Tradicionalmente, los estudios científicos en el ámbito de las ciencias del deporte, así como las planificaciones y programaciones de los entrenamientos, han estado centrados única y exclusivamente en el género masculino. Esta omisión deliberada de las diferencias entre hombres y mujeres ha provocado que existiera una sola manera de entrenar y de interpretar la ciencia. Todavía hay muy pocos estudios que analicen el rendimiento físico y el ciclo menstrual de manera conjunta.

Diferencias Biológicas y Metabólicas entre Géneros
En la infancia, el desarrollo de la edad biológica femenina es más temprano, y en consecuencia, la evolución física experimenta ritmos distintos entre géneros. Las diferencias entre ambos géneros, como el tamaño del corazón y la disposición anatómica, anticipan respuestas distintas al ejercicio. Además, las mujeres se ven expuestas a cambios metabólicos y hormonales significativos a lo largo de su vida.
El Ciclo Menstrual y su Impacto en el Rendimiento
La mujer, durante toda su etapa fértil, sufre una serie de cambios asociados a la menstruación. Estas fluctuaciones, previas, posteriores e incluso sucedidas durante el periodo menstrual, deben ser analizadas para comprender su relación con el ejercicio físico. A la hora de programar entrenamientos, es necesario conocer cómo estos cambios pueden afectar a la intensidad o el volumen de cada sesión.
Fases del Ciclo Menstrual y su Influencia en el Ejercicio
Se pueden distinguir varias fases del ciclo menstrual con implicaciones directas en el rendimiento deportivo:
- Fase postmenstrual (Fase folicular): Corresponde a la primera mitad del ciclo menstrual, durante la cual se incrementan los niveles de estrógeno. El estrógeno mejora la sensibilidad a la insulina y facilita que el músculo utilice mejor la glucosa y los ácidos grasos como fuente de energía. También favorece la producción de energía en las células y protege contra el daño muscular, incrementando la vitalidad y la respuesta al entrenamiento. En esta fase, un leve aumento de testosterona también cumple funciones importantes en la fuerza muscular, la síntesis de proteínas y la sensación de vitalidad. Los niveles de dopamina y serotonina aumentan, mejorando el estado de ánimo y la predisposición al ejercicio, lo que la convierte en un momento ideal para ejercicios de alta intensidad.
- Ovulación: En esta etapa, el estrógeno alcanza su punto más alto y la testosterona experimenta un leve incremento. Muchas mujeres experimentan mayor energía, mejor recuperación muscular y mayor tolerancia al ejercicio de intensidad. Es un momento óptimo para entrenamientos de fuerza y velocidad, ya que los niveles de fuerza están en su punto máximo y la capacidad de recuperación es mayor.
- Fase premenstrual (Fase lútea): Corresponde a la segunda mitad del ciclo menstrual. La progesterona toma protagonismo y modifica la percepción física. Esta hormona eleva ligeramente la temperatura corporal, puede generar más sensación de cansancio y en algunas mujeres disminuir la motivación para entrenar. La progesterona tiene un efecto calmante sobre el sistema nervioso, lo que influye en la percepción de energía y puede aumentar la fatiga. La motivación suele decaer y aparece la fatiga percibida. El cuerpo pasa a utilizar preferentemente grasas como fuente energética y el ejercicio cardiovascular puede sentirse más agotador por el aumento de la temperatura corporal. Se aconseja adaptar la intensidad de los entrenamientos, ya que escuchar al propio cuerpo es clave.
- Semana premenstrual: En la semana previa a la menstruación, los niveles de estrógeno bajan y la inflamación puede aumentar. Se recomienda mantener el hábito sin estresar el sistema nervioso, priorizando ejercicios de movilidad o de menor impacto, ajustando las expectativas a las sensaciones personales.
- Fase menstrual: Durante esta fase, disminuyen los niveles hormonales de progesterona y estrógenos. Aumenta el nivel de glucosa en sangre y disminuye también el peso corporal. En esta fase se pueden mantener las intensidades elevadas pero aumentando los tiempos de recuperación.

Metabolismo de las Grasas y Resistencia Femenina
El metabolismo femenino utiliza más grasas como fuente de energía durante la actividad física, a diferencia del metabolismo masculino. Los hombres, por el contrario, tienden a almacenar grasa alrededor del estómago (grasa visceral) y utilizan más los hidratos de carbono (azúcares) durante el esfuerzo físico intenso. El organismo femenino está optimizado para la gestión eficaz de las grasas y la sensibilidad a la insulina, mientras que el masculino se centra más en la utilización rápida de los azúcares, con una mayor masa muscular. Gracias a su mayor capacidad para oxidar los lípidos, las mujeres suelen ser más resistentes a la fatiga en pruebas de muy larga duración (ultra-trail, largas distancias), ya que agotan sus reservas de glucógeno menos rápidamente que los hombres. Como la sensibilidad a la insulina es generalmente mejor en las mujeres, su organismo procesa mejor los nutrientes después del esfuerzo, lo que puede influir en la velocidad de recuperación muscular.
Un equipo de investigadores estadounidenses ha demostrado que los hombres y las mujeres no consumen energía de la misma manera, debido principalmente a sus hormonas (estrógenos en las mujeres, testosterona en los hombres) y a su genética. Las mujeres están naturalmente programadas para almacenar grasa con mayor facilidad (bajo la piel, sobre todo en caderas y muslos) para satisfacer las necesidades energéticas del embarazo y la lactancia. Utilizan mejor la grasa como combustible y conservan sus reservas de azúcar (glucógeno) durante más tiempo.
Guillaume Millet, investigador especializado en estas cuestiones, sugiere que el metabolismo femenino podría utilizar más eficazmente la grasa como fuente de energía. Él y sus equipos también han comprobado directamente la hipótesis de que las mujeres son más resistentes a la fatiga y al daño muscular. Es posible que las fibras musculares de las mujeres sean más resistentes, o que las fibras musculares especializadas en esfuerzos de larga duración ocupen más espacio en las mujeres que en los hombres, en comparación con las fibras rápidas utilizadas durante el sprint.
Plasticidad y Adaptabilidad Femenina
El cuerpo femenino está biológicamente diseñado para sobrevivir y adaptarse a un estrés fisiológico intenso, como el embarazo, el ayuno o las variaciones hormonales. Se distinguen tres tipos de flexibilidad física: funcional, muscular y articular. En las mujeres, la flexibilidad articular es más importante que en los hombres. La flexibilidad articular, potenciada por la presencia de estrógenos, ayuda tanto al rendimiento como a la recuperación. Sin embargo, esta elasticidad puede aumentar el riesgo de lesiones, sobre todo en las articulaciones. Al mismo tiempo, el tejido adiposo femenino se caracteriza por su capacidad para almacenar o liberar energía, lo que constituye una valiosa reserva en caso de aumento de las necesidades metabólicas, como ocurre durante los esfuerzos extremos o las fluctuaciones de peso.
El Sesgo de la Investigación Científica en el Deporte Femenino
Históricamente, los protocolos de entrenamiento han ignorado las características hormonales y metabólicas específicas de las mujeres por falta de datos suficientes. Aplicar a las mujeres métodos basados en la hipertrofia muscular masculina es un error fisiológico. Sin un conocimiento detallado del ciclo y el uso de la energía, se limita el potencial de las atletas y se aumenta el riesgo de lesiones.
En 2021, solo el 6% de los estudios de medicina deportiva se centraron en las mujeres. La fuerza, la potencia y la explosividad siguen estando a menudo dominadas por los hombres en el deporte. Pero en cuanto se entra en el terreno de la resistencia extrema, la precisión o la capacidad de recuperación, la jerarquía cambia. El deporte de alto nivel ha sido diseñado durante mucho tiempo por y para los hombres, relegando el cuerpo femenino a una versión "reducida" del modelo masculino. Aunque los estudios científicos sobre el deporte femenino siguen siendo minoritarios, se perfila una realidad biológica: mientras que la fuerza explosiva es patrimonio exclusivo de los hombres, la resistencia extrema y la adaptabilidad metabólica son los verdaderos superpoderes de las mujeres.
NAMUD 2025 deja un mensaje contundente: la ciencia del deporte aún se basa principalmente en datos de hombres. Es fundamental que se realicen más estudios que consideren las especificidades femeninas.
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Nutrición y Entrenamiento Adaptado a la Mujer
La nutricionista británica Emma Derbyshire aconseja una dieta específica dependiendo del momento del ciclo menstrual. Para las mujeres jóvenes, una nutrición adecuada es crucial, ya que se encuentran en una fase significativa de crecimiento y desarrollo, con fluctuaciones hormonales a lo largo del ciclo menstrual. Una buena nutrición apoya el rendimiento, la recuperación, la fortaleza ósea, la inmunidad y la confianza.
Nutrientes Clave y Consideraciones Nutricionales
Cuando entrenan, las mujeres requieren nutrientes clave como hierro, calcio, proteínas, vitamina D y ácido fólico, para contribuir al transporte de oxígeno, la reparación muscular, la salud ósea y el metabolismo energético. La hidratación también es vital para la resistencia y la prevención de lesiones.
Factores Esenciales en la Planificación Nutricional
- Estrés por calor y adaptación: El entrenamiento a altas temperaturas puede aumentar el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor. Consumir alimentos que ayudan a refrescarse, como pepinos, sandía y naranjas, es esencial para regular la temperatura corporal, a la vez que aportan hidratación y antioxidantes.
- Recuperación post-entrenamiento: Durante los meses de verano, la recuperación post-entrenamiento debe incluir tanto hidratación como nutrición. Una combinación de carbohidratos de digestión rápida (como un plátano o miel) y proteínas (un batido de proteínas, por ejemplo) es ideal para reponer las reservas de glucógeno y promover la recuperación muscular. Agregar una pizca de sal a la comida posterior al entrenamiento puede ayudar con el equilibrio de electrolitos.
- Ciclo menstrual y nutrición: Las mujeres deben considerar su ciclo menstrual al planificar su dieta y sus rutinas deportivas. Durante la fase lútea (post-ovulación), aumenta la progesterona, lo que puede causar un aumento en el apetito y las necesidades calóricas, especialmente para las atletas. Garantizar una cantidad adecuada de carbohidratos y proteínas durante esta fase puede ayudar a mantener los niveles de energía y reducir los síntomas del síndrome premenstrual.
Alimentos y Bebidas Recomendados para la Recuperación
Para ayudar a las mujeres a recuperarse de manera efectiva después del deporte sin necesidad de usar suplementación extra, se recomiendan estos alimentos y bebidas asequibles y accesibles:
- Zumo de naranja: Rico en vitamina C, mejora la absorción de hierro, fundamental para la energía de las mujeres. Las versiones fortificadas proporcionan vitamina D y calcio para fortalecer los huesos y apoyar la inmunidad. Sus propiedades de hidratación lo hacen ideal después del ejercicio.
- Verduras de hoja verde (espinacas, col rizada, rúcula): Repletas de hierro y ácido fólico, ayudan a la producción de glóbulos rojos y reponen la energía, lo que ayuda a mantener la resistencia.
- Yogur griego: Una opción rica en proteínas perfecta para la reparación muscular. También proporciona calcio y vitamina D (cuando está fortificado), que apoyan la salud y la recuperación ósea.
- Lentejas y garbanzos: Las legumbres son fuentes vegetales de hierro, proteínas y ácido fólico. Son ideales para vegetarianos o flexitarianos que quieren mejorar la fuerza y la resistencia.
- Hidratación con electrolitos (por ejemplo, agua de coco): La rehidratación con bebidas ricas en electrolitos ayuda a restaurar el equilibrio mineral, reducir los calambres musculares y acelerar la recuperación después de una actividad intensa.

Menopausia: Un Nuevo Desafío Metabólico
Con el inicio de la menopausia, los niveles de estrógeno y testosterona descienden de forma sostenida. La caída del estrógeno tiene varios efectos metabólicos: el cuerpo pierde parte de la protección que esta hormona ejercía sobre el músculo y aumenta la tendencia a acumular grasa en la zona abdominal. El metabolismo basal disminuye y crece la propensión a acumular grasa visceral. El estrés y el mal descanso pueden elevar el cortisol, afectando la energía y la recuperación. La caída del estrógeno cambia las reglas del juego en el cuerpo, llevando el metabolismo a volverse menos eficiente para procesar carbohidratos y facilitando la acumulación de grasa abdominal. En esta etapa, se recomienda priorizar el entrenamiento de fuerza para preservar masa muscular y proteger la salud ósea, sumar HIIT (intervalos de alta intensidad) y aumentar el consumo de proteínas.
Un Paradigma para el Entrenamiento Deportivo que Diferencia a Hombres y Mujeres
La fuerza de las mujeres reside en su capacidad para adaptarse a retos que requieren grandes cantidades de energía y, en definitiva, una capacidad de recuperación más dinámica. Las mujeres no son hombres "menos fuertes", sino atletas con una motricidad diferente, optimizada para la duración y la supervivencia. Esta investigación abre interesantes vías para un enfoque "a medida" del rendimiento femenino que aproveche su superioridad en la gestión de la energía y la capacidad de recuperación. Podrían desarrollarse métodos de entrenamiento específicos para mejorar la eficacia.
A pesar de la calidad de los trabajos presentados, un patrón se repitió en casi todas las ponencias: “no hay estudios en mujeres”. Esta afirmación constante evidencia la gran brecha que aún existe en la investigación aplicada al cuerpo femenino.
Adaptación del Entrenamiento y Bienestar Femenino
Las especialistas coinciden en la necesidad de adaptar la rutina de ejercicio al ciclo hormonal y la etapa de la vida. Muchas mujeres encuentran útil adaptar el tipo o la intensidad del entrenamiento según el momento del ciclo. Es importante organizar los entrenamientos aprovechando las semanas de mayor energía para actividades más intensas y reservando los momentos de menor motivación para ejercicios de menor impacto, movilidad o recuperación. Para la menopausia, la recuperación es más lenta, por lo que el descanso y el sueño de calidad son ahora tan importantes como el ejercicio físico.
Consejos para Evitar la Frustración y Mantener el Bienestar
- Aceptar la ciclicidad del cuerpo femenino: Comprender que el organismo de la mujer no responde de forma lineal. La energía, la motivación y la capacidad de recuperación pueden variar a lo largo del ciclo menstrual o la menopausia. Reconocer estos cambios fisiológicos ayuda a ajustar expectativas y reducir la autoexigencia.
- No asociar la falta de motivación solo a la voluntad: La motivación para ejercitarse está influenciada por mecanismos biológicos, no únicamente por la actitud o el esfuerzo personal. Las hormonas y los neurotransmisores regulan la sensación de energía y el deseo de moverse.
- Priorizar la constancia sobre la perfección: Mantener el hábito resulta más efectivo para la salud y el bienestar que buscar un rendimiento uniforme o resultados inmediatos. Adaptar la intensidad y el tipo de actividad según el momento del ciclo o el estado físico contribuye a sostener la regularidad en el tiempo.
- Escuchar al propio cuerpo y ajustar el entrenamiento: Modificar la rutina según las sensaciones, la energía disponible o el nivel de motivación es clave. Si el cuerpo pide descanso, es válido optar por actividades suaves, movilidad o incluso pausar el entrenamiento. La flexibilidad evita el agotamiento y previene lesiones.
- Evitar la culpa y la frustración: No es un fracaso tener días de menor motivación o energía.