Maximiliano Kolbe: El Santo que Ofreció su Vida en Auschwitz

Un Mártir de la Fe y un Héroe de la Humanidad

Para la Iglesia Católica, Maximiliano Kolbe es un santo y un mártir de la fe. Para el pueblo judío, es un héroe de la Segunda Guerra Mundial, reconocido por el Estado de Israel como uno de los 25.685 "justos entre las naciones". El papa Juan Pablo II lo describió como "un santo de nuestro difícil siglo". Franciszek Gajowniczek, el sargento del ejército y miembro de la resistencia judía en Polonia a quien Kolbe salvó la vida, repitió hasta el final de sus días que gracias a él se había salvado de ser una víctima del Holocausto.

Se trata del sacerdote católico Maximiliano Maria Kolbe, un franciscano polaco que fue asesinado en el campo de concentración de Auschwitz el 14 de agosto de 1941. Como castigo por una fuga, Gajowniczek fue uno de los prisioneros seleccionados por los nazis para morir de hambre. Kolbe se ofreció voluntario para morir en su lugar, y los nazis aceptaron.

"Él cumplió el precepto cristiano de dar la vida por los que ama", señala el investigador y estudioso de la vida de los santos José Luís Lira. Para el historiador Gerson Leite de Moraes, recordar la trayectoria y muerte de Kolbe tiene una carga ecuménica y política, ya que su memoria es honrada tanto en el catolicismo como en el judaísmo, y su exterminio es un recordatorio de la crueldad de los regímenes autoritarios.

"Muestra cómo las religiones pueden ser víctimas de estos regímenes. Murieron muchos judíos, muchos católicos, muchos protestantes, testigos de Jehová... La muerte de alguien tan importante en el campo de concentración demuestra cómo incluso las religiones que a veces hacen pactos con regímenes totalitarios también pueden ser victimizadas por estos regímenes", añade Moraes, enfatizando que "los regímenes totalitarios no perdonan a nadie" y que la perspectiva nazi implicaba "eliminar al otro".

Retrato del joven Maximiliano Kolbe, con aspecto reflexivo.

Biografía de un Sacerdote Comprometido

Nacido en 1894 en la ciudad polaca de Zduńska Wola, Kolbe fue bautizado como Rajmund. Ingresó en la Orden de los Frailes Menores Conventuales en 1907 y se trasladó a Roma en 1912. Fue allí donde, en 1914, adoptó el nombre religioso de Maximiliano Maria Kolbe. Se licenció en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, pero también profundizó en matemáticas, física, química, varios idiomas y teología.

Fue ordenado sacerdote en 1918. Durante este período, su salud era delicada; un año antes le habían diagnosticado tuberculosis y sufría episodios recurrentes de neumonía. En Italia, junto con otros jóvenes religiosos, fundó el movimiento Milicia de la Inmaculada, con el objetivo de difundir la fe católica a través de la Virgen María mediante la oración y la difusión de una medalla considerada milagrosa.

En 1919, Kolbe regresó a Polonia y se estableció en Cracovia como profesor en el seminario franciscano, al tiempo que impulsaba el movimiento que había ayudado a crear. A pesar de sus continuos problemas de salud, Kolbe fundó la revista Rycerz Niepoklanej (Caballero de la Inmaculada), que llegó a tener tiradas de más de 60.000 ejemplares y se convirtió en "la publicación más grande de Polonia en ese momento", abarcando temas cristianos y noticias generales, según Filipe Domingues, doctor en ciencias sociales.

Maximiliano Kolbe (en el centro) rodeado de otros religiosos en Polonia antes de la ocupación nazi.

En 1927, Kolbe fundó Niepokalanów ("Ciudad de la Inmaculada"), un convento y comunidad religiosa en Teresin, cerca de Varsovia. Tras un período como misionero en Japón en la década de 1930, regresó a Polonia y cofundó una emisora de radio, la Radio Niepokalanów.

La Resistencia Cristiana Bajo la Ocupación Nazi

Cuando la ocupación nazi llegó a Polonia en 1939, Kolbe era un influyente formador de opinión. Su labor como sacerdote y propietario de medios de comunicación, junto con su espíritu crítico y solidario, lo pusieron en el punto de mira de los nazis.

"Con la llegada de los nazis a Polonia, la Iglesia fue perseguida. Era un momento en que la gente miraba a la Iglesia, a los sacerdotes, en busca de orientación, de alguna esperanza en ese período de oscuridad. Y muchos sacerdotes fueron perseguidos", explica Domingues. Polonia contaba con 10.217 sacerdotes, de los cuales 3.646 fueron arrestados y llevados a campos de concentración, y 2.647 fueron asesinados por los nazis.

Muchos sacerdotes albergaban a judíos en sus casas parroquiales, lo que también los convertía en objetivos de la policía nazi. En el caso de Kolbe, se sumaba el agravante de que sus publicaciones disgustaban a los alemanes. "Aunque sabía todo esto, trató muy bien a los soldados nazis. Les dio la medalla milagrosa (de Nuestra Señora), tenía la esperanza de que se pudieran convertir", afirma Domingues. "Quería tocarlos de alguna manera, aunque conocía los riesgos".

Kolbe acogió a muchas personas en Niepokalanów, brindando comida y refugio. Él y otros franciscanos lideraron una iniciativa importante de la resistencia polaca a los nazis. "El padre Kolbe era consciente de que la ideología del nazismo era totalmente contraria a la de Cristo, al cristianismo", señala Domingues. A pesar de los riesgos, Kolbe afirmaba que no le importaba perderlo todo siempre y cuando se salvaran las almas, llevando consigo la imagen de Cristo y la Inmaculada Virgen María.

Franciszek Gajowniczek, el hombre al que Maximiliano Kolbe salvó la vida, junto a su esposa.

La periodista Patricia Treece relata en su libro "Un hombre para los demás: Maximiliano Kolbe, el santo de Auschwitz" la historia de una mujer que consultó a Kolbe sobre si debía ayudar a los judíos perseguidos por los nazis. El sacerdote respondió afirmativamente, argumentando que "todo ser humano es nuestro hermano".

Domingues concluye que, "aunque no hizo nada públicamente que atentara contra la ideología nazi, por el simple hecho de ser cristiano y predicar el mensaje de Cristo, de vivir esto, influir en las personas, llegó a ser visto como un enemigo".

Auschwitz: El Sacrificio Supremo

Tras numerosos interrogatorios, Kolbe fue arrestado por la Gestapo el 17 de febrero de 1941 y encarcelado en Pawiak, Varsovia. El 28 de mayo, junto con otros 320 prisioneros, fue trasladado al campo de concentración de Auschwitz.

"No fue arrestado por ser sacerdote, por ser católico. Era un preso político, porque se le consideraba un formador de opinión, casi como un miembro de la inteligencia de la resistencia polaca, propietario de una publicación, líder espiritual, un símbolo, en cierto modo, de la identidad polaca", contextualiza Domingues.

Fotografía de la plaza del Vaticano, donde muchos asistieron a la beatificación de Kolbe.

Según Treece, Kolbe entró en Auschwitz con una misión de fe, instando a sus compañeros a tener compasión y rezar por los nazis. En esa etapa, el campo de concentración aún no estaba completamente organizado como centro de asesinatos masivos, y la muerte de un prisionero en pocas semanas era común debido a la escasa alimentación, los castigos y el trabajo físico extenuante.

Kolbe recibió el número 16.670. En ese momento, el campo albergaba a unos 8.000 prisioneros, lo que sugería que una gran parte ya no había sobrevivido. Testimonios de supervivientes del Holocausto destacan la resistencia de Kolbe a pesar de su edad (47 años) y su mala salud, agravada por las condiciones del campo, los golpes recibidos por ser sacerdote y los peores servicios asignados. "Los que sobrevivieron a Auschwitz dicen que la única forma en que pudo haber resistido durante tanto tiempo fue por su vida espiritual, por su profunda unión con Dios", señala Domingues.

A pesar de las adversidades, el sacerdote cantaba, rezaba y ofrecía confesión y consejo a quienes lo necesitaban. Hay relatos de que compartía su ración de comida con quienes tenían más hambre. Las comidas en Auschwitz eran escasas, proporcionando menos de la mitad de las calorías necesarias para un trabajador manual.

Además, Kolbe consoló a prisioneros que consideraban el suicidio, convenciéndolos de soportar su sufrimiento. "Algunos sobrevivientes de Auschwitz dijeron que simplemente no se habían matado por el consuelo de las palabras de Kolbe", comenta Domingues.

El Acto de Sacrificio Supremo

En julio de 1941, tras una fuga, el oficial nazi Karl Fritzsch ordenó la ejecución de diez prisioneros al azar como represalia. Serían abandonados en una celda subterránea sin luz, agua ni comida hasta morir.

Cuando Franciszek Gajowniczek, uno de los seleccionados, comenzó a llorar y gritar por su familia, Kolbe se ofreció a morir en su lugar. Este acto excepcional, según testigos, adquirió un tinte milagroso. Kolbe se acercó a Fritzsch y pidió morir en lugar de Gajowniczek. Sorprendentemente, Fritzsch accedió, un hecho inusual que desafió la deshumanización impuesta por los nazis.

Los testigos describieron el momento como milagroso. Gajowniczek expresó su asombro y gratitud ante el sacrificio de un extraño. En la celda de inanición, Kolbe y otros tres compañeros sobrevivieron durante dos semanas. El 14 de agosto de 1941, los nazis les administraron una inyección letal, y sus cuerpos fueron incinerados.

La celda de Maximiliano Kolbe en Auschwitz.

Un Héroe para Dos Religiones

Póstumamente, la figura de Kolbe fue reconocida tanto por judíos como por católicos. En 1971, el papa Pablo VI lo beatificó, y en 1982, el papa Juan Pablo II completó su canonización, incluyéndolo en la lista de santos de la Iglesia católica.

"Jesucristo dijo que 'nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos'. Un fraile católico se ofrece a dar su vida por la de un padre de familia en la misma condición en el campo de concentración, es un acto de amor cristiano que merece ser recordado para siempre", comenta Lira. "Por eso, el testimonio de san Maximiliano Kolbe es uno de los más bellos y nos remonta a la época en que Jesucristo estaba, huma..."

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