La obesidad es un problema de salud pública global que afecta tanto a países desarrollados como a aquellos en vías de desarrollo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una epidemia de enfermedad crónica no transmisible con un origen multicausal que puede iniciarse en edades tempranas. Las cifras mundiales indican un aumento drástico en la prevalencia de la obesidad, pasando de 105 millones de personas obesas a 641 millones en cuatro décadas. Si la tendencia se mantiene, se estima que para el año 2025, la quinta parte de la población mundial será obesa.
Aunque en años recientes se han identificado factores genéticos que predisponen a la obesidad, el incremento acelerado y la extensión del problema se atribuyen principalmente a cambios significativos en la alimentación, el patrón de actividad física y otros factores socioculturales.

La Obesidad en el Contexto de la Atención Médica
A pesar de la magnitud del problema, en la atención de salud, la obesidad rara vez se aborda como un asunto aislado. Generalmente, se integra dentro del tratamiento de otras enfermedades, especialmente las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como la diabetes. Esto puede deberse a que la obesidad a menudo se percibe más como un factor de riesgo para otras afecciones que como un problema en sí mismo.
Modelos Explicativos de la Obesidad
El modelo epidemiológico clásico postula que la obesidad se produce por la confluencia de la predisposición genética y los factores ambientales desencadenantes. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, diversas disciplinas de las Ciencias Sociales, como la Sociología de la Salud, la Sociología del Consumo, la Antropología Cultural y Social, y la Psicología, han contribuido al análisis de la obesidad.
Actualmente, se reconoce la necesidad de un abordaje integral y multidisciplinar que integre conocimientos de las Ciencias Naturales y Sociales. La incorporación de las Ciencias Sociales en el estudio de problemas de salud, iniciada en los años cincuenta, ha ampliado la capacidad para detectar y comprender problemas sanitarios, ofreciendo una multiplicidad de modelos teóricos y paradigmas explicativos.
Evolución de la Comprensión de la Obesidad
A principios del siglo XX, la obesidad se clasificaba como una enfermedad de carácter endógeno o exógeno, dependiendo de si predominaban los factores genéticos o los relacionados con la dieta y el sedentarismo. A finales del mismo siglo, los cambios económicos y políticos, como la globalización, impactaron la estructura social y la comprensión de la salud humana. En lugar de enfocarse en la inequidad, el paradigma dominante introdujo la noción de transición epidemiológica para explicar la evolución de las enfermedades.
Durante esta época, se observaron cambios paradigmáticos en campos como la Psicología, la Sociología y la Antropología, paralelamente a la visión biomédica. El estudio de la obesidad, por lo tanto, requiere ser analizado desde sus dimensiones políticas, económicas, culturales, sociales y conductuales, conformando un sistema complejo de análisis.
La Obesidad como Fenómeno Global y su Impacto Económico
La salud pública de un país se ve amenazada por la obesidad cuando al menos el 20% de la población adulta la padece. Regiones como América Central y del Sur, África del Norte y Oriente Medio, Norteamérica y África Austral presentan las mayores prevalencias (entre 27% y 31%). La OMS (2016) reportó que la obesidad se ha duplicado a nivel mundial desde 1980, afectando a 1.500 millones de adultos en 2008, de los cuales más de 200 millones eran hombres y cerca de 300 millones mujeres. La obesidad y el sobrepeso han sido declarados epidemia mundial.
La obesidad representa una carga económica considerable para los sistemas de salud debido a sus elevados costos directos e indirectos. En América Latina y el Caribe, la FAO informó en 2019 que cada año se suman 3.6 millones de personas obesas, y uno de cada cuatro habitantes se convierte en obeso anualmente. El sobrepeso afecta al 7.3% de los niños menores de cinco años en esta región, superando el promedio mundial.

Factores Contribuyentes a la Obesidad
Los entornos sociales actuales fomentan el sedentarismo, y los estilos de vida contemporáneos, caracterizados por un mayor consumo de alimentos fuera del hogar, porciones más grandes, comida rápida y una ingesta escasa de frutas y hortalizas, conducen a un modelo dietético hipercalórico y bajo en nutrientes. A pesar de esto, la relación entre obesidad, nutrición y dieta a menudo se interpreta desde una perspectiva biológica. Sin embargo, la magnitud de los problemas de salud actuales impulsa la necesidad de comprender la obesidad desde otros marcos de referencia, como una perspectiva postepistemológica que incorpore categorías centrales de la vida y sus relaciones con la sociedad.
La Perspectiva Biomédica de la Obesidad
La medicina científica, fundamentada en el modelo biomédico, se enfoca en el estudio y tratamiento de las enfermedades como entidades independientes de los pacientes. El cuerpo humano se concibe como una estructura anatómica con aspectos morfológicos y funcionales definidos, y la enfermedad como una lesión morfológica y/o funcional. Desde esta visión, la obesidad se define como "el incremento del tejido adiposo corporal, con frecuencia acompañado de aumento de peso, cuya magnitud y distribución afectan la salud del individuo".
Según la concepción biomédica, la patogenia de la obesidad involucra factores genéticos, endocrinos, neurológicos, psicológicos y socio-ambientales en diversos grados. La medicina evolutiva sugiere que la información genética, modificada por la interacción de factores genéticos, ambientales y culturales a lo largo de la evolución, permitió la adaptación humana a su entorno, alejándola de su diseño evolutivo original.

Nutrición y Obesidad
La nutrición es el proceso mediante el cual el organismo obtiene energía y nutrientes de los alimentos para mantener sus funciones vitales. Una ingestión inadecuada de alimentos, tanto en cantidad como en calidad, o un deficiente funcionamiento de este proceso, conducen a una mala nutrición, que puede manifestarse como desnutrición o como consumo excesivo (obesidad o sobrepeso).
Desde el punto de vista nutricional, el sobrepeso y la obesidad son el resultado de un desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto energético, lo que provoca una acumulación excesiva de tejido adiposo. La variedad de la dieta puede influir en el desarrollo y mantenimiento de la obesidad, ya que el umbral de saciedad y la ingesta alimentaria se modifican según el tipo y la cantidad de alimentos consumidos.
En el abordaje terapéutico nutricional de la obesidad, la dieta sigue siendo fundamental para la reducción del peso corporal, principalmente a expensas de la masa grasa. Es crucial considerar la multitud de factores que contribuyen al desarrollo de esta enfermedad, incluyendo elementos no modificables (genético-hereditarios, fetales) y otros modificables (alimentación, actividad física, ejercicio).
Aspectos Psicológicos y Trastornos del Comportamiento Alimentario
El estudio de la obesidad desde la perspectiva del individuo cobra gran relevancia, implicando la presencia o ausencia de variables psicológicas, conductuales y actitudinales que influyen en la calidad de vida. La psiquiatría ha investigado la incidencia de trastornos del comportamiento alimentario (TCA) relacionados con el desarrollo de la obesidad.
Se ha observado una asociación entre la depresión y el desarrollo de obesidad, especialmente en niños, adolescentes y mujeres adultas. En hombres adultos, el curso de la depresión puede variar, con algunos ganando peso y otros perdiéndolo. La psicopatología se considera una de las complicaciones más importantes de la obesidad, siendo la ansiedad y la depresión los trastornos más frecuentes.
Conductas como la sobreingesta de alimentos mediante atracones, conocida como Trastorno por Atracón (BED), se asocian con la disminución de la ansiedad. Este trastorno es el más prevalente entre los pacientes obesos que buscan tratamiento, seguido por la bulimia nerviosa. Investigaciones sugieren una relación bidireccional entre obesidad y depresión, donde las mujeres con obesidad tienen mayor probabilidad de desarrollar depresión, y aquellas con depresión tienen un riesgo aumentado de desarrollar obesidad.
Pacientes obesos candidatos a cirugía bariátrica han mostrado niveles más altos de estrés, ansiedad, depresión y ansia por la comida, así como niveles más bajos de autoestima y síntomas de trastorno del comportamiento alimentario, en comparación con individuos de peso normal. Las alteraciones mentales pueden desempeñar un papel significativo en la identificación de factores etiopatogénicos de la obesidad.

Estereotipos y Percepción de la Obesidad
El prejuicio sesga los procesos de categorización, llevando a la asignación de características a las personas obesas que van más allá de los datos objetivos. El estereotipo, al llenar el contenido categorial, permite categorizar a una persona obesa basándose en creencias preexistentes, fusionando el estereotipo con la categorización. Este fenómeno ocurre tanto en la percepción de la personalidad como en la atribución de características negativas.
Estudios han demostrado que las personas obesas tienden a definirse de manera diferente a los grupos control o a pacientes con trastornos alimentarios. Mientras las personas obesas utilizan con mayor frecuencia adjetivos "positivos" para describirse, otros grupos tienden a emplear adjetivos de connotación más "negativa". Esto sugiere que los estereotipos introducen un sesgo perceptivo en cuanto a las características de personalidad, y el miedo al sobrepeso puede influir en estos hallazgos.
Los pacientes atribuyen a las personas obesas características de personalidad que, en conjunto, son percibidas como más negativas por los grupos control. La estigmatización por el peso, un fenómeno que ocurre especialmente en mujeres, ha llevado a que el tener un peso alto sea una característica socialmente devaluada y denigrada, convirtiendo a las personas de cuerpos grandes en objeto de discriminación.
Estereotipos en Adolescentes y el Entorno Escolar
La evidencia sobre los estereotipos asociados al tamaño corporal es escasa. Entrevistas a adolescentes de la Ciudad de México revelaron sus perspectivas sobre las cualidades atribuidas a personas de diferente peso corporal en el ambiente escolar. Se observó que el ideal de belleza femenina se centra en cuerpos delgados con caderas y busto prominentes, mientras que el ideal masculino enfatiza el volumen y la definición muscular.
Los atributos asociados a cuerpos de mayor tamaño incluyeron ser perezosos, comer en exceso y mal, tener mala condición física, no ser saludables y ser poco atractivos. Los comentarios negativos sobre cuerpos grandes fueron frecuentes. En el entorno escolar, las siluetas corporales intermedias (ni muy delgadas ni muy gordas) fueron consideradas las más atractivas, asociándose con mejor condición física, salud, autoestima, buena alimentación, ejercicio y un aspecto físico más deseable.
Se ha observado que las experiencias de prejuicio que sufren las personas con peso alto implican que esta característica ha sido estigmatizada. El estigma se produce a través de procesos como el etiquetamiento, la formación de estereotipos, la separación social, la pérdida de estatus y la discriminación. En México, un porcentaje significativo de adultos y niños han reportado haber sido discriminados por su peso o estatura.

La Estigmatización por el Peso y sus Consecuencias
El estigma asociado al peso, o estigmatización por el peso, es un fenómeno complejo con profundas implicaciones en la vida de las personas. Este estigma puede manifestarse en diversos ámbitos, incluyendo el laboral, el de las relaciones sociales y el de la atención médica. Las experiencias de discriminación por peso pueden generar sentimientos de vergüenza, aislamiento y afectar negativamente la salud mental y física.
La investigación sugiere que la estigmatización por el peso puede ser un obstáculo para la búsqueda de ayuda médica y para la adopción de comportamientos saludables. Por ejemplo, el miedo a ser juzgados o estigmatizados por profesionales de la salud puede llevar a evitar consultas médicas, retrasando o impidiendo el diagnóstico y tratamiento de condiciones relacionadas con la obesidad.
Además, los estereotipos negativos asociados a la obesidad pueden influir en las interacciones sociales y en las oportunidades laborales. Estudios han demostrado que los empleadores pueden tener prejuicios contra candidatos obesos, lo que resulta en discriminación en el proceso de contratación. De manera similar, las personas obesas pueden enfrentar estigma en sus relaciones sexuales y en otros aspectos de su vida personal.
¿Sabes qué es el estigma de peso?
Conocer la influencia de los estereotipos en la percepción de la obesidad es fundamental para un acercamiento sin prejuicios al paciente, facilitando así un tratamiento más efectivo y humanizado.
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