La hibernación es un estado de latencia fisiológica extrema que permite a ciertos animales sobrevivir a condiciones adversas de frío y escasez de alimento. Este proceso implica una reprogramación profunda del metabolismo, la temperatura corporal y el funcionamiento de órganos vitales, permitiendo la supervivencia durante meses sin ingesta ni movimiento.
Hasta hace poco, se creía que la duración del día era el principal factor que guiaba el comportamiento estacional de los mamíferos en cuanto a la ingesta de alimentos. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de California en San Francisco sugiere que el equilibrio entre grasas saturadas e insaturadas en la dieta juega un papel igualmente, o incluso más, importante.

El papel de las grasas saturadas e insaturadas en la regulación metabólica
Los investigadores descubrieron que la grasa saturada influye en el comportamiento de la proteína PER2, la cual regula el metabolismo de las grasas y los ritmos circadianos. La cantidad de grasa saturada consumida puede indicar al cuerpo si debe quemar grasa o almacenarla.
Con la llegada del verano, las plantas producen más grasas saturadas. En los mamíferos, estas grasas señalan una temporada de abundancia, y la proteína PER2 estimula al cuerpo a almacenar energía para el invierno, cuando los suministros de alimentos escasean. Por el contrario, en otoño, las plantas producen más grasas insaturadas, que ayudan a su funcionamiento en climas fríos. El consumo de estas grasas insaturadas en lugar de las saturadas indica el fin del verano. A medida que los suministros de alimentos disminuyen, PER2 prepara al cuerpo para utilizar sus reservas de grasa.
“Es lógico que tanto la nutrición como la duración del día guíen el comportamiento estacional”, afirma el Dr. Louis Ptacek, profesor de Neurología y autor principal del estudio. El ejemplo de los osos que hibernan ilustra esta idea: si un oso percibe abundancia de alimento en otoño, podría continuar comiendo en lugar de hibernar, a pesar de la disminución de las horas de luz.
Investigación en ratones: la nutrición y el reloj biológico
El estudio, realizado en ratones, es pionero en investigar el papel de la nutrición en la adaptación estacional de los mamíferos. Los hallazgos, publicados en la revista Science, podrían inspirar nuevos enfoques para el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2.
El equipo de Ptacek y el coautor principal, el Dr. Ying-Hui Fu, han estudiado la proteína PER2 desde que descubrieron en 2001 que el gen y su proteína regulan los ciclos de sueño-vigilia de 24 horas. Una década después, se reveló que PER2 también interviene en el metabolismo de las grasas, lo que llevó a los investigadores a sospechar que los relojes biológicos tienen funciones más allá de la simple marcación del tiempo.

Efecto de la dieta en los ritmos circadianos y la adaptación estacional
Para investigar el efecto combinado de la grasa y la luz, los investigadores simularon los ciclos estacionales exponiendo a los ratones a 12 horas de luz y oscuridad para simular el equinoccio de otoño y verano, y luego a 20 horas de luz para simular el verano y 20 horas de oscuridad para el invierno.
Los ratones con una dieta baja en grasas y calorías se adaptaron fácilmente a los cambios estacionales, mostrando un comportamiento nocturno normal al aumentar las horas de oscuridad. En contraste, los ratones con una dieta rica en grasas tardaron en activarse tras el anochecer.
Posteriormente, se comparó el efecto de alimentos ricos en grasas insaturadas (semillas, frutos secos) con alimentos con grasas hidrogenadas (alimentos procesados). Los ratones que consumieron más grasas hidrogenadas no se adaptaron bien a la oscuridad prolongada del invierno, despertando mucho después del anochecer.
“Este tipo de grasas parece impedir que los ratones perciban las primeras noches de invierno”, explica el investigador postdoctoral Dan Levine. Esto lleva a la pregunta de si ocurre lo mismo en humanos que consumen alimentos procesados como snack.
Alteraciones modernas en los ritmos biológicos
Las grasas hidrogenadas no son los únicos factores modernos que pueden alterar los ritmos estacionales. La luz eléctrica y la disponibilidad constante de alimentos en los supermercados también contribuyen a esta desregulación.
Dado que los humanos han evolucionado para acumular energía en verano y utilizarla en invierno, “comer mucha comida se vuelve desadaptativo cuando no hay escapatoria a la tentación”, señala Levine. Las alteraciones en los ritmos biológicos se han relacionado con trastornos del sueño, obesidad, diabetes y problemas de salud mental. Corregir estos desequilibrios podría mejorar el sueño, los niveles de energía y prevenir enfermedades crónicas.
Levine aconseja resistir la tentación de consumir alimentos grasos, especialmente en invierno.
Hibernación animal: un mecanismo de supervivencia
La hibernación es una de las adaptaciones fisiológicas más extremas en la naturaleza. Implica una profunda reprogramación del metabolismo, la temperatura corporal y el funcionamiento de órganos vitales. Este estado reversible de latencia permite la supervivencia durante meses sin alimentación ni movimiento, en condiciones que serían letales para la mayoría de los vertebrados.
La hibernación es un mecanismo fisiológico de supervivencia en vertebrados endotermos, que responde a periodos de frío o escasez de alimento. Para ser considerada "hibernación verdadera", el organismo debe reducir drásticamente su metabolismo, desacelerar el ritmo cardíaco y bajar la temperatura corporal. Algunos animales acumulan grasa en otoño y luego ayunan durante meses, sustentándose en estas reservas.
Durante la hibernación, la respiración se vuelve superficial y el animal apenas está consciente, minimizando el consumo energético. Antes del invierno, muchos hibernadores comen en exceso para acumular lípidos y proteínas. El metabolismo se deprime y el principal combustible es la grasa: los ácidos grasos se oxidan lentamente, generando energía y agua metabólica. El tejido adiposo pardo y la fosfocreatina suministran ATP y calor durante los despertares periódicos. La resistencia a la insulina es reversible y evita la hipoglucemia a pesar del ayuno prolongado.
La microbiota intestinal de los hibernadores también cambia. Al faltar alimento, disminuye la diversidad bacteriana y predominan aquellas capaces de degradar mucinas o reciclar nitrógeno, ayudando a mantener la homeostasis y suministrando metabolitos esenciales.
Animales que hibernan y animales que no
Los verdaderos hibernadores son principalmente pequeños mamíferos e insectívoros, como roedores (ardillas terrestres de Alaska), erizos, lirones, murciélagos y algunos marsupiales. Estos animales reducen drásticamente su temperatura corporal, metabolismo, frecuencia cardíaca y temperatura.
Anfibios como ranas y reptiles como serpientes pasan el invierno en brumación, un estado menos profundo que la hibernación. Los osos, popularmente asociados con la hibernación, entran en realidad en un letargo invernal, un estado menos extremo.

El reloj biológico anual y los ritmos circadianos
Los hibernadores poseen ritmos circanuales internos que determinan cuándo iniciar y terminar la hibernación. Este "reloj biológico anual", controlado por el hipotálamo, se calibra con señales externas como la duración del día y la temperatura, pero funciona incluso en condiciones constantes. Se sugiere que la hormona melatonina y otras señales endocrinas participan en este ajuste.
La disponibilidad de alimentos es un factor desencadenante clave. Muchos animales despiertan cuando sus recursos habituales reaparecen en primavera. Los hibernadores no duermen continuamente; experimentan despertares periódicos para eliminar desechos y restaurar el equilibrio fisiológico.
Nutrición en carnívoros cautivos: lecciones de la naturaleza
Históricamente, los requisitos nutricionales de los carnívoros cautivos se han basado en el conocimiento de la industria de alimentos para mascotas. Sin embargo, los problemas de salud relacionados con la nutrición siguen siendo comunes, lo que ha aumentado el interés en el manejo de la dieta.
Por ejemplo, suministrar presas enteras en lugar de carne procesada mejora la salud bucal y fomenta el comportamiento alimentario natural. La mayoría de los zoológicos en EE. UU. utilizan piensos comerciales nutricionalmente completos para alimentar a carnívoros exóticos, mientras que en otras partes del mundo es más común suministrar presas enteras.
La carne de cerdo fresca y descongelada puede contener el virus de la pseudorrabia (enfermedad de Aujeszky) y no debe ser proporcionada cruda. La carne y los productos cárnicos deben ser de la misma calidad que los destinados al consumo humano. Es crucial añadir suplementos que contengan como mínimo calcio, vitamina A, yodo, taurina y algunas vitaminas B a las dietas cárnicas.
Dietas específicas para diferentes carnívoros
Las dietas de los félidos exóticos suelen ser más altas en grasas, proteínas y vitamina A que las dietas caninas. Una dieta adecuada para la mayoría de los gatos contiene entre un 45-50% de proteínas, 30-35% de grasas, 3-4% de fibra bruta, 1.2-1.5% de calcio y 1-1.2% de fósforo.
Los gatos silvestres y domésticos son incapaces de convertir el caroteno en vitamina A, el triptófano en niacina y el ácido linoleico en ácido araquidónico. Tampoco sintetizan suficiente taurina y son susceptibles a la intoxicación por amoníaco si la dieta es deficiente en arginina. Estos nutrientes son esenciales para todos los félidos.
Como carnívoros obligados, los félidos exóticos en cautiverio se alimentan principalmente con dietas carnívoras. El efecto beneficioso de la fibra vegetal en gatos domésticos es conocido, pero el papel de las fibras animales (pelaje, huesos, plumas, tendones) como fuente de fibra dietética en félidos ha recibido menos atención. Se ha observado un efecto beneficioso de las fibras animales sobre la fermentación en guepardos cautivos, sugiriendo que las presas enteras promueven la salud intestinal.
Los piensos felinos congelados y enlatados son más apetitosos que los secos. Los alimentos de consistencia blanda pueden producir acumulación de sarro y enfermedad periodontal; por ello, se deben proporcionar huesos con carne intacta dos veces por semana. Los huesos largos de extremidades de caballos o vacuno son adecuados para felinos grandes, mientras que para los más pequeños se pueden usar rabos de buey, costillas o roedores enteros.
Los cánidos pueden alimentarse con piensos caninos congelados, enlatados o secos, prefiriendo los dos primeros. La dieta debe incluir huesos si se usan alimentos blandos. También pueden alimentarse con carne suplementada con vitaminas y minerales, y animales de presa pequeños. Zorros y coyotes pueden incluir pequeñas cantidades de frutas y verduras.
La mayoría de mustélidos y vivérridos se mantienen bien con piensos congelados o enlatados para gatos, o dietas cárnicas suplementadas. Aceptan pequeñas cantidades de frutas, verduras y huevo cocido. Ratones, pescado y pollos pueden ofrecerse ocasionalmente. Costillas pueden promoverse para la salud dental.
Los alimentos enlatados pueden ser más apetecibles para hurones, pero no se recomiendan como dieta base. Los prociónidos pueden alimentarse con dietas similares a las de cánidos pequeños o dietas cárnicas adecuadas. Un alimento seco para perros de buena calidad o un gránulo omnívoro, complementado con vegetales, ayuda a minimizar la obesidad.
El panda rojo se ha mantenido con éxito a base de galletas comerciales con alto contenido en fibra para primates y bambú. El panda gigante requiere grandes cantidades de bambú suplementado con galletas para primates ricas en fibra.
Los osos pueden alimentarse con carne suplementada con vitaminas y minerales, piensos congelados o secos para perros, pescado y/o galletas comerciales para omnívoros. Para osos polares y Kodiak se recomienda una dieta mixta de pienso canino congelado, pescado, pienso seco para perros, galletas para omnívoros y verduras. Los osos herbívoros deben alimentarse con un gránulo de alta fibra, verduras y ramoneo. Las semillas y frutos secos pueden añadirse como enriquecimiento, considerando su densidad energética.
En los osos en cautividad, el consumo de alimentos varía estacionalmente, siendo máximo en verano y principios de otoño, y mínimo en invierno. Se aconseja alimentar a los osos polares con aceite de hígado de bacalao adicional antes de la hibernación.
Importancia de las estrategias de alimentación
La forma en que se suministra la dieta a los carnívoros cautivos es tan importante como la dieta en sí. Imitar el comportamiento alimentario natural es un desafío, y las estrategias varían entre instituciones (días de ayuno, suministro de presas enteras, etc.). Reevaluar los regímenes de alimentación y adoptar estrategias que se asemejen más a la situación natural podría promover un comportamiento más natural y una mejor salud general.
Hibernación humana: ¿una posibilidad futura?
En el año 2122, la teniente Ellen Ripley es encontrada en estado de hibernación tras un accidente espacial. Aunque actualmente los humanos no son capaces de hibernar, la ciencia avanza en esta dirección.
La hibernación en humanos, si fuera posible, implicaría una expresión génica extremadamente baja, con alta actividad en genes que codifican proteínas transportadoras de ácidos grasos (FABPs), reguladas por factores de transcripción PPARγ. Los ácidos grasos son la principal fuente energética durante la inactividad hibernatoria.

Se cree que la epigenética y los micro-ARNs (mi-ARNs) juegan un papel crucial en la regulación transcripcional de genes relacionados con la hibernación. Los mi-ARNs son fragmentos cortos de ARN que regulan la traducción de ARN a proteínas.
Aunque el genoma humano podría contener la información necesaria para la hibernación, no somos capaces de iniciar, mantener o salir de este estado de letargo de forma natural. Se investigan moléculas inductoras de hibernación como el sulfuro de hidrógeno (H2S), el 5’Adenosin monofosfato o el opioide D-Ala(2)-D-Leu(5)-encefalina (DADLE).
Las cámaras de hipersueño, como las vistas en la saga "Alien", podrían inducir la hibernación mediante sustancias químicas. Esto permitiría viajes espaciales de larga duración con un consumo mínimo de recursos, reduciendo el daño oxidativo y el envejecimiento.
Además de los viajes espaciales, la hibernación humana tendría aplicaciones médicas significativas, como en el tratamiento de enfermedades y la recuperación de lesiones. Sin embargo, los mecanismos exactos de inducción, mantenimiento y salida de la hibernación aún no se conocen completamente, lo que hace que su aplicación en humanos esté aún lejos.
Proteínas desacopladoras: el vínculo entre plantas y animales
El Dr. Aníbal Vercesi descubrió en plantas una proteína similar a la proteína desacopladora (UcP) de los animales, que está ligada a la hibernación y la termogénesis.
La UcP, presente en el tejido adiposo marrón de los mamíferos, produce calor y ayuda a mantener la temperatura corporal, especialmente en animales como el oso polar durante la hibernación. Ratones expuestos a bajas temperaturas también aumentan su producción de UcP.
Vercesi encontró una proteína similar en plantas como la papa, el tomate, el maíz, la banana, el mango, el ananá, el durazno, la naranja, la papaya, la manzana, el aguacate y la fresa. Esta proteína vegetal se llama Pump (plant uncoupling mitochondrial protein).

Funciones y aplicaciones de la proteína Pump
La Pump es una proteína desacopladora que disocia la respiración celular de la fosforilación oxidativa, afectando la producción de ATP. Su actividad aumenta a medida que el tomate madura, coincidiendo con un aumento en el consumo de oxígeno.
Al igual que la UcP animal, la Pump necesita ácidos grasos libres para activarse. En el caso de los animales, los ácidos grasos activan la UcP, permitiendo la generación de calor durante la hibernación. Por ello, los osos acumulan grasa en verano y otoño: para consumirla en invierno.
Se han identificado diferentes variantes de la UcP animal (UcP1, UcP2, UcP3, UcP4, UcP5) con roles reguladores. La UcP2 en el tejido adiposo blanco podría explicar por qué algunas personas engordan más que otras con la misma ingesta calórica.
Existen al menos cuatro tipos de Pump en plantas. La Pump tendría más similitudes con las variantes UcP2 y UcP4, y su función primordial sería la regulación del metabolismo energético, en lugar de la termogénesis directa como la UcP1.
Una hipótesis es que la Pump estimularía la respiración, disminuyendo la concentración de oxígeno y promoviendo una defensa contra el estrés oxidativo. Las plantas transgénicas que superexpresan la Pump muestran mayor resistencia al estrés oxidativo, manteniendo la integridad del ADN durante la maduración y senescencia.
El estudio de la Pump podría abrir el camino para el cultivo de plantas tropicales transgénicas resistentes al frío y para el control de la maduración de frutas, reduciendo pérdidas.
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