En Japón, la delgadez ha sido durante mucho tiempo un estándar de belleza culturalmente arraigado, influenciado por los medios de comunicación y las percepciones sociales. Sin embargo, esta búsqueda de la figura esbelta ha llevado a una preocupante prevalencia de bajo peso entre las mujeres jóvenes, convirtiéndose en un grave problema de salud pública. Esta situación contrasta con la percepción general de Japón como un país con bajos índices de obesidad, pero revela un lado menos conocido de la salud y la imagen corporal en la sociedad japonesa.

El problema del bajo peso en mujeres jóvenes
Casos como el de Sarah Mizugochi, quien a los 16 años medía 1,64 m y tenía un peso bajo, son cada vez más comunes en Japón. Sarah describía su adolescencia como un período de constante pensamiento en la comida y hambre, restringiendo su consumo a un pastel anual en su cumpleaños. Esta experiencia, que duró varios años, la hacía sentir infeliz.
Una encuesta realizada por el Ministerio de Salud japonés en 2019 reveló que el 20,7% de las mujeres de entre 20 y 29 años tenían clínicamente bajo peso, definido por un Índice de Masa Corporal (IMC) inferior a 18,5. El IMC de Sarah se encontraba por debajo del rango considerado saludable por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda un IMC entre 18,5 y 25.
Japón se destaca como el único país de altos ingresos con una prevalencia tan alta de mujeres con bajo peso. Niveles comparables se observan principalmente en países de bajos ingresos, como Timor Oriental, Burundi, Eritrea y Níger, según un estudio de 2024 publicado en la revista médica Lancet. Es importante notar que en 1990, las mujeres japonesas presentaban menos problemas de bajo peso y el país no era un caso atípico en las estadísticas internacionales.

La influencia de la "norma cultural" y los medios
Varios estudios y encuestas nacionales han documentado una tendencia creciente hacia la delgadez entre las mujeres jóvenes en Japón. Hace algunos años, el término "peso de Cenicienta" se popularizó entre este grupo demográfico. Este concepto se refiere a un IMC justo por debajo del peso saludable, que, aunque oficialmente clasificado como bajo peso, muchas mujeres aspiran a alcanzar. El cálculo del "peso de Cenicienta" (altura en metros al cuadrado multiplicada por 18) generó un debate en internet, con críticas que lo consideraban un objetivo poco realista y perjudicial para la salud.
Tomohiro Yasuda, profesor de la Escuela de Enfermería de la Universidad Seirei Christopher, ha investigado a jóvenes japonesas con bajo peso. Su estudio encontró que, si bien las encuestadas reconocían la necesidad de aumentar de peso, su percepción de cuánto peso debían ganar era significativamente menor que la recomendada para un IMC saludable. Las mujeres con bajo peso en su estudio necesitaban ganar un promedio de 10,3 kg para alcanzar un IMC de 22 (considerado ideal), pero solo deseaban aumentar 0,4 kg.
El profesor Yasuda advierte sobre los riesgos asociados al bajo peso en mujeres jóvenes en Japón, incluyendo la infertilidad, nacimientos con bajo peso y sarcopenia (pérdida de masa muscular relacionada con la edad o la inmovilidad). La desnutrición puede acarrear pérdida ósea, anemia e irregularidades menstruales, mientras que la ingesta insuficiente de proteínas contribuye a una baja masa muscular.
La influencia de los medios de comunicación y la admiración por las tendencias occidentales juegan un papel crucial. Las jóvenes japonesas a menudo perciben a sus celebridades e influencers favoritas como delgadas, lo que refuerza la idea de que "las personas delgadas son mejores". El profesor Yasuda señala que en los medios japoneses, los hombres presentan una diversidad de edades y apariencias, mientras que las mujeres suelen ser retratadas como jóvenes y delgadas, creando una presión social significativa.
La Influencia Asiática En La Cultura Pop Juvenil
Historias personales: De la restricción a la recuperación
La historia de Sarah Mizugochi ilustra la profunda influencia de estas presiones. Desde niña, sus padres la incentivaban a ser delgada, priorizando la carne y las verduras sobre el arroz. Este hábito se mantuvo hasta la adolescencia, cuando su deseo de ser modelo la llevó a restringir aún más su ingesta calórica, llegando a criticar la comida de sus compañeras por su contenido calórico.
Un punto de inflexión para Sarah llegó al estudiar biología en la escuela secundaria, donde aprendió sobre la importancia de la nutrición para el cuerpo humano. Posteriormente, tras el desastre nuclear de Fukushima en 2011, un experto en televisión mencionó que un mejor estado de salud reduce el riesgo de verse afectado por la radiación. Estos dos factores la impulsaron a comer más y aumentar su peso hasta unos 45 kg.
Su experiencia continuó al mudarse al Reino Unido, donde descubrió una menor preocupación por la ingesta calórica y aumentó tres kilos. Sin embargo, al regresar a Japón de vacaciones, comentarios de su entorno, incluida su madre, sobre haber "engordado" la llevaron a intentar perder peso nuevamente, aunque sin éxito a largo plazo. Finalmente, a los 25 años, Sarah comenzó a comer arroz de nuevo y, tras cuatro años, ha aumentado 7 kg, alcanzando un peso saludable, sintiéndose feliz y en forma.

Desafiando los estándares de belleza: La positividad corporal en Japón
Otras personalidades en Japón están activamente desafiando la cultura del bajo peso y los estándares de belleza restrictivos. Dulmi Obata, una joven de 25 años, mitad japonesa y mitad esrilanquesa, ha enfrentado acoso escolar debido a su tono de piel más oscuro, su complexión más grande y la textura de su cabello. Fue llamada "niña negra" y sus compañeros evitaban recibir juguetes de ella, pensando que tenía las manos sucias.
Al llegar a la pubertad, Dulmi notó un aumento en sus curvas y masa muscular, pero esto no la incomodó. En 2021, tras investigar sobre modelos plus size, decidió participar en el concurso Miss Universo Japón. Su objetivo era promover la positividad corporal y demostrar que una modelo de talla grande podía competir, buscando así cambiar los estándares de belleza en Japón. Dulmi llegó a la final, siendo, según su conocimiento, la única mujer de talla grande en participar en el certamen hasta el momento. A pesar de las dudas ocasionales sobre su confianza, se siente orgullosa de su logro.

Factores históricos y sociales detrás de la delgadez
Eric Rath, profesor de historia premoderna de Japón y cultura alimentaria japonesa en la Universidad de Kansas, explica que la delgadez ha sido un estándar de belleza en la cultura japonesa desde hace mucho tiempo. La estructura vertical de un kimono, por ejemplo, favorece una figura esbelta, y las mujeres lo ajustan para acentuar esta silueta.
Históricamente, Japón ha sido un país donde predominan las preferencias masculinas en la representación de la belleza femenina. En artes como el Kabuki, los hombres interpretaban roles femeninos, y en grabados del período Edo, las mujeres eran presentadas como esbeltas, reflejando fantasías masculinas sobre la belleza femenina. En la actualidad, las mujeres japonesas enfrentan diferentes presiones sociales, como la expectativa de casarse y tener hijos, o la discriminación laboral. Ante factores que no pueden controlar, la pérdida de peso se presenta como un elemento que sí pueden controlar, lo que lleva a algunas a llevarlo al extremo.
Esfuerzos gubernamentales y resistencia a la cultura del bajo peso
Los gobiernos japoneses han implementado diversas medidas para contrarrestar el problema del bajo peso, incluyendo la oferta de orientación nutricional a estudiantes. En marzo de 2000, se publicaron las Guías Alimentarias para los Japoneses, que recomiendan mantener un peso adecuado mediante ejercicio y una dieta equilibrada, desaconsejando la pérdida excesiva de peso.
En 2022, el gobierno lanzó una iniciativa que involucra a diversos sectores de la sociedad, reconociendo los problemas nutricionales, incluida la tendencia al bajo peso entre las mujeres jóvenes. Ciudades como Yamato, en la prefectura de Kanagawa, han implementado programas de educación nutricional desde la secundaria hasta la universidad, además de controles médicos mensuales y asesoramiento individualizado para mujeres.
A pesar de estos esfuerzos, Yasuko, representante de Bloom Creative, una agencia de modelos de talla grande en Japón, cree que persisten prejuicios contra las mujeres con cuerpos más grandes. Históricamente, han sido consideradas "menos valiosas" que las mujeres delgadas. Muchas mujeres de talla grande experimentan denigración por parte de sus padres, burlas de amigos o se sienten "invisibles" por la falta de ropa de su talla. Las tallas de ropa en Japón suelen ser significativamente más pequeñas que las occidentales, con sitios web de compras sugiriendo que los occidentales elijan hasta cuatro tallas más grandes.
Yasuko relata un incidente en el transporte público donde un hombre le espetó: "¿Cómo puedes vivir con un cuerpo gordo tan repugnante y erótico? ¿No te avergüenzas de ello?". A pesar de la ofensa, Yasuko prefiere centrarse en combatir los prejuicios a través de su trabajo para las futuras generaciones de mujeres de talla grande en Japón.

Datos históricos y comparativas
El Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón registra anualmente la estatura y el peso promedio de los estudiantes desde 1900. Los datos históricos muestran un aumento en la estatura y el peso promedio de los jóvenes de 17 años a lo largo de las décadas. Por ejemplo, en 1926, el peso promedio de los hombres de 17 años era de 52,5 kg, aumentando a 62,2 kg en 2024. Entre las mujeres, el peso promedio pasó de 48,0 kg en 1926 a 52,5 kg en 2024.
Estos datos reflejan la escasez de alimentos que sufrió Japón tras la Segunda Guerra Mundial. En 1948, el varón medio de 17 años medía 160,6 cm y pesaba 51,7 kg. A pesar de esto, a nivel internacional, Japón se encuentra entre los países con menor índice de obesidad. Según un estudio de 2017 en una revista médica británica, entre países con más de 100 millones de habitantes, los índices de obesidad más altos se dan en Estados Unidos, México, Rusia, Brasil y Egipto.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (2023) del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar indica que la proporción de personas obesas (IMC de 25 o superior) de 20 años o más era del 31,5% en hombres y del 21,1% en mujeres. Sin embargo, la percepción de "no haber obesos como los occidentales" en Japón podría estar relacionada con factores genéticos y evolutivos, como una supuesta diferencia en el desarrollo del páncreas.
Es relevante mencionar la campaña del gobierno japonés contra la obesidad, que incluye la medición de la cintura de ciudadanos entre 40 y 74 años. Los límites establecidos son 85,09 cm para hombres y 90 cm para mujeres, con un IMC ideal de 22.