produciendo la retrogradación del almidón. Se forma así un almidón resistente al proceso digestivo: las enzimas no son capaces de digerirlo, de romperlo en sus unidades mínimas (glucosa) y queda disponible para que bacterias, hongos y levaduras lo puedan fermentar, lo que ayuda a mejorar nuestra microbiota. Ya no seremos nosotros, sino nuestros microbios intestinales los que se den todo un festín”.

Una vez que el almidón se ha vuelto resistente por el enfriamiento, se puede recalentar el alimento sin que pierda esta propiedad. Por lo tanto, comer patatas, arroz o pasta uno o dos días después de haberlos cocido, siempre que hayan pasado por el proceso de enfriamiento, es una estrategia eficaz para consumir carbohidratos y favorecer la pérdida de peso.
Beneficios Adicionales del Almidón Resistente
El almidón resistente no solo ayuda en la gestión del peso, sino que también ofrece otros beneficios significativos para la salud:
- Menor contenido calórico: Cuenta con dos calorías por gramo en lugar de las cuatro del almidón normal, lo que lo hace una opción más ligera.
- Mejora la microbiota intestinal: Al alimentar a las bacterias beneficiosas, promueve un equilibrio saludable en la flora intestinal.
- Aumenta la saciedad: Genera una mayor sensación de plenitud, lo que ayuda a controlar el apetito y a reducir la ingesta calórica total.
- Favorece el tránsito intestinal: Su acción similar a la fibra promueve una digestión regular.
- Potencial quema de grasas: Algunos estudios sugieren que puede ayudar a quemar grasas de manera más eficaz.
- Producción de ácidos grasos beneficiosos: En el intestino grueso, genera ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, que tiene propiedades antiinflamatorias y puede ayudar a prevenir el cáncer de colon.
- Reducción de la sensibilidad a la insulina: Ayuda a mejorar la respuesta del cuerpo a la insulina, lo que disminuye el riesgo de padecer enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico.
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Otras Fuentes de Almidón Resistente
Además del arroz, la pasta y las patatas cocinadas, enfriadas y recalentadas, el almidón resistente se encuentra en otros alimentos:
- Plátanos verdes: Contienen una cantidad considerable de almidón resistente, que disminuye a medida que el plátano madura.
- Avena: Especialmente la avena integral y cruda.
- Legumbres: Como las lentejas, los garbanzos y las alubias.
En resumen, el almidón resistente, presente en alimentos como el arroz enfriado, no solo no engorda, sino que puede ser un valioso aliado para quienes buscan perder grasa abdominal y ganar músculo, además de mejorar la salud digestiva y metabólica.