Obesidad Infantil: Causas, Consecuencias y Estrategias de Prevención

Nuestro país ocupa el tercer lugar en Europa en prevalencia de sobrepeso y el cuarto en obesidad infantil. El impacto de la pandemia en los hábitos alimentarios y la actividad física de los niños es motivo de inquietud. La obesidad infantil es una condición en la que un niño tiene un exceso de grasa corporal. Se mide comúnmente utilizando el índice de masa corporal (IMC), que tiene en cuenta la estatura y el peso del niño. Para comprobar si un niño tiene obesidad infantil, se utiliza la medida del Índice de Masa Corporal (IMC), que compara el peso y estatura del niño con los de otros de la misma edad y sexo. Es fundamental que la evaluación y el diagnóstico lo realice siempre un profesional de la salud (pediatra o endocrinólogo), quien interpretará estas curvas en el contexto del desarrollo individual del niño. La obesidad infantil se ha convertido en un objetivo de salud pública de primer orden en la mayoría de países. Según los últimos cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de lactantes y niños pequeños (de 0 a 5 años) que padecen sobrepeso u obesidad aumentó de 32 millones en 1990 a 41 millones en 2016. Cifra que asciende hasta los 340 millones observando a niños y adolescentes (de 5 a 19 años).

Gráfico de la prevalencia de obesidad infantil en Europa

La obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Para saber si una persona tiene obesidad o sobrepeso se utiliza el Índice de Masa Corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso en kilogramos por el cuadrado de la talla en metros (kg/m2). Estos umbrales sirven de referencia para las evaluaciones de adultos, pero para los niños los valores de referencia del IMC no se pueden aplicar con exactitud, ya que cambian según la edad y el sexo. Según un estudio de la OMS, en nuestro país, alrededor de un 40% de los pequeños tienen sobrepeso y un 19% de los niños y un 17% de las niñas presentan obesidad.

Causas de la Obesidad Infantil

La obesidad infantil no tiene una única causa, sino que es el resultado de una combinación de factores. La causa fundamental de la obesidad y el sobrepeso es un desequilibrio entre la ingesta y el gasto de calorías. Para evitar esta descompensación calórica, hay que prestar especial atención a la alimentación y al ejercicio.

Hábitos Alimentarios Inadecuados

Sin duda, tener una mala alimentación es un factor determinante para sufrir obesidad infantil. Normalmente, este problema llega cuando se hace un consumo frecuente de alimentos con alto contenido de grasas saturadas, azúcares añadidos y sodio como la comida rápida, bollería, snacks, refrescos con azúcar. Este tipo de alimentos son densos energéticamente y, sobre todo, muy apetecibles, por eso es muy fácil recurrir a ellos y sufrir un desequilibrio calórico. La OMS asegura que “en las últimas décadas ha habido una modificación mundial de la dieta, con una tendencia al aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos, ricos en grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes”.

Es obligación de los padres y los profesionales que atienden los comedores escolares diseñar una rutina de comidas en las que las frutas y verduras sean protagonistas. Se consuman carnes sin grasas y pescados ricos en Omega 3 y, por supuesto, se incluya el agua y los alimentos ricos en fibra. El consumo frecuente de alimentos con alto contenido de azúcar añadida, grasa saturada o sodio puede hacer que tu hijo suba de peso. Entre estos alimentos se incluye comida rápida, productos horneados y bocadillos de máquinas expendedoras. Las golosinas y los postres también pueden causar un aumento de peso. También pueden contribuir a esto las bebidas azucaradas, como los refrescos, los jugos de frutas y las bebidas deportivas. Este tipo de alimentos y bebidas están en todas partes y están diseñados para atraer al paladar. Está bien disfrutar de estos antojos de vez en cuando. Intenta comerlos o beberlos lentamente y con atención, prestando atención a cada bocado o sorbo. Y asegúrate de revisar el tamaño de las porciones indicadas en las etiquetas.

Moderar el consumo de productos ricos en azúcares simples, como golosinas, dulces y refrescos, ya que tienen un escaso o nulo valor nutricional y muchas calorías. Nunca prescindir de un desayuno completo, compuesto por lácteos, cereales (pan, galletas, cereales de desayuno…) y frutas, al que debería dedicarse entre 15 y 20 minutos de tiempo. Resérvalos para ocasiones excepcionales, y mientras, haz que el agua se convierta en su bebida favorita para la sed.

Falta de Actividad Física

La falta de actividad física es un factor importante. Los niños necesitan al menos 60 minutos de actividad física diaria. ¡Anímalos a practicar algún deporte o hacer paseos y visitas al parque con frecuencia! Y, sobre todo, ¡cuidado con las pantallas! Los niños que no se mueven lo suficiente a diario tienen más probabilidades de aumentar de peso. Así que motiva a tu hijo a realizar al menos 60 minutos de actividad física al día. Pasar demasiado tiempo inactivo también influye en el aumento de peso. Algunos ejemplos de inactividad son sentarse a ver la televisión, jugar videojuegos o utilizar mucho las redes sociales. La televisión y los programas en línea también pueden mostrar comerciales o anuncios de comida chatarra. Si tu hijo tiene 2 años o más, intenta limitar el tiempo de ocio frente a la pantalla que no se utilice para tareas escolares a no más de dos horas al día.

La poca actividad física, principalmente en la niñez, es totalmente nociva a todos los niveles. En la sociedad actual los contenidos multimedia, las redes sociales y los videojuegos han sustituido a los deportes al aire libre, los juegos infantiles en la calle y al ejercicio físico. Esta inactividad ralentiza el metabolismo y eso provoca que el organismo del niño no sea capaz de gastar las calorías consumidas. La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad asegura que un niño obeso tiene muchas probabilidades de ser un adulto obeso. Además, padecer un sobrepeso acentuado o ser obeso durante la infancia o adolescencia suele acarrear consecuencias psicológicas muy importantes, que se traducen en una baja autoestima, resultados escolares anormales, estigmatización, cambios en las relaciones sociales, etc. Todos los niños y niñas deberían realizar actividad física durante una hora al día (continuada o en periodos de 10 minutos a lo largo del día) y, al menos, dos veces por semana.

Infografía sobre la importancia de la actividad física en niños

Factores Genéticos e Históricos

Si los padres o familiares cercanos tienen obesidad, el riesgo para el niño aumenta. Los hijos de padres obesos tienen mayores probabilidades de padecer obesidad. Existen algunos comportamientos que reducirán las posibilidades de que nuestros hijos desarrollen obesidad infantil. Factores genéticos: en general, los hijos de padres obesos tienen mayores posibilidades de serlo.

Factores Psicosociales y Socioeconómicos

Aunque pueda parecer extraño, el entorno familiar y socioeconómico también influye en la obesidad infantil. El estrés personal y familiar puede aumentar el riesgo de un niño de padecer obesidad. El estrés constante puede hacer que el cuerpo produzca grandes cantidades de hormonas como el cortisol. Los niveles altos de estas hormonas pueden causar una mayor sensación de hambre. También pueden causar ansias de alimentos con alto contenido de grasa y azúcar añadida. Si crees que tu hijo tiene demasiado estrés, habla con su profesional de atención médica. En algunas comunidades, las personas tienen recursos limitados y poco acceso a los supermercados. Por lo tanto, su acceso principal a los alimentos puede ser a comida semipreparada que no se descompone rápidamente. Estos incluyen comidas congeladas, y galletas saladas y dulces. El acceso a frutas y verduras frescas, carnes y otras proteínas, así como a alimentos con granos enteros, puede ser limitado.

Factores Perinatales y Complicaciones en el Parto

Estudios recientes en zonas geográficamente dispares parecen confirmar que el nivel socioeconómico de los padres puede aumentar el riesgo de obesidad en los niños y adolescentes. Generalmente, el nivel socioeconómico está también relacionado con el grado de educación de las madres, además de tener una relación sólida con hábitos alimentarios y de estilo de vida más o menos saludables. Los autores han encontrado asociaciones interesantes entre la presencia de complicaciones durante el parto y un mayor riesgo de padecer obesidad, que permiten afianzar la necesidad de preservar la salud perinatal para evitar o limitar la aparición de futuros eventos en los niños.

Consecuencias de la Obesidad Infantil

La obesidad infantil no es solo una preocupación estética; conlleva riesgos significativos para la salud. La obesidad infantil tiene un impacto profundo en los niños, no solo en su salud física, sino también en su bienestar emocional y social.

Problemas Físicos

En cuanto a los problemas físicos, los niños con sobrepeso tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, niveles altos de colesterol y triglicéridos, y un exceso de presión sobre los huesos y articulaciones, lo que puede generar dolor y otros problemas ortopédicos. El sobrepeso y la obesidad infantil se asocian a una gran variedad de problemas de salud, algunos de ellos relacionados con el sistema cardiometabólico como hipertensión, diabetes o aumento de colesterol y triglicéridos. Estas alteraciones pueden perpetuarse hasta la etapa adulta y tener gran impacto en la vida presente y futura de los individuos que las padecen. Diabetes tipo 2: Esta afección a largo plazo afecta la forma en la que el cuerpo utiliza el azúcar, que también se llama glucosa. Colesterol alto y presión arterial alta: Una dieta deficiente puede causar una o ambas afecciones. El nivel de colesterol alto y la hipertensión arterial pueden contribuir a la acumulación de plaquetas en las arterias. La acumulación puede hacer que las arterias se estrechen y endurezcan. Dolor en las articulaciones: El peso adicional causa más tensión en las caderas y las rodillas. Afecciones de la respiración: El asma es más común en niños con sobrepeso. Estos niños también tienen más tendencia a padecer apnea obstructiva del sueño. Enfermedad hepática de acumulación de grasa relacionada con la disfunción metabólica: Esta afección causa que los depósitos de grasa se acumulen en el hígado. Generalmente, esta no causa síntomas. Pero puede causar la formación de cicatrices y daños al hígado.

Una de las consecuencias más inmediatas de la obesidad infantil es que ya se están viendo muchos niños con diabetes tipo 2 (la llamada diabetes del adulto), hipercolesterolemia (colesterol elevado) e hipertensión arterial, lo que les predispone ya desde la infancia a sufrir enfermedades cardiovasculares graves.

Problemas Emocionales y Sociales

En el aspecto emocional y social, la obesidad puede afectar la autoestima de los niños, llevándolos a sentirse aislados o incluso a ser víctimas de bullying escolar. Esto, a su vez, puede generarles estrés y depresión, y algunos recurren a la comida para tratar de lidiar con esas emociones. Los niños con obesidad pueden sufrir burlas y acoso por parte de sus pares. En consecuencia, pueden tener una baja autoestima. Problemas que aparecen o son reforzados por factores como la burla de los demás niños, los problemas a la hora de comprar ropa, la dificultad de relacionarse afectivamente con otras personas por miedo al rechazo o la presión del qué dirán.

Incluso, la obesidad infantil puede contribuir a desarrollar dificultades emocionales y de comportamiento, así como reducir el rendimiento académico.

Riesgos a Largo Plazo

A largo plazo, si no se controla, la obesidad infantil aumenta las posibilidades de que la persona siga siendo obesa en la adultez, lo que a su vez eleva el riesgo de sufrir otras enfermedades graves. La obesidad infantil es una afección compleja. Existen muchos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de obesidad infantil. La obesidad infantil tiene un impacto profundo en los niños, no solo en su salud física, sino también en su bienestar emocional y social. En cuanto a los problemas físicos, los niños con sobrepeso tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, niveles altos de colesterol y triglicéridos, y un exceso de presión sobre los huesos y articulaciones, lo que puede generar dolor y otros problemas ortopédicos.

Prevención y Tratamiento de la Obesidad Infantil

La mejor estrategia contra la obesidad infantil es la prevención, y esta empieza en casa. Como padre o madre, eres el modelo a seguir de tus hijos, y por lo tanto, la mejor manera de prevenir la obesidad infantil es hacer cambios en familia. El tratamiento de la obesidad infantil debe ser integral y abordar tanto los aspectos físicos como los psicológicos. La prevención es fundamental. A través de una dieta equilibrada, actividad física regular, apoyo emocional y la participación activa de la familia, es posible abordar y prevenir la obesidad infantil. La educación sobre la importancia de un estilo de vida saludable desde una edad temprana es esencial para el bienestar futuro de nuestros niños.

Cambios en la Dieta Familiar

Para mantener una alimentación saludable, es importante priorizar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas magras, convirtiéndolos en la base de la dieta familiar. Además, ¡hay que limitar el consumo de azúcares y alimentos ultraprocesados! Se acabaron los refrescos y zumos industriales constantes, toca pensar en otros desayunos y meriendas saludables. Aquí va otra forma de alimentarse saludablemente… ¡Comer en familia sin distracciones! Organiza un menú saludable infantil para la semana, nada de tener la televisión de fondo o el móvil en la mesa y empieza a fomentar una alimentación consciente para modelar buenos hábitos.

Ofrece comidas y refrigerios equilibrados cada día: Para servir una comida equilibrada, considera el espacio que ocupa cada alimento en el plato. Las frutas y verduras deben ocupar la mitad del plato. Los cereales como el bulgur, el arroz integral y la pasta de trigo integral deben ocupar un cuarto del plato. Las proteínas como la carne magra, el pollo, los mariscos y las lentejas deben ocupar el otro cuarto del plato. Entre comidas, ofrece refrigerios con muchos nutrientes y pocas azúcares añadidas, grasas saturadas y sodio. Algunos ejemplos de refrigerios equilibrados son yogur con bayas, una manzana con mantequilla de frutos secos y galletas saladas integrales con pavo y aguacate. Sigue ofreciendo nuevos alimentos: Es posible que a tu hijo no le guste un alimento nuevo de inmediato. Fomenta una relación saludable con la comida chatarra: Algunos alimentos como la comida rápida, las galletas dulces y las papas fritas son sabrosos, pero tienen poco valor nutricional. Muchos tipos de comida chatarra también tienen altos niveles de grasas saturadas, sodio o azúcares añadidas. Las bebidas azucaradas y los jugos de fruta también suelen tener mucho azúcar y poco o ningún valor nutricional. Explícale a tus hijos que pueden disfrutar estos alimentos ocasionalmente, como un helado durante una salida familiar. Pero ayúdalos a entender que la comida chatarra no proporciona la energía constante que los alimentos nutritivos sí ofrecen. Considera no incluir comida chatarra en la lista de compras ni en el hogar.

La unidad familiar ha de hacer el esfuerzo de programar las comidas de la semana e incluir legumbres, carnes, pescados, hidratos de carbono ricos en fibra, frutas y verduras, para evitar caer en la tentación de alimentarnos a base de alimentos procesados, dulces industriales, bebidas azucaradas y comida rápida.

Aumento de la Actividad Física Familiar

Es importante motivar a tu hijo a moverse al menos una hora al día, ya sea a través de un deporte o alguna actividad como ir al parque, bailar o caminar juntos. Como ya te hemos adelantado, es fundamental limitar el tiempo frente a pantallas. Los niños mayores de dos años no deberían superar las dos horas diarias fuera de las tareas escolares, mientras que los menores de dos años deben evitar el tiempo de pantalla por completo. Los niños necesitan actividad física para que sus huesos y músculos, y en general todo su organismo, permanezca fuerte y sano. Es una gran excusa para que todos los miembros de la familia realicen alguna actividad física y divertida al aire libre. El deporte es recomendable y beneficioso a cualquier edad y la vitamina D del sol también es otra fuente de salud importante.

Limita el tiempo frente a las pantallas: No permitas que tu familia vea televisión durante las comidas y haz que los miembros de la familia guarden los teléfonos y las tabletas. Dado que tu hijo probablemente usará pantallas en otros momentos, piensa en establecer un límite de tiempo que todos en casa sigan.

Participación y Apoyo Familiar

La familia desempeña un papel crucial. Como padre o madre, eres los modelos a seguir de tus hijos, y por lo tanto, la mejor manera de prevenir la obesidad infantil es hacer cambios en familia. Da un buen ejemplo: Haz de la alimentación saludable y la actividad física regular un asunto familiar. De esta manera, todos se benefician y nadie se siente señalado. En cualquier caso, la familia debe implicarse directamente en los cambios en los hábitos de vida que permitirán la pérdida de peso, realizando en lo posible las comidas juntos y realizando actividades deportivas con el niño.

Menos ordenador y más rato con la familia. Aunque no seamos conscientes de esta circunstancia, cada día más nos pasamos muchas horas delante de una pantalla. Además de sus efectos nocivos para la vista, el hecho de permanecer sentados provoca dolores articulares y de espalda, y evita que los más pequeños quemen las calorías sobrantes.

Apoyo Profesional y Educación Sanitaria

El tratamiento de la obesidad infantil debe ser integral y abordar tanto los aspectos físicos como los psicológicos. Si no se hace así, el paso siguiente es la detección precoz de la obesidad infantil y la adopción de medidas dietéticas, aunque poniendo cuidado en no interferir en el desarrollo y crecimiento del niño. Lo mejor es consultar con un endocrinólogo para que él defina lo que hay que hacer. Asegúrate de que tu hijo se someta a revisiones médicas, al menos, una vez al año. Durante estas consultas, un profesional de atención médica mide la estatura y el peso de tu hijo y calcula su índice de masa corporal.

Sistema de Puntuación para Hábitos Saludables

Un equipo investigador ha diseñado un sistema de puntuación basado en la adherencia a hábitos saludables capaz de cuantificar el riesgo de sufrir sobrepeso, obesidad y otras alteraciones cardiometabólicas (alteraciones del azúcar en sangre, presión arterial, colesterol elevado, etc) en niños. El sistema de puntuación propuesto contempla seis comportamientos relacionados con el estilo de vida: el cumplimiento de las recomendaciones de lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida; realizar actividad física al menos dos horas a la semana; comer poco a poco en las tres comidas principales; adherirse a la dieta mediterránea; limitar el uso de pantallas a menos de dos horas al día y cumplir con las horas de sueño recomendadas según la edad. Los resultados indican que aquellos niños con mayor puntuación presentan menos riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad, menor perímetro de cintura, menor índice de grasa corporal, menor presión arterial y niveles de glucosa en sangre adecuados.

UNA DIETA SALUDABLE | Vídeos Educativos para Niños

En Suavinex sabemos que criar a un hijo es un desafío constante, y la salud es lo primero. Te animamos a iniciar hoy mismo pequeños cambios en tus hábitos familiares para evitar la obesidad infantil. Y recuerda: eres su mejor ejemplo y el motor del cambio.

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