El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes presenta la exposición "Néstor reencontrado", una retrospectiva que rescata la figura del artista canario Néstor Martín-Fernández de la Torre. La muestra exhibe cerca de 200 obras que abarcan diversas disciplinas artísticas, incluyendo pinturas de diferentes estilos, murales, arquitectura y escenografías teatrales.

El objetivo principal de "Néstor reencontrado" es redescubrir la figura del polifacético artista canario Néstor Martín-Fernández de la Torre (1887-1938). A pesar de su relevancia en el contexto del arte español de principios del siglo XX, su obra ha caído en gran medida en el olvido fuera del ámbito insular. La exposición busca contribuir a un mayor conocimiento de su trayectoria, considerada inusual para su época.
Los Primeros Años y la Formación Artística
Néstor nació en el seno de una familia acomodada que fomentaba la tertulia artística y musical. Desde joven, desarrolló una profunda sensibilidad por la creación artística, estímulo que recibió en gran medida de su madre. Fue ella quien gestionó para que el pintor catalán Eliseu Meifrèn i Roig le impartiera clases.
Gracias al empeño de Meifrèn y de su madre, Néstor se trasladó a Madrid en 1901. Allí, ingresó en el estudio de Rafael Hidalgo de Caviedes, donde comenzó a producir retratos y escenas callejeras. En este periodo, también exploró el imaginario simbolista, como se aprecia en su obra "Adagio" (1903).

Su formación artística continuó en Londres a partir de 1904. En la capital británica, Néstor se impregnó de la belleza del arte prerrafaelista, del cromatismo de James McNeill Whistler y de los transgresores dibujos de Aubrey Beardsley. Posteriormente, viajó a París, donde profundizó en el estudio del simbolismo.
Barcelona y la Influencia del Modernismo
En 1907, el joven pintor se estableció en Barcelona, atraído por la deslumbrante arquitectura modernista y los vibrantes círculos artísticos e intelectuales de la ciudad. Participó en tertulias con figuras como Santiago Rusiñol, Ismael Smith y Adrià Gual.
Su obra obtuvo una buena acogida entre los coleccionistas locales, lo que le valió importantes encargos. Entre ellos, destacan los cuatro plafones realizados para el Salón del Tibidabo, inspirados en dos poemas de Jacint Verdaguer. Durante esta etapa, su pintura se caracterizó por un uso vibrante del color, con ecos modernistas, y por la representación de figuras de temática mitológica, como en "Berenice" (1909) o "Hércules prepara la tumba de Pirene" (1908-1909).

Un segundo desencuentro con la crítica tuvo lugar en 1911, a raíz de una exposición en Fayans Català que incluía obras de Ismael Smith, Mariano Andreu y Laura Albéniz, además de trabajos del propio Néstor.
El Proyecto del Palacio del Atlántico y la Etapa Madrileña
Desde 1913, y hasta su muerte, Néstor dedicó gran parte de su trayectoria a un ambicioso proyecto: la construcción del Palacio del Atlántico. En este espacio, pretendía exhibir un programa iconológico de grandes pinturas dedicadas a los cuatro elementos (agua, tierra, aire y fuego), conocido como el "Poema de los elementos".
El estallido de la Primera Guerra Mundial impidió su traslado a París, por lo que, a partir de 1914, Néstor se instaló en Madrid. Durante este periodo, y gracias a su amistad con Federico García Lorca, frecuentó la Residencia de Estudiantes. Allí conoció al futuro compositor Gustavo Durán Martínez, quien sería su pareja durante una década.
Néstor concibió su vida bajo una concepción estética dandi, pero esto no le eximió de la necesidad de independencia económica. Para el mercado, produjo pinturas, dibujos y grabados que representaban el arquetipo de la mujer española ataviada con ropas tradicionales, como la maja o la manola.
El Sátiro como Símbolo y las Alusiones Masónicas
Como muchos artistas, Néstor utilizó figuras o símbolos que transgredían las normas sociales de su época para eludir las restricciones morales. Admirador del arte clásico, la elección del sátiro no fue casual. Esta divinidad campestre, asociada con Dioniso y Pan, transmite una gran fuerza sexual, energía que se percibe en la carnalidad de sus labios, la mirada lasciva y los gestos concupiscentes y fálicos.
El artista dio nombres a estos sátiros -Taoro, Tafir, Tarajal, Tacoronte, Taburiente- y los vinculó al Valle de Hespérides, un lugar mitológico situado en las Islas Canarias. De esta manera, ancló en el imaginario colectivo sus raíces autóctonas. El uso de los sátiros también servía como vehículo para alusiones masónicas.

La Escenografía y la Danza
Tras el éxito de su primera exposición individual en Madrid en 1914, Néstor expandió su creatividad al campo de la escenografía. En 1915, realizó los decorados y el vestuario de "El amor brujo" de Manuel de Falla, distanciándose de los montajes costumbristas de la época.
A partir de entonces, su vínculo con la escenografía y el vestuario se fortaleció. Destaca su colaboración con la bailarina Antonia Mercé, "La Argentina", en la obra "El fandango de candil" (1927), con música de Gustavo Durán Martínez. Esta pieza cosechó un gran éxito en Francia y Alemania.
Los decorados de Néstor revelan una concepción vanguardista y atrevida del espacio escénico, con un uso audaz de la perspectiva en contrapicado y la construcción de volúmenes en diagonal.
AMOR BRUJO, Festival Habibas 2021, Danza la Vida
La Pintura Mural y el "Tipismo" Canario
Néstor edificó su obra con el propósito de vivir en un mundo rodeado de belleza, y la pintura mural fue una de las vías para alcanzar este fin. Sus primeros trabajos de gran formato fueron los plafones para el Salón del Tibidabo (1909). Posteriormente, llevó a cabo los murales del Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria (1925-1928), para los cuales concibió lienzos con una estética clásica y barroca en el frontispicio del escenario.
En el salón Saint-Saëns, desplegó un friso de sensuales putti con gestos procaces que provocaron críticas de los sectores más conservadores de la época.
La trayectoria artística de Néstor es inseparable de Canarias. El mar, su flora y sus criaturas marinas son elementos clave en su obra. A partir de 1934, impulsó diversas actividades bajo el concepto de "tipismo", con las que revalorizó la cultura popular canaria (música, danza, arquitectura, artesanía, indumentaria, deporte, fiestas) y los paisajes isleños, con el fin de fomentar el turismo como fuente de riqueza.

El texto proporcionado también incluye fragmentos extensos sobre la Operación Barbarroja, la invasión alemana de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, y reflexiones sobre la cultura y el teatro de Antonin Artaud, así como información sobre un ciclo de cine en la Universidad de Alicante centrado en la visión del hambre y la falta de alimentos en el cine. Estos fragmentos, si bien interesantes, no están directamente relacionados con la obra de Néstor Martín-Fernández de la Torre y, por lo tanto, no se integran en esta exposición temática.