El kratom, conocido científicamente como Mitragyna speciosa, se ha convertido en un producto herbal de creciente popularidad, a pesar de la limitada información científica disponible sobre su seguridad y eficacia. En Estados Unidos, se estima que casi dos millones de personas lo consumieron en 2021, y su presencia es notable en establecimientos comerciales y plataformas online. En España, el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) lo clasifica como una "nueva sustancia psicoactiva" (NSP), un término que engloba sustancias que imitan los efectos de drogas ilegales y cuyo consumo, especialmente entre los jóvenes, está en aumento.

Origen y Características del Kratom
El kratom procede de las hojas de un árbol asiático, originario de Tailandia, Malasia, Indonesia y Papúa Nueva Guinea, perteneciente a la familia del café. Tradicionalmente, en el Sudeste Asiático, las hojas frescas se han masticado como estimulante suave, y las infusiones se han utilizado como remedio para diversas dolencias, incluyendo el dolor crónico, la diabetes, la diarrea y la abstinencia de opioides. Sin embargo, los productos de kratom disponibles en Occidente, especialmente en Estados Unidos, a menudo presentan una potencia significativamente mayor que los consumidos en su lugar de origen.
En Estados Unidos, el kratom se comercializa principalmente en forma de polvo seco, que se consume preparado en té o en cápsulas. También existen gominolas y dosis de kratom líquido, algunos de ellos de muy alta potencia. Los compuestos químicamente activos más relevantes del kratom son la mitraginina y la 7-hidroximitraginina. La mitraginina actúa sobre los receptores opioides del cerebro, similares a los que afectan opiáceos como la heroína o la morfina. La 7-hidroximitraginina, presente en cantidades muy pequeñas en la planta, tiene efectos opioides aún más potentes. La concentración de estos alcaloides puede variar enormemente entre los distintos productos de kratom, y algunos suplementos pueden estar adulterados con niveles artificialmente elevados de 7-hidroximitraginina, lo que incrementa el potencial de adicción.
Además de su interacción con los receptores opioides, el kratom también se une a los receptores de serotonina, que influyen en el estado de ánimo y la ansiedad, y afecta la liberación de dopamina. Estos sistemas, según los expertos, podrían contribuir a sus efectos analgésicos, aunque el mecanismo exacto de acción conjunta de sus compuestos aún no se comprende completamente.
Efectos del Kratom y Usos Potenciales
El kratom exhibe una dualidad en sus efectos, dependiendo de la dosis. En dosis bajas, actúa como un estimulante, promoviendo la energía y mejorando el estado de ánimo. En dosis más altas, paradójicamente, puede inducir somnolencia y efectos sedantes, similares a los opiáceos.
Los consumidores suelen reportar el uso de kratom para aliviar la ansiedad, la depresión y el dolor crónico. Algunas personas lo utilizan como un sustituto de los opioides recetados o ilícitos, buscando mitigar los síntomas de abstinencia. Investigaciones preliminares y encuestas a usuarios sugieren que el kratom podría ofrecer alivio del dolor a corto plazo y que muchos consumidores lo perciben como una alternativa menos adictiva que los opioides convencionales. Un estudio realizado en Johns Hopkins Medicine, basado en encuestas a usuarios, indicó que el kratom podría ser menos adictivo que los opioides recetados y sugirió la necesidad de investigar sus potenciales aplicaciones terapéuticas.

La American Kratom Association estima que entre 10 y 16 millones de personas en Estados Unidos consumen kratom regularmente. Los defensores de la sustancia argumentan que puede ser una herramienta valiosa para personas que luchan contra la adicción a los opioides, especialmente cuando las opciones de tratamiento convencionales no son accesibles o suficientes. Se señala que el kratom, al ser un estimulante del sistema nervioso central en lugar de un depresor, presenta un riesgo potencialmente menor de muerte en comparación con otros opioides.
Riesgos, Preocupaciones y Estatus Regulatorio
A pesar de los usos reportados, la falta de investigación científica rigurosa es una preocupación central. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) clasifica el kratom como una "droga preocupante", citando la posibilidad de adicción y efectos secundarios adversos graves, incluyendo convulsiones, toxicidad hepática y, en casos raros, la muerte. Otras reacciones adversas pueden manifestarse como somnolencia, confusión, vómitos y taquicardia.
El estatus regulatorio del kratom es ambiguo, ya que no se clasifica como alimento, suplemento dietético o fármaco en muchos lugares, lo que permite su venta a personas de tan solo 13 años en algunos casos. La variabilidad en la potencia y composición de los productos de kratom es otro factor de riesgo significativo. Mientras que las hojas secas en polvo suelen ser menos potentes, los extractos y productos procesados pueden contener concentraciones mucho más altas de compuestos activos. Existe la preocupación de que algunos productos comercializados como kratom sean, en realidad, sustancias sintéticas de 7-hidroximitraginina, acercándose más a productos farmacéuticos y aumentando el riesgo de sobredosis y efectos secundarios negativos.
La FDA también ha advertido sobre la posibilidad de que los productos de kratom no estén etiquetados correctamente, lo que dificulta al consumidor conocer su potencia. Además, al no estar regulado ni probado, el kratom puede estar adulterado con plomo, otros metales pesados o sustancias químicas nocivas.
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En España, el OEDA lo incluye en su informe de 2023 como una de las "nuevas sustancias psicoactivas" que imitan el efecto de drogas ilegales, destacando su creciente conocimiento y consumo entre la población joven. En Estados Unidos, varios estados han implementado legislación para restringir las concentraciones de mitraginina y 7-hidroximitraginina, imponer límites de edad y exigir etiquetado y análisis de los productos.
La Administración para el Control de Drogas de EE. UU. (DEA) ha considerado en el pasado clasificar el kratom como una sustancia controlada, similar a la heroína o el éxtasis, debido a los riesgos de abuso y efectos adversos. Sin embargo, estas propuestas han enfrentado oposición de grupos defensores del kratom, quienes argumentan que su potencial de adicción es menor que el de los opioides y que podría tener aplicaciones médicas. Investigadores como Albert García-Romeu de la Universidad Johns Hopkins sugieren que, en lugar de una prohibición total, se debería investigar y regular el kratom, dada su aparente inocuidad relativa y su potencial como alternativa a los opioides.
Un estudio publicado en Drug and Alcohol Dependence, basado en una encuesta a más de 2.700 usuarios de kratom, sugirió que el riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de sustancias moderado o grave asociado al kratom es bajo (menos del 3% de los encuestados cumplieron los criterios), comparable o incluso inferior al de los opioides recetados. No obstante, la investigación también señaló que aproximadamente el 13% de los participantes cumplieron algunos criterios de trastorno por consumo de sustancias relacionado con el kratom. Los efectos secundarios leves, como estreñimiento o malestar estomacal, fueron reportados por una minoría, y solo un pequeño porcentaje requirió atención médica por efectos secundarios graves, como síntomas de abstinencia.
A pesar de estas observaciones, los expertos recomiendan precaución. Se subraya la importancia de no mezclar el kratom con otras drogas o medicamentos y de consultar a un profesional de la salud antes de su consumo. La falta de estudios clínicos rigurosos sobre sus beneficios terapéuticos, efectos de intoxicación y efectos secundarios adversos dificulta la formulación de políticas y regulaciones basadas en evidencia sólida.