La pérdida de peso se ha convertido en una preocupación central en la sociedad contemporánea. Abordar este desafío de manera efectiva requiere un enfoque integral que combine una alimentación adecuada con la práctica regular de actividad física. Sin embargo, la búsqueda de soluciones rápidas y "milagrosas" ha dado lugar a una proliferación de métodos cuestionables y, en ocasiones, peligrosos.

Métodos Extremos y Peligrosos de Pérdida de Peso
La variedad de enfoques para perder peso es asombrosa, abarcando desde dietas hipercalóricas hasta prácticas que rozan lo temerario. Se han identificado ejemplos como la dieta del dermatólogo vienés Heinz Humplik, que propone un consumo de 6.000 kcal diarias distribuidas en 10 porciones, o la conocida dieta del pomelo.
Otras opciones ilustran la magnitud del afán por perder kilos. La llamada dieta de la tenia es un ejemplo particularmente alarmante. La geolocalización de estas fórmulas "infalibles" revela que muchas tienen su origen en Estados Unidos, seguidas por el Reino Unido, Italia, Francia y China. Los promotores de estas dietas pueden categorizarse en tres grupos según su formación. Entre los autores con formación universitaria pero sin afiliación a las ciencias de la salud, destaca el reverendo Emmet Fox (1886-1951), ministro de la Iglesia de la Ciencia Divina. En conclusión, confiar en personas sin la formación adecuada puede poner en grave riesgo la salud.
El "Weight Cut" en Deportes de Combate: Una Práctica de Alto Riesgo
"Es probablemente lo más peligroso que hago en todo el año". Con esta advertencia se refiere Dean Garnett al método que utiliza para perder 7 kilogramos en menos de un día. Esta práctica, conocida como weight cut o recorte de peso, está arraigada en varios deportes de lucha, especialmente en las artes marciales mixtas (MMA).
El objetivo del weight cut es que los peleadores puedan participar en una división de peso específica. El deportista británico Dean Garnett, cuyo peso normal es de 69 kilogramos, tuvo que adelgazar hasta los 61,8 kilogramos para una pelea en la división de peso gallo, disponiendo de solo 19 horas para lograrlo. El riesgo asociado a esta práctica es considerable, como lo demuestra el caso del ruso Khabib Nurmagomedov, quien fue trasladado de emergencia al hospital por problemas en el manejo de su peso. Trágicamente, el luchador brasileño de arte marcial Leandro Souza murió en 2013 a causa de un infarto mientras se sometía a un sauna para perder peso, tras haber tomado diuréticos con el fin de adelgazar 15 kilogramos en una semana. De manera similar, el joven chino Yang Jian Bing, de 21 años, falleció por un ataque al corazón como consecuencia de un weight cut.

A pesar del crecimiento de las MMA, aún no existe una regulación específica para esta práctica. Ben Crighton, del Centro de Salud Pública de la Universidad John Moores de Liverpool, supervisó a Garnett para estudiar las consecuencias a largo plazo del recorte de peso extremo en la salud de los peleadores. Mediante pruebas de sangre continuas, Crighton midió los niveles de enzimas que podrían causar daños irreparables en el hígado y los riñones. Según Crighton, "los peleadores de la MMA son los que están perdiendo más peso que en cualquier otro deporte de combate".
El Proceso del Recorte de Peso
El proceso de weight cut generalmente comienza con la eliminación de carbohidratos, lo que lleva al cuerpo a consumir el glucógeno almacenado en los músculos. Dado que el glucógeno retiene agua, su eliminación provoca una pérdida de peso significativa. Los peleadores suelen aumentar drásticamente su ingesta de agua (9-12 litros diarios) durante varios días, para luego suspenderla el día antes del pesaje. Durante las 24 horas previas al pesaje, no se ingiere nada, centrándose en la expulsión de líquidos a través de la sudoración, orina y materia fecal.
Además, se reduce el consumo de sal para evitar la retención de líquidos. Este proceso de deshidratación se intensifica mediante baños de agua caliente, saunas y el uso de ropa térmica. Dean Garnett describe la experiencia como "no muy lejos de la muerte", sometiéndose a ciclos de saunas y baños calientes, y envolviéndose en sábanas y edredones para maximizar la sudoración, incluso masticando cubitos de hielo para eliminar la saliva sin tragarla.

Danny Roberts, quien ha peleado en la UFC, conoce bien este proceso, habiendo pasado de su peso normal de 88 kilogramos a 77 kilogramos para una pelea.
Errores Comunes que Sabotean la Pérdida de Peso
En la era de la información digital, la nutrición avanza rápidamente, con miles de expertos realizando estudios científicos anuales. Sin embargo, muchos pacientes, por desconocimiento, caen en errores que dificultan la consecución de sus objetivos de pérdida de peso. A continuación, se detallan tres errores clásicos:
1. El Azúcar Oculto en las Bebidas
Es de conocimiento público que las bebidas azucaradas, refrescos y zumos industriales contienen grandes cantidades de azúcar y otros componentes poco recomendables. Un error común es reemplazar estas bebidas por zumos naturales 100% de frutas. Si bien estos zumos aportan vitaminas y minerales, también concentran una gran cantidad de azúcares y carecen de fibra, lo que provoca una rápida absorción y picos de glucosa en sangre.
La solución es elaborar zumos combinando frutas, hortalizas y hojas verdes, lo que permite disfrutar de sus beneficios sin un exceso de azúcares. El uso de extractores de zumos de bajas revoluciones ayuda a preservar los micronutrientes.
2. Ejercicio en Exceso: Un Arma de Doble Filo
Durante un plan nutricional para perder peso, es común perder masa muscular, lo cual es indeseable. Un plan efectivo debe maximizar la pérdida de grasa y minimizar la pérdida muscular. La actividad física regular es crucial para quemar grasa, minimizar la pérdida muscular y mantener el metabolismo elevado. Sin embargo, el ejercicio en exceso puede ser contraproducente, generando estrés en el cuerpo y afectando la producción de hormonas. Se recomienda combinar sesiones de fuerza con cardio o entrenamientos por intervalos de alta intensidad, en lugar de sesiones extenuantes y diarias, a menos que se sea un atleta profesional.

3. La Importancia de la Microbiota Intestinal
La microbiota intestinal, compuesta por billones de microorganismos, juega un papel crucial en la salud. Sus funciones incluyen la producción de nutrientes esenciales, la comunicación con el sistema inmunológico y el mantenimiento de la salud del sistema nervioso central. En relación con el control de peso, la microbiota influye en la digestión, la absorción de nutrientes y la sensación de saciedad.
Un desequilibrio en la microbiota, conocido como disbiosis, puede contribuir al aumento de peso, la obesidad y la diabetes. Para mantener una microbiota saludable, se recomienda:
- Llevar una dieta basada en alimentos de origen vegetal, incluyendo frutas frescas variadas, legumbres y cereales integrales.
- Incorporar alimentos fermentados en la dieta.
- Evitar edulcorantes artificiales como el aspartamo.
- Tomar antibióticos y otros fármacos solo cuando sea estrictamente necesario.

Existen otros errores comunes que impiden bajar de peso, como la creencia de que hay que pasar hambre, las dietas muy bajas en calorías, la dependencia de la báscula, la falta de progresión en el ejercicio o la creencia en las comidas "light".
Terapias GLP-1: Avances y Realidades
Desde hace menos de una década, las terapias GLP-1, con medicamentos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro, han revolucionado el tratamiento de la obesidad. Estos fármacos han ganado popularidad, transformando la figura de celebridades y siendo reconocidos por la Organización Mundial de la Salud como esenciales.
Sin embargo, un análisis exhaustivo de 37 estudios con más de 9.300 participantes, publicado en The BMJ, revela que las personas que dejan de tomar estos medicamentos recuperan el peso perdido en menos de 1,7 años, a un ritmo medio de 0,4 kilogramos mensuales. Esta recuperación es significativamente más rápida que la observada tras abandonar programas convencionales de dieta y ejercicio, donde el retorno al peso inicial toma casi cuatro años.
En los primeros doce meses tras suspender el tratamiento, las personas recuperan una media de 4,8 kilogramos con cualquier medicamento, 6 kilogramos con agonistas de incretinas, y hasta 9,9 kilogramos con semaglutida y tirzepatida. Más preocupante aún es el efecto sobre los marcadores de salud cardiovascular y metabólica: los beneficios sobre el colesterol, triglicéridos, glucosa y presión arterial se revierten.

Sam West, investigador de la Universidad de Oxford, señala que la velocidad de recuperación de peso está ligada a la cantidad de peso perdido, siendo más rápida tras el uso de agonistas de GLP-1 debido a la mayor pérdida de peso inicial. A pesar de controlar esta variable, la recuperación sigue siendo más rápida tras el uso de medicamentos que tras intervenciones conductuales.
Adam Collins, profesor de Nutrición en la Universidad de Surrey, explica que la administración artificial de niveles de GLP-1 puede reducir la producción natural del cuerpo y su sensibilidad a esta hormona. Al suspender el tratamiento, el apetito deja de estar controlado, lo que aumenta la probabilidad de comer en exceso.
Apoyo Posterior y Perspectivas a Largo Plazo
Sorprendentemente, los programas de apoyo conductual durante el tratamiento con medicamentos no redujeron la velocidad de recuperación posterior. West sugiere que la medicación, al reducir el hambre, podría socavar los esfuerzos conscientes de dieta y actividad física, y que se necesita más investigación sobre qué tipo de apoyo conductual podría ser efectivo.
John Wilding, catedrático de la Universidad de Liverpool, argumenta que la obesidad es una enfermedad crónica que tiende a recaer, similar a otras enfermedades crónicas que requieren medicación continua. A diferencia de la diabetes o la hipertensión, la narrativa comercial de los fármacos GLP-1 ha sido la de una solución temporal. Sin embargo, los pacientes con alto riesgo cardiovascular podrían beneficiarse de un uso a largo plazo de estos fármacos.
Qi Sun, profesor de la Universidad de Harvard, enfatiza que los medicamentos para la pérdida de peso no deben considerarse "balas mágicas", y que las prácticas dietéticas y de estilo de vida saludables deben seguir siendo la base del tratamiento, con los medicamentos como complementos. Naveed Sattar, catedrático de Medicina Cardiometabólica, ofrece una perspectiva más optimista, indicando que el uso continuado de estos medicamentos permite mantener un peso significativamente menor a largo plazo, aunque esto depende del acceso continuo y precios asequibles.
West admite que una limitación crucial es que los datos provienen de ensayos clínicos, y se necesitan datos del mundo real para comprender mejor las características de los usuarios, la magnitud de la pérdida de peso, las tasas de abandono y recuperación. En cualquier caso, los datos actuales sugieren que no existen milagros, y que una dieta sana y ejercicio siguen siendo vitales en la lucha contra la obesidad.
La Influencia de las Celebridades y la Importancia de un Enfoque Gradual
Las celebridades a menudo experimentan cambios drásticos de peso, influenciados por motivos emocionales, físicos, dietas o exigencias profesionales. Estos cambios, a veces fulminantes, pueden verse en figuras como Diane Kruger, Hilary Duff, Khloe Kardashian o Tara Reid. Sin embargo, los expertos de la Clínica Mato Ansorena recalcan que cada cuerpo tiene una base genética, y que las locuras a corto plazo no son efectivas. Es fundamental ser conscientes de uno mismo, de lo que se puede lograr y de lo que es razonable exigirse.
El objetivo no debe ser perder peso en tiempo récord, sino hacerlo de forma gradual y estable para mantener los resultados a lo largo del tiempo y evitar el efecto rebote. Contar con el asesoramiento de un experto en nutrición es crucial para establecer un rango de peso saludable, sin excederse y de manera adecuada.
Una vez alcanzado el objetivo de adelgazar, es importante adquirir nociones básicas de nutrición y hábitos saludables que perduren toda la vida. Durante las primeras semanas de pérdida de peso, es normal una rápida disminución, en parte debida a la liberación de reservas de glucógeno, que también libera agua. Este efecto es temporal. A medida que se pierde peso, también se pierde músculo, lo que disminuye el metabolismo y ralentiza la quema de calorías. Cuando las calorías consumidas equivalen a las quemadas, se alcanza un estancamiento del peso, requiriendo un aumento de la actividad física o una disminución de la ingesta calórica para seguir perdiendo peso.
