El ajo, cuyo nombre científico es Allium sativum, es una planta perteneciente a la familia de las liliáceas, al igual que la cebolla y el puerro. Originario del continente asiático, el bulbo de esta planta, dividido en gajos o dientes, es la parte que se utiliza comúnmente como alimento. Su potente sabor no solo enriquece nuestras comidas, sino que también ayuda a reducir la cantidad de sal agregada.
Diversos estudios han demostrado que el ajo posee una gran variedad de nutrientes y componentes beneficiosos, lo que hace muy recomendable su consumo. Además de su perfil nutricional, el ajo destaca por contener alicina, manganeso, selenio y potentes antioxidantes.
El consumo regular de ajo contribuye a la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que resulta beneficioso para la salud cardiovascular. Agregar ajo a las comidas también se asocia con la mejora en la lucha contra infecciones, hongos y virus. Sus componentes, como el calcio y el selenio, ayudan a cuidar la salud de los huesos.
El ajo es un alimento seguro para la salud cuando se consume de forma adecuada, aunque no se recomienda su ingesta en personas que sufren hemorragias. Su versatilidad permite su uso en la gastronomía, el campo medicinal y cosmético, siendo la gastronomía su aplicación más extendida.
Este condimento es mucho más que una simple especia de cocina. Está repleto de ingredientes saludables y tiene un efecto positivo sobre la presión arterial, el sistema inmunitario y la digestión. En este artículo, exploraremos en detalle sus valores nutricionales, vitaminas, y cómo puede ser un aliado en la lucha contra resfriados, la regulación del peso y la salud intestinal. También analizaremos el ajo negro como una alternativa interesante.
Puntos clave sobre el ajo
El ajo ofrece una serie de beneficios y características nutricionales destacadas:
- Perfil nutricional por 100 g: 141 kcal, más del 60% de agua, 28 g de hidratos de carbono, 6 g de proteínas, 2 g de fibra.
- Vitaminas y minerales: Rico en vitaminas B1, B6, C, así como en minerales como potasio, fósforo y calcio.
- Reduce la tensión arterial: La alicina dilata los vasos sanguíneos y tiene un efecto antioxidante.
- Refuerza el sistema inmunitario: Posee propiedades antibacterianas, antivirales y antiinflamatorias.
- Bueno para el intestino: Favorece una flora intestinal sana y estimula la digestión.
- Favorece la pérdida de peso: Ayuda a regular el azúcar en sangre y reduce los antojos.
- Ajo negro: Una alternativa suave que no deja olor desagradable pero mantiene su eficacia.
El poder de los bulbos de ajo: calorías, valores nutricionales y vitaminas
El ajo, con aproximadamente 141 calorías por cada 100 gramos, es una fuente de energía considerable, pero sus beneficios internos son impresionantes. Estos pequeños dientes son auténticas potencias nutritivas. El ajo está compuesto por más de un 60% de agua y contiene unos 28 g de hidratos de carbono, solo 0,1 g de grasa, 6 g de proteínas y 2 g de fibra. Por lo tanto, el ajo es un alimento bajo en azúcares y grasas, ideal para una dieta equilibrada en cantidades moderadas.

Vitaminas y minerales esenciales en el ajo
Por cada 100 gramos, el ajo aporta aproximadamente 14 mg de vitamina C, apoyada por altos niveles de vitamina B6, vitamina B1 y otras vitaminas del grupo B como B2, B5, ácido fólico y niacina. Estas vitaminas desempeñan un papel crucial en el metabolismo energético, el sistema nervioso y las defensas inmunitarias.
En cuanto a los minerales, el bulbo contiene 530 mg de potasio, 134 mg de fósforo, 38 mg de calcio y cantidades menores de magnesio, sodio, hierro y zinc. Este perfil de nutrientes versátil contribuye al funcionamiento normal de numerosos procesos corporales.
| Vitamina | Contenido por 100 g | Mineral | Contenido por 100 g |
|---|---|---|---|
| Vitamina C | 14 mg | Potasio | 530 mg |
| Vitamina B1 | 200 μg | Calcio | 38 mg |
| Vitamina B2 | 80 μg | Magnesio | 35 mg |
| Niacina | 600 μg | Sodio | 19 mg |
| Vitamina B5 | 150 μg | Fósforo | 134 mg |
| Vitamina B6 | 380 μg | Hierro | 1,4 mg |
| Vitamina E | 10 μg | Zinc | 1 mg |
Almacenamiento óptimo para conservar sus propiedades
Un almacenamiento adecuado es crucial para garantizar que los valiosos ingredientes del ajo se conserven el mayor tiempo posible. Los bulbos enteros y los dientes sin pelar pueden guardarse a temperatura ambiente en un lugar seco, bien ventilado y oscuro, como en una cazuela de barro, una bolsa de lino o una bolsa de papel. Los recipientes de plástico sellables no son recomendables, ya que atrapan la humedad y propician la aparición de moho.
Los ajos frescos de textura firme y piel clara también pueden conservarse en el frigorífico, pero deben consumirse pronto. Si cultiva su propio ajo, puede conservarlo secándolo o encurtiéndolo, lo que le permitirá disfrutar de su sabor y beneficios fuera de la temporada de cosecha. En compartimentos a 0 °C, como los de Liebherr BioFresh, se puede duplicar la vida útil del ajo hasta 160 días, ya que se almacena en condiciones óptimas.
Naturalmente sano: cómo el ajo puede reducir la tensión arterial
El ajo es considerado un remedio natural desde hace siglos, y su efecto reductor de la tensión arterial está científicamente demostrado. Esto se debe principalmente al compuesto azufrado alicina, que se produce al cortar o machacar los dientes de ajo. La alicina favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, mejora la circulación y, por tanto, puede reducir significativamente la presión arterial sistólica y diastólica.
Sin embargo, el efecto solo se nota con el consumo regular, idealmente en crudo, ya que el calor destruye parcialmente los principios activos sensibles. Aquellos a quienes no les guste el sabor o sean sensibles al ajo pueden recurrir a preparados o extractos de ajo bien tolerados, que son igualmente eficaces. Es importante consumir la cantidad adecuada: aproximadamente medio bulbo al día puede ser eficaz sin causar efectos secundarios desagradables.

Además de su efecto reductor de la presión arterial, el ajo favorece el sistema cardiovascular en su conjunto. Los compuestos vegetales secundarios que contiene, como sulfuros, flavonoides y saponinas, ayudan a regular los niveles de lípidos en sangre. Esto reduce el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y arteriosclerosis. El ajo también posee propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antibacterianas.
Es importante destacar que las personas que ya estén tomando medicamentos anticoagulantes o sufran de tensión arterial muy baja deben consultar a un médico antes de consumir grandes cantidades de ajo.
Todoterreno curativo: ajo para resfriados, pérdida de peso y mucho más
Los compuestos sulfurosos del ajo, especialmente la alicina, tienen diversos efectos positivos. Favorecen la circulación sanguínea, el metabolismo de las grasas y pueden reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El ajo puede ayudar a recuperarse de los resfriados, gracias a sus propiedades antibacterianas, antivirales y de refuerzo inmunitario.
También favorece la digestión al estabilizar la flora intestinal y promover la formación de bacterias saludables. En cuanto al control de peso, el ajo ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre, lo que reduce los antojos y promueve la sensación de saciedad. Incluso hay indicios iniciales de que su consumo puede tener un efecto positivo en el equilibrio emocional, aunque esto aún requiere más investigación científica. Lo mismo ocurre con sus beneficios para problemas de la piel.
Para las personas sensibles a los olores fuertes, el ajo negro se presenta como una alternativa suave y de sabor dulce. Este tipo de ajo se obtiene mediante un proceso de fermentación natural y, aunque su sabor es diferente, conserva todos los ingredientes saludables del ajo blanco.
Propiedades y beneficios del ajo probados científicamente
Preguntas frecuentes sobre el ajo
¿El ajo engorda?
Sí, porque el ajo es rico en nutrientes importantes. Regula los niveles de azúcar en sangre, facilita la digestión y, por lo tanto, puede reducir los antojos, lo cual es un beneficio claro cuando se intenta perder peso. El ajo negro también tiene este efecto, pero su sabor es más suave. El ajo contiene numerosas vitaminas (C, B1, B6), minerales y sustancias vegetales secundarias, siendo una auténtica fuente de energía.
¿Cuáles son las propiedades curativas del ajo?
Sus propiedades curativas son evidentes en el tratamiento de la hipertensión, las infecciones y los problemas digestivos, entre otros. El ajo también tiene efectos antioxidantes, antibacterianos y antiinflamatorios. Los efectos del ajo solo son perceptibles tras un consumo prolongado y continuado. La alicina, el principal ingrediente activo, puede ayudar a recuperarse de los resfriados. En este caso, el ajo negro puede ser una alternativa suave pero eficaz, con efectos similares y sin el olor intenso.
¿Cuánta cantidad de ajo se recomienda consumir?
Se recomienda aproximadamente medio diente al día. Así es como el ajo puede promover potencialmente la salud a largo plazo, ya sea para bajar la tensión arterial, para la salud intestinal o para el sistema inmunitario. El ajo es especialmente saludable crudo, ya que conserva los principios activos sensibles al calor, como la alicina. Las personas sensibles al ajo pueden optar por el ajo negro, que es más suave pero conserva los mismos efectos beneficiosos. En cantidades excesivas, puede irritar el estómago, por lo que es mejor consumirlo regularmente con moderación que ocasionalmente en grandes cantidades.
*Todas las especificaciones indicadas deben considerarse como valores orientativos y dependen en cada caso del tipo de alimento y del almacenamiento adecuado sin interrupción de la cadena de frío desde la cosecha/producción hasta el electrodoméstico Liebherr. En caso de que los productos alimenticios tengan información sobre la fecha de caducidad mínima, siempre se aplica la fecha que figura en el envase.
Tipos de ajo y su preparación
El ajo, científicamente conocido como Allium sativum, es un alimento humilde pero con una composición sorprendente. La dietista-nutricionista Ainhoa Alemán lo resume así: “El ajo aporta fibra, fósforo, manganeso, potasio, tiamina y vitaminas B6 y C, además de compuestos fitoquímicos organosulfurados como la alicina. Por lo tanto, aunque su valor nutricional por 100 g sea importante, al consumirlo en pequeñas cantidades, la cantidad de nutrientes que aporta es muy reducida. La alicina es muy inestable al calor, y por eso la mejor forma de consumir el ajo es en estado crudo. Tras filetear, machacar o triturar el ajo hay que darle tiempo para que se forme esta alicina”.
Por su intenso sabor, muchas personas renuncian al ajo y, por tanto, a sus beneficios. Sin embargo, cuentan con un aliado: el ajo negro. En cualquier caso, ya sea ajo blanco, morado o negro, la alicina presente tiene un protagonismo esencial para proteger nuestra salud.
Variedades de ajo
- Ajo blanco: Una de las especies más comunes, con envoltura plateada y sabor suave. Suelen durar más tiempo en conservación.
- Ajo castaño: Similar al ajo blanco, de tallo duro pero con sabor suave.
- Ajo morado: Poseen un sabor ligeramente picante dentro de la categoría de sabor suave, y son catalogados como de mejor calidad.
- Ajo negro: Derivado de un proceso de fermentación natural del ajo blanco a temperatura elevada durante 30 días.
- Ajo chino: Se asemeja al ajo rosado en sabor y aspecto, siendo blanco con cubierta rosada.
- Ajo japonés: Muy parecido al ajo chino y rosado en sabor, es una opción útil pero de uso medianamente corto.
Métodos de preparación y uso
La forma más común de usar el ajo es picándolo. El método más sencillo es separar el diente del bulbo, colocarlo sobre una superficie y dar un golpe suave con un cuchillo. Es importante realizar varios golpes firmes pero de poca fuerza para no destruir el diente por completo.
Existen diversas herramientas diseñadas para picar ajo, desde prensadores hasta pequeños envases con cuchillas. Para obtener una textura cremosa, se puede ir añadiendo aceite poco a poco.
El ajo y la salud de las mascotas
El consumo de ajo crudo puede tener beneficios antibióticos, antifúngicos y antiparasitarios para canes, pero debe ser moderado para evitar intoxicaciones. También se le atribuyen propiedades para combatir pulgas y garrapatas, al modificar el pH de la piel y hacerla menos atractiva para estos parásitos.
El ajo en la historia y la medicina
El ajo se cultiva desde hace más de 5000 años y aparece incluso en tumbas egipcias como la de Tutankamón. En el antiguo Egipto se administraba a obreros y soldados para combatir el cansancio y los parásitos intestinales. En Asia y Europa se utilizaba para problemas cardiovasculares e infecciones, mientras que en África se empleaba contra la hipertensión y la malaria. En España, su uso tradicional incluía tratar lombrices, bajar la fiebre o mejorar la circulación. Hoy, la fitoterapia moderna estudia sus propiedades con rigor científico.
En el mercado encontramos cápsulas, aceites, ajo negro y combinaciones con otros compuestos, destinados a mejorar la salud cardiovascular, el metabolismo, el sistema inmunológico y la función digestiva.
Contraindicaciones y mitos
A pesar de sus múltiples beneficios, es importante incorporar el ajo a nuestra dieta con mesura. El consumo excesivo de ajo crudo puede provocar irritación digestiva, halitosis y olor corporal. Algunas personas presentan intolerancia con síntomas como flatulencia, dolor abdominal o reflujo. Incluso se han documentado reacciones cutáneas y respiratorias en casos de alergia sistémica.
La experta Ainhoa Alemán desmonta algunos mitos:
- El ajo en ayunas no ayuda a adelgazar: No existe evidencia científica que lo respalde.
- Propiedades anticancerígenas: Los estudios en animales son prometedores, pero para disponer de evidencia robusta para convertir su uso en una práctica clínica, son necesarios estudios clínicos en humanos de amplia muestra y duración.
El ajo y el resto de hortalizas de la familia de las liliáceas como la cebolla o el puerro, han sido objeto de numerosos estudios por sus posibles efectos protectores contra el cáncer. Sin embargo, Alemán advierte: “Aunque los resultados son prometedores, aún no podemos afirmar que el ajo reduzca el riesgo de cáncer”. No obstante, las dietas en las que se incluyen habitualmente hortalizas como ajo, cebolla y puerro, podrían reducir el riesgo de algunos tipos de cáncer, aunque se necesitan más estudios clínicos que ofrezcan evidencia más sólida”.
El consumo habitual de ajo también podría influir en el correcto funcionamiento del sistema cardiovascular, ya que podría reducir modestamente la presión arterial y la reducción de colesterol y triglicéridos sanguíneos. Se necesitan más estudios y de mayor calidad para establecer la relación causa-efecto. Alemán insiste en que “no se trata de buscar un alimento milagro, sino de integrar el ajo en una dieta variada y equilibrada”. Y añade que su uso en la cocina mediterránea -sopas, sofritos, aliños- es una forma sencilla de incorporarlo sin necesidad de recurrir a suplementos.
Podemos concluir que el ajo es un alimento con una larga tradición cultural que ha despertado el interés científico. Sus potenciales efectos sobre la salud lo convierten en un aliado dentro de una dieta equilibrada. El ajo, la cebolla, las hierbas aromáticas y las especias enriquecen el sabor de los alimentos de forma saludable y nos ayudan a reducir el consumo de sal.