La Obesidad como Enfermedad Crónica y Multifactorial
La obesidad es reconocida como una enfermedad crónica por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las principales sociedades científicas internacionales. Su diagnóstico en una unidad especializada trasciende el simple cálculo del Índice de Masa Corporal (IMC). Esta condición se manifiesta como una enfermedad multifactorial, y no es únicamente consecuencia de una falta de voluntad. La obesidad puede presentarse como una enfermedad progresiva, y en los grados 2 y grave o mórbida, el riesgo de eventos cardiovasculares y la reducción de la esperanza de vida son significativamente mayores.
El 4 de marzo, Día Mundial contra la Obesidad, sirve como una oportunidad para recordar que la obesidad no es un problema estético, sino una enfermedad crónica compleja con un impacto directo en la salud metabólica y cardiovascular. La reciente ampliación de la indicación europea de la tirzepatida, principio activo de Mounjaro, en pacientes con obesidad subraya la importancia de abordajes terapéuticos avanzados.

Causas y Factores Determinantes de la Obesidad
La obesidad es una enfermedad caracterizada por la acumulación excesiva de tejido graso en el cuerpo. Es una condición compleja con múltiples factores determinantes, que requiere un abordaje, prevención, manejo y seguimiento adecuados. La OMS define la obesidad como un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 30 kg/m², clasificándola en Grado I (IMC de 30 a 34,9 kg/m²), Grado II (IMC de 35 a 39,9 kg/m²) y Grado III (IMC mayor de 40 kg/m²).
El aumento de la obesidad, especialmente en países de bajos y medianos ingresos, constituye uno de los mayores desafíos de la salud pública del siglo XXI. En 2016, más de 650 millones de adultos padecían obesidad. Esta enfermedad impacta la salud de múltiples maneras, incluyendo discapacidad psicológica, limitaciones funcionales y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, lo que genera altos costos económicos y una mayor demanda de atención médica. Como consecuencia, las personas con obesidad tienen una mortalidad sustancialmente más alta.
Vivimos en entornos con proliferación de alimentos de alta densidad energética, baratos y disponibles, mientras que el acceso a comidas saludables y las oportunidades para realizar actividad física se reducen. Esto provoca un aumento inadecuado en los depósitos de grasa, peso excesivo y enfermedad. Por ello, las políticas de apoyo para promover la actividad física como parte de la vida normal deben ser un objetivo clave para los gobiernos, trabajando para mantener un peso normal y ayudar a las personas a vivir por más tiempo y de manera saludable.
Entre las causas de la obesidad se encuentran factores genéticos, endocrinopatías, algunas enfermedades psiquiátricas o la cronodisrupción (cambios en el ciclo del sueño y desorden en los horarios de comida). También se incluyen cambios en los patrones de alimentación y de actividad física, el estrés, alteraciones en la microbiota intestinal o la influencia del nivel socioeconómico y la exposición a ambientes obesogénicos. El envejecimiento también juega un papel crucial, ya que con el paso de los años, los tejidos que sostienen las venas en el recto y el ano pueden debilitarse y estirar.
La falta de reconocimiento de la obesidad como enfermedad por parte de algunos profesionales de la salud, la poca adherencia al tratamiento por parte de los pacientes y la limitada diversidad de opciones terapéuticas son las principales causas de fracaso y abandono del tratamiento. Garantizar el acceso a dietas saludables y oportunidades de ser físicamente activo no solo deberían ser políticas para prevenir la obesidad, sino que deberían convertirse en programas para permitir que las personas que viven con la enfermedad tengan cada vez más posibilidades de recuperarse y logren una pérdida de peso a largo plazo.
Reconocer la obesidad como enfermedad multifactorial, con impacto en la salud mental y calidad de vida, promoverá la búsqueda de atención médica y garantizará el acceso al tratamiento necesario. Las recomendaciones para prevenir el sobrepeso y la obesidad, mantener un peso saludable y evitar rebotes, incluyen modificaciones en el estilo de vida, como planes de alimentación con menos calorías y aumento de la actividad física.

El Abordaje Multidisciplinar del Tratamiento
Mejorar la formación de los profesionales de la salud en el manejo de la obesidad es esencial. Abordar y controlar esta enfermedad requiere un enfoque multidisciplinario, involucrando a expertos en nutrición, psicología, medicina deportiva, entre otros. Este enfoque personalizado y efectivo permite tratar las distintas causas de la obesidad, mejorar los resultados del tratamiento, controlar la enfermedad y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo.
El abordaje de la obesidad debe ser multidisciplinar para atender todas las causas que la provocan y afrontar las posibles complicaciones. Los equipos deberían incluir endocrinólogos, psicólogos clínicos, dietistas-nutricionistas, profesionales de enfermería, de la actividad física, neumólogos, etc. Es muy importante que el tratamiento se plantee de forma individualizada, teniendo en cuenta factores físicos, económicos, culturales o sociales que influyen en la persona que vive con obesidad mórbida.
La atención primaria juega un papel fundamental por ser el primer punto de encuentro con el paciente y es además el entorno ideal para prácticas preventivas de esta enfermedad. La implementación de programas multidisciplinarios para la pérdida de peso busca analizar los cambios en la calidad de vida y en los parámetros clínicos, fisiológicos y antropométricos de los pacientes con obesidad.
Metodología de Estudio de Programas Multidisciplinarios
Se desarrolló un estudio observacional de cohorte retrospectivo en el que se evaluó el cambio en el tiempo de variables clínicas, fisiológicas, antropométricas y de calidad de vida en pacientes con obesidad. La población de estudio estuvo conformada por pacientes con obesidad en un programa multidisciplinario para pérdida de peso en una entidad que presta servicio en Colombia.
Se incluyeron pacientes que ingresaron al programa entre junio y agosto de 2021 a 2022, con edades entre 18 y 70 años; con IMC mayor de 30 kg/m² asociado a enfermedades como diabetes mellitus, hipertensión arterial, síndrome de apnea hipopnea obstructiva del sueño, hígado graso, enfermedad renal crónica, enfermedad cerebrovascular y enfermedad cardiovascular; o pacientes con IMC mayor a 40 kg/m² sin comorbilidades y pacientes sujetos a cirugía bariátrica con reganancia de peso. Se excluyeron gestantes o en puerperio, pacientes con discapacidad física que les impidiera realizar actividades de acondicionamiento físico o que tuvieran seguimientos incompletos.
En el programa, diferentes especialistas evalúan a los pacientes para controlar la obesidad. El médico especialista en medicina deportiva coordina el programa y realiza la evaluación inicial, prescribe el plan de actividad física y brinda recomendaciones sobre estilos de vida saludables. El seguimiento se realiza durante un año con 5 consultas, evaluando variables clínicas, fisiológicas y marcadores biológicos. El profesional en nutrición registra la alimentación, proporciona pautas para la dieta hipocalórica y supervisa su cumplimiento con 6 valoraciones anuales, evaluando variables antropométricas. El fisioterapeuta dirige el programa de actividad física junto con el entrenador físico, realizando clases de acondicionamiento físico 2 a 3 veces por semana. El profesional en psicología evalúa la calidad de vida mediante el cuestionario EQ-5D-5L y la escala visual análoga (EVA) al ingreso y egreso, y realiza seguimiento 4 veces al año. El médico de riesgo cardiovascular vigila el control de las comorbilidades, registra marcadores biológicos y realiza 4 seguimientos anuales.
Los pacientes deben cumplir al menos 2 a 3 sesiones semanales de actividad física (45-60 minutos), asistir a los controles y realizar paraclínicos indicados. Los seguimientos se agendan según el profesional y, al completar el año, se observan los cambios y se elabora un informe final.
Variables y Análisis de Datos
Las variables incluyeron características sociodemográficas (edad y género), clínicas (NYHA y sistema de modificación de la obesidad de Edmonton), antecedentes patológicos (tabaquismo, enfermedad coronaria, HTA, DM, SAHOS, dislipidemia), actividad física (realización y frecuencia), marcadores biológicos (Hb1Ac, LDL y HDL), fisiológicas (fuerza de prensión manual, VO2 máximo y MET), antropométricas (peso, talla, IMC, perímetro de cintura, abdomen e índice abdomen/talla) y calidad de vida (cuestionario EQ-5D-5L y escala visual análoga). La evaluación de estas variables se realizó al ingreso y egreso del programa, con algunas excepciones para variables específicas.
Se identificaron variables que podrían actuar como posibles fuentes de confusión, como la edad de los participantes, condiciones médicas preexistentes y antecedentes de actividad física.
La información se recogió consultando historias clínicas y bases de datos. Se realizó un análisis estadístico utilizando la prueba de McNemar para variables cualitativas y la prueba de rangos con signo de Wilcoxon para variables cuantitativas continuas, con un valor de p menor a 0,05 considerado estadísticamente significativo. El análisis se llevó a cabo en el programa STATA V.15.
Resultados de Programas Multidisciplinarios
Se analizaron 323 pacientes. Se observó que la mediana del peso disminuyó 4,4 kg (p < 0,001). La adherencia a la actividad física aumentó del 30% (n = 97) al 90% (n = 289) (p < 0,001). La mediana del VO2 max aumentó de 23,6 (RIC 19,7-30,4) al ingreso a 32,9 (RIC 27,8-38,0) al egreso. En cuanto a la calidad de vida, el autocuidado fue una de las dimensiones con mayor impacto, con una disminución en el reporte de dificultades extremas del 17,7% al 0,3%. La escala visual análoga (EVA) aumentó la mediana de 50 (RIC 50-70) a 80 (RIC 70-90) (p < 0,001).
El abordaje multidisciplinario de la obesidad ofrece un enfoque integral al paciente, impactando no solo los aspectos físicos, sino también los psicológicos y emocionales del problema, mejorando su calidad de vida.
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Tratamientos Específicos y Consideraciones Adicionales
La obesidad mórbida afecta a un porcentaje significativo de la población, tanto adulta como infantil. Para comprenderla, es fundamental saber que la obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y compleja, definida por una acumulación excesiva de grasa perjudicial para la salud. El Índice de Masa Corporal (IMC) es una herramienta tradicional para evaluar el sobrepeso u obesidad y su grado.
La obesidad mórbida se define por el IMC. Entre sus causas se incluyen factores genéticos, endocrinopatías, enfermedades psiquiátricas, cronodisrupción, cambios en patrones de alimentación y actividad física, estrés, alteraciones de la microbiota intestinal, nivel socioeconómico y entornos obesogénicos. Las consecuencias más importantes incluyen el aumento de la posibilidad de desarrollar otras enfermedades como diabetes, enfermedades coronarias y cáncer (hasta 13 tipos de tumor), y una reducción de la esperanza de vida.
Opciones Terapéuticas
- Tratamiento Psicológico: Imprescindible para identificar posibles factores emocionales y conductuales implicados en la aparición y desarrollo de la obesidad.
- Tratamiento Quirúrgico: La cirugía bariátrica es el último recurso si otros tratamientos no han funcionado. Su objetivo es lograr una pérdida de peso duradera, disminuir comorbilidades y mejorar la calidad y esperanza de vida. Para acceder a esta cirugía, los pacientes deben ser valorados por un equipo multidisciplinar y cumplir requisitos específicos.
- Dieta Adecuada: Una dieta adecuada es una de las bases del tratamiento, independientemente de otras opciones terapéuticas. Se recomienda seguir un patrón de alimentación que haya demostrado beneficios para la salud, como la dieta mediterránea, que incluye abundantes hortalizas, frutas, legumbres, cereales integrales, grasas saludables, carnes magras, pescados y agua.
Es importante establecer objetivos realistas, ya que existe la posibilidad de recuperación de peso. Previo a instaurar un plan de alimentación individualizado, se recomienda evaluar los hábitos del paciente para adaptar las pautas dietéticas a sus preferencias, costumbres, cultura y estilo de vida, buscando así una adherencia al tratamiento a largo plazo.
Cualquier actividad física, por mínima que parezca, es un logro al desplazar tiempo de sedentarismo. Sin embargo, las patologías osteoarticulares son frecuentes en personas con obesidad mórbida, y el dolor condiciona la movilidad. Estudios informan de la dificultad para desarrollar correctamente el patrón de la marcha y una disminución del equilibrio, aumentando el riesgo de caídas.
No se deben hacer comentarios sobre los cuerpos ajenos ni juzgar o excluir a otros por tener cuerpos no normativos.

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